lunes, 20 de noviembre de 2017

Nunca es tarde, de Jerónimo Tristante

Editorial: Algaida, 2017
416 páginas
20 €
Ebook: 7.99 €

Argumento:

Isabel Amat descubre, por casualidad, que unos crímenes cometidos cuarenta años atrás tienen muchas similitudes con otros que se están cometiendo en la actualidad en su pueblo, lo que la impulsa a investigar lo sucedido.

Comentario:

La novela no empieza del todo mal: un pueblecito del pirineo aragonés, una aparición en Halloween con tintes sobrenaturales, misterio que se remite a cuarenta y un años atrás, una protagonista, Isabel, en crisis (matrimonial, maternal, personal), que se pone a investigar por su cuenta lo que en un principio parecen exageraciones y coincidencias… Cierto que no es original, aunque se diría una premisa capaz de dar lugar a una historia entretenida y con capacidad de enganchar.

Desafortunadamente, no tardan mucho en aparecer lo que ya son constantes en la obra del autor: incontables repeticiones de información (casi cada capítulo relata la situación personal de Isabel, los motivos de la visita a la hemeroteca, las similitudes entre lo sucedido en el pasado y en la actualidad, que nadie le comentara los crímenes antiguos, clasificación de asesinos en serie, visión remota, imitador, y un largo etcétera), extraños saltos temporales por los cuales es difícil saber cuánto tiempo ha pasado entre cada escena, algunos creando situaciones extrañas e ilógicas, o cambios de tiempo verbal en una misma frase (se supone que la narración es en tercera persona y presente) que dan lugar a equívocos y obligan a releer varias veces algunos pasajes. También hay unas cuantas erratas, frases hechas y dos o tres conatos de cambiar el punto de vista, situado en casi todo momento en la protagonista.

Si bien se podría achacar a inseguridad del autor sobre cómo contar lo que quiere relatar, lo que realmente parece es que se ha publicado un borrador sin revisar como si fuera una novela. La repetición de hechos, detalles e información sugieren que no se ha releído la obra (o no con la debida atención) para decidir dónde incluir cada cosa o cómo hacerlo. Es habitual en las historias de misterio recapitular de vez en cuando la información proporcionada para recordarla a quien haga varios parones de lectura y pueda olvidar detalles de distinta importancia, aunque eso no justifica hacerlo tan a menudo, menos con tan poca gracia y carencia de recursos, sin un mínimo disimulo.

El punto de partida que impulsa a Isabel a investigar (la búsqueda en la hemeroteca del pueblo de noticias sobre la llegada de su familia a El Valle) no es muy creíble, como tampoco lo es el nulo caso que le hace la policía cuando les cuenta sus sospechas, pero a favor de la protagonista (41 años, aburrida, con un marido infiel e hijos que se han ido de casa) cuenta su capacidad para actuar por sí misma, incapaz de rendirse o renunciar a la misión que se ha impuesto, no es un personaje pasivo, aunque a veces haga cosas de forma precipitada o con poca lógica.

El otro protagonista, Enar Olson, profesor de ciencias, noruego, que escribe novelas policíacas traducidas a varios idiomas, traumatizado por un caso que no consiguió resolver, está dotado de varias similitudes con el autor (profesor, novelas adaptadas a serie de TV, pasión por Sherlock Holmes…) que le hacen parecer un alter ego idealizado de este (incluso menciona, de pasada, haber leído, y disfrutado, las historias protagonizadas por Víctor Ros). También practica la visión remota, toque fantástico en una obra en principio realista, cuyo uso oscila entre lo absurdo, lo innecesario (quizá sirve para «resolver» alguna situación sin tomarse muchas molestias)  y lo increíble (no como algo positivo).

Entre los secundarios resaltan algunos de los personajes entrevistados por Isabel y Enar, vecinos, testigos y familiares de las niñas desaparecidas (Brígida Guardiola, Finita Benet, Guillermo Pau, Mohamed, Fedra Hernández), Bernardo (marido de Isabel), Adrián (un amigo), el policía Darío Garrido, o el alcalde Fabregat, algunos mejor dibujados que otros, que cumplen su cometido de hacer avanzar la historia, ser sospechosos…

Curiosamente, por debajo de la multitud de errores formales, se percibe una estructura típica y tópica que sigue, como si se hubiera utilizado una plantilla, los pasos de una novela del género.  Hay dos protagonistas hasta cierto punto poco convencionales, algo de romance, crímenes en el pasado y la actualidad que se saben relacionados, testigos, sospechosos, conversaciones que descartan o ponen en primer plano a uno u otro personaje, pistas que permiten la resolución del caso antes que los protagonistas, confesión y conclusiones.

En resumen, de haber estado bien redactada (revisada) «Nunca es tarde» hubiera podido ser una novela tan sencilla y poco original como entretenida, y a ratos, a pesar de todo, lo es.


Nota: Nunca es tarde es la obra ganadora del XLIX Premio de Novela Ateneo de Sevilla 2017 


**T***



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jueves, 16 de noviembre de 2017

Niebla en Tánger, de Cristina López Barrio

Editorial: Planeta, 2017
320 páginas
20.90 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

Tras un breve encuentro con un hombre que se identifica como Paul Dingle, Flora Gascón, insatisfecha con su vida, viaja a Tánger en su busca, guiada por una novela en la que él aparece como protagonista.

Comentario:

«Niebla en Tánger» es una de esas novelas que intentan aunar varios géneros (misterio, romance, metaliteratura, viaje iniciático y hasta un intento de fantástico) con resultados más o menos satisfactorios.

Una de las primeras cosas que se notan es que se trata de una obra bien redactada, con imágenes personales (nada de «Ojos como platos» y coletillas/frases hechas similares), creativas, en ocasiones poéticas y una estructura que, alternando puntos de vista (Flora en tercera persona y presente, la novela que lee, «Niebla en Tánger» en primera persona y pasado), avanza con seguridad hasta su conclusión.

Quizá se podría objetar que los capítulos de la novela que lee la protagonista (cinco, y un epílogo) están algo abarrotados, con mucha información en poco espacio, partiendo de una narración despaciosa y detallista que se precipita según llega la necesidad de concluir la historia, algo que hubiera quedado más disimulado de haber puesto estos pasajes a modo de fragmentos escogidos en lugar de simular la obra completa.

Entre los personajes destacan ambas narradoras, en especial Flora, quien, buscando a Paul Dingle (el actual, el del pasado, ambos, ¿el mismo?), se busca a sí misma, sumida en una situación insatisfactoria (un matrimonio en busca de descendencia, un trabajo anodino, una madre a quien teme decepcionar) en la que su amante de una noche es una excusa para el cambio.

Marina Ivannova, alter ego de su autora, Bella Nur, contribuye tanto a la trama de crimen y misterio como a la metaliteraria, jugando a la autobiografía, a las identidades (también Flora Gascón utiliza el apellido de su abuela, Linardi, y simula tener un blog literario), a la sutil línea que hay entre la realidad y  la ficción, con repetidas referencias a la obra de Oscar Wilde («El retrato de Dorian Grey», «La decadencia de la mentir») a modo de apoyo a su opinión:

«—Usted conoce a Paul.
Los ojos de Bella Nur se iluminan. 
—Le conocí igual que tú —dice. 
 ¿Bella Nur también fue amante de Paul?, se pregunta Flora. 
—¿Cuándo sucedió?
—Hace muchos años, ya soy una anciana. Además, yo conozco muy bien a mis personajes. 
—Paul también es un hombre de carne y hueso.
—Y un personaje de mi novela. Oscar Wilde tiene un maravilloso libro que se titula La decadencia de la mentira.  ¿Lo conoces?
—He oído hablar de él, pero no lo he leído.
—Bien, pues Wilde afirma, y yo estoy de acuerdo, que el arte, la escritura en este caso, no debe imitar a la vida, sino la vida al arte la mayoría de las veces. Wilde decía que en su época se escribía mal porque los escritores mentían muy poco. La mentira en el arte había caído en el oprobio. Escritores como Zola se aferraban demasiado a la realidad, hacían realismo sin imaginación y no realidad imaginativa. Sin embargo, los personajes de Balzac poseían el vivo colorido de los sueños. El arte, si es verdadero, toma la vida como materia bruta, la recrea, la inventa, la imagina, la sueña, dice Wilde. El artista ha de crear la vida, no copiarla.
—¿Mintió usted entonces en Niebla en Tánger?
—No entiendes nada, querida Flora, yo no mentí, creé vida. Espero que puedas comprenderlo.»

Otros personajes (el marido y la madre quedan pronto desdibujados, una molestia, algo que rechazar, de lo que huir), son Deidé Spinelli, la psicoanalista, por Skipe, de la protagonista, excéntrica, divertida, consejera. Y Armand Cohen, quien acompaña a Flora en su recorrido por Tánger (otro personaje destacado), por el presente y por el pasado, colaborador en la «investigación» que lleva a cabo.

La trama de misterio está bien llevada, aunque la conclusión sea un tanto previsible (en el sentido de lógica, no como algo negativo), si bien puede extrañar que a Flora no se le ocurra hasta bien avanzada la obra la explicación de algo que, por momentos, adquiere tintes fantásticos.

En resumen, «Niebla en Tánger» es una novela bien escrita, que mantiene el interés, y logra conjugar las diversas tramas (misterio, metaliteratura, romance) y su resolución manteniéndose dentro de la lógica y el realismo, sin caer en sorpresas o giros espectaculares que le hubieran restado credibilidad.


Nota: Niebla en Tánger es la novela Finalista del Premio Planeta 2017.


***T***


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lunes, 13 de noviembre de 2017

El fuego invisible, de Javier Sierra

El fuego invisible (Premio Planeta 2017)
Javier Sierra
480 páginas
Planeta

Argumento:

Un profesor medio español medio irlandés, recibe el encargo de ir a España a buscar un curioso libro, pero una vez allí, se ve involucrado en un misterio más intrincando y metafísico, en el que tiene participación una vieja amiga de la familia, la escritora Victoria Goodman, y su extraña secta de colaboradores.

Comentario:

La novela ganadora del último premio Planeta (2017), enmarcada en el género de misterios esotéricos, contiene la mayor parte de las características del bestseller. Se lee fácil, posee un tema que no pasa de moda, atractivo para ciertos públicos, y está salpicada por  dosis de erudición seudohistórica y mitológica. No obstante, hemos de reconocer que, para ser un bestseller, la novela no está mal redactada. Al menos eso se lo han trabajado, así como la revisión, al contrario que el ganador del año pasado, al que se le podían poner muchas más pegas. De este se puede decir que, al menos en ese aspecto, posee una prosa correcta y legible.

El prólogo no me dio muy buena impresión (debido a los diálogos explicativos, con personajes que le hablan a otros de cosas que ya conocen solo para que se entere el lector, de un modo un poco forzado,  y a cierta sensación de repetitividad), sin embargo, a partir de ahí el libro, narrado en primera persona por el profesor protagonista, remonta, y, al menos en los primeros capítulos, obviado el hecho de que la excusa para el viaje a España sea algo tonta, logra despertar el interés y la intriga con una nueva visión del Grial, o medio nueva, que mezcla lo que se conoce tradicionalmente de este mito, con alguna aportación del autor, relacionada con la creatividad humana. Por decirlo de algún modo, se centra en el Grial como concepto metafísico o forma de desarrollo humano espiritual más que como objeto o reliquia mágica.

Sin embargo, hasta casi la mitad, la obra es claramente expositiva o de "presentación", de forma que da la impresión de que ocurren pocas cosas o ninguna o de que se trata de una "aventura estática", donde la gracia está en las teorías e hipótesis expuestas más que en la acción tradicional.

Esta forma de contar puede tener sus adeptos, no lo niego, pero quizás decepcione a los que busquen narrativas más parecidas a la de Dan Brown y sus continuos viajes en busca de los misterios. No digo que no haya aquí movimiento, pero está bastante limitado y centrado en tierras españolas. De todas formas, creo que, aun así, mantiene cierto interés.

A mi modo de ver, la novela decae precisamente cuando termina la presentación y vamos intuyendo que la aventura y su desenlace no van a estar a la altura de la intriga creada, cosa que sucede en efecto. O a mí me ha parecido que el final es bastante flojo, y demasiado fantástico, aunque, a decir verdad, está en la línea de las ideas de los personajes y del propio autor. También en la parte final se vuelve la historia un poco caótica, con muchos elementos mezclados que no combinan bien.

Respecto a los personajes, bueno, se trata de un bestseller, no se pueden pedir peras al olmo... De todos ellos, destacaría a la excéntrica Victoria Goodman. El resto, incluido el protagonista, no merecen mucha mención.

En resumen, una novela bestseller con los temas típicos, prosa correcta, un final decepcionante y no tanta acción como podría esperarse. Tampoco aburre mucho.
 
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lunes, 6 de noviembre de 2017

En estado salvaje, de Charlotte Wood

En estado salvaje
Wild
Charlotte Wood
Traductor: Miguel Temprano García
Editorial Lumen
256 páginas

 
Argumento:

Una joven despierta en unos barracones al que la han conducido junto con otras chicas, ninguna de las cuales sabe por qué está allí. Eso será el inicio de un calvario indescriptible e incomprensible, en el que serán tratadas como esclavas y hasta como animales..

Comentario:

Lo primero que hay que decir es que esta novela no relata una historia realista, sino más bien está contada en clave de fábula, relato simbólico, metafórico o como se le quiera llamar, derivado de la falta de un contexto que permita situar cronológica o geográficamente la acción (bueno, se dice que están en Australia, pero no hay detalles que la vinculen con el país real). Tampoco es que sea una distopía, o más bien, no hay datos suficientes para sacar esa conclusión.

Teniendo en cuenta el carácter simbólico de la historia, queda en segundo plano la verosimilitud de lo que se narra en ella. Es decir, no es nada creíble lo que ocurre, pero porque tampoco creo que sea la intención de la autora. De lo que se trata es de transmitir un mensaje a través del simbolismo.

Obviamente, dicho mensaje es feminista, o en contra de los paradigmas patriarcales, o ese es el propósito. Primero, las protagonistas femeninas, las chicas retenidas contra su voluntad en una especie de campo de concentración en medio del desierto, están sometidas a la autoridad de tres personas, dos de las cuales son hombres, que las tratan como esclavas. Al principio, antes de darme cuenta de que se trataba de metáforas pensaba que todo eso tendría un sentido, y que llegaría algún punto en la novela donde se explicaría qué estaba ocurriendo. Ese momento nunca llega, así que quien lea el libro pensando en desenlaces sorprendentes o revelaciones o intrigas resueltas, más vale que se vaya preparando para la decepción. No solo no se explica nada, sino que además, el final es abierto y ambiguo, interpretable.

Cuando te das cuenta de que todo tiene un simbolismo comienzas a entender que cada chica representa una forma de feminidad oprimida, y que cada uno de los carceleros es una forma masculina de oprimir. También la mujer que colabora con los carceleros, que sería la versión colaboracionista con el "enemigo".

Naturalmente, todo está expuesto con crudeza, con escenas de violencia y sangre, más abundantes conforme avanza la obra y se va degradando la situación inicial en el campo de concentración. Al final, la autora hace variadas reflexiones sobre la feminidad, incluso en su vertiente salvaje, de vinculación con la naturaleza, su esencia casi mitológica de dadora y arrebatadora de vida.

Pero resultan mucho más inquietantes las escenas iniciales, cuando observas que dos hombres armados solo con una porra someten a una decena de jóvenes sin problema alguno, y ellas se dejan, sin plantearse siquiera rebelarse contra ellos, lo cual también puede ser metafórico de la historia de la mujer. De hecho, me da la impresión de que la autora ha querido plasmar precisamente eso, una historia resumida de la opresión de la mujer a lo largo de los siglos, comenzando con la aceptación sumisa de todo, y siguiendo con una cierta rebeldía que el final frustra, pues de nuevo caen las jóvenes de la novela en la sumisión, salvo una que retorna a su esencia "salvaje".

La novela está bien escrita, narrada en presente y algunas partes en pasado (no se sabe por qué este cambio); tiene partes líricas y poca acción a decir verdad; es más un cuento que una novela en sí; hay pocos diálogos, pero como es breve no se hace pesada. Sin embargo, si bien comienza con la intriga de saber qué ocurre, pronto se detecta que la intriga no lleva a ningún lugar concreto. Sobre la mitad, el ritmo se estanca y la novela se hace repetitiva. Los personajes tampoco me parecen en exceso trabajados. Hay muchas chicas pero pocas con personalidad propia detallada.

En resumen, una historia con  una prosa aceptable, incluso poética en algunas partes, escenas desagradables para los amantes de los animales (los conejos, en concreto), con cierta ambición literaria y de mensaje pero que podría no satisfacer a quienes busquen una intriga o una historia realista. A mí, personalmente, no me ha llenado.

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lunes, 30 de octubre de 2017

Parece mentira, de Juan del Val

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
270 páginas
19.90 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

El escritor Claudio Valcárcel relata diversos pasajes de su vida a modo de novela.

Comentario:

Si bien en algunas entrevistas el autor ha comentado que (en la vida real) mantiene un matrimonio abierto con su esposa (Nuria Roca, coautora de varias obras anteriores y a quien dedica esta), en la novela, o autobiografía (el autor no aclara qué partes son reales, o no), no se aborda el tema, aunque sí se habla mucho de mujeres, casi siempre de cuestiones externas como belleza, ropa y cómo se relaciona el protagonista con ellas en términos de sexo e infidelidad (no es capaz de ser fiel a ninguna).

Además de su matrimonio con la exitosa pintora Julia Ferrer (supuesto alter ego de Nuria Roca), cuya relación no es tan morbosa como parecen sugerir las declaraciones de ambos, también se mencionan relaciones con otras mujeres, desde la primera novia hasta la mujer más mayor con la que ha estado, las recurrentes visitas a Elisa, una prostituta, o la sesión de tantra con Elena, aquejada de anorgasmia, en presencia de Irene, su «profesora».

Sin embargo, más interesantes que estos pasajes (supuestamente) morbosos, son relatos como la estancia de Claudio en el manicomio («A los manicomios ya no se los llama así, sino hospitales psiquiátricos o unidades de internamiento. No es importante el nombre, pero yo prefiero llamarlo manicomio porque suena peor.»), las conversaciones con Cosme, el psicólogo al que acude, o la compleja relación con sus progenitores y demás familiares (hermano, hermana y cuñado).

Hay también momentos emotivos, duros, profundos, que en ocasiones pueden resultar crueles por su sinceridad (la mencionada estancia en el manicomio, la pérdida del padre) alternados con anécdotas de la vida laboral de Claudio y su desparpajo para medrar desde llevar una carretilla llena de hormigón en una obra a trabajar en el diario El Independiente como periodista taurino, escribir novelas con seudónimo femenino o, más tarde, sus propias obras.

En lo formal, la historia está bien redactada, en una primera persona cercana y convincente, con capítulos cortos, la mayoría de ellos acabados con el resumen de la conclusión a la que llega el protagonista a partir de la anécdota que cuenta. Mantiene el interés y la «intriga» al aparcar un tema y no recuperarlo hasta varios capítulos después, «resolviendo» las situaciones en varias entregas.

Sin embargo, le falta cohesión, sentido, a lo que se cuenta, y acaba sin una sensación de final, de conclusión, como si no hubiera un motivo para reunir todos esos relatos autobiográficos del protagonista, lo que deja la narración coja, a falta de algo que el autor no ha sabido, o querido, incluir, quizá por cómo admite escribir sus obras:

«Yo escribiendo jamás he sabido dónde quería ir. Es algo que, por lo visto, no es muy frecuente en los autores de novelas, que saben cómo empieza y cómo va a terminar su libro. Yo no sé ni siquiera lo que voy a escribir cada día que me levanto. Empiezo a escribir y, a medida que aprieto teclas, la escritura me va llevando hasta el punto de que yo mismo me sorprendo cuando se me ocurre algún giro argumental.»

En resumen, «Parece mentira» es una novela de lectura fácil y amena, beneficiada por la brevedad de sus capítulos, la ligereza de la narración, un protagonista que, con sus luces y sombras, consigue que se empatice con muchas de las situaciones que narra, aunque no responda del todo a o cómo se la publicita (¿morbo?): «Una novela que  encantará a las lectoras, en la que la sinceridad es ¿absoluta?, y el morbo, incuestionable.»


Citas:

«No tengo el hábito de leer, ni siquiera demasiado interés. No estoy orgulloso de ello, simplemente es la verdad. Cuando me «colé» como un intruso en el periodismo hice el esfuerzo de leerme algunos libros, casi todos de toros, y desde entonces no he llegado a la media de un libro al año y creo que estoy exagerando. Me lo he pensado mucho a la hora de desvelar que soy un escritor que no lee, porque soy consciente de que esto puede molestar a otros colegas y que alguno lo utilizará en mi contra. Y quizás tampoco le guste a buena parte de los lectores, sobre todo a esos que creen que cuanto más se lee, mejor se piensa. A la gente le acompleja no leer, a mí me ha pasado durante mucho tiempo. Pero el caso es que conozco lectores empedernidos que como personas carecen de interés. Es más, las que continuamente explican el mundo a través de referencias literarias me provocan cierto rechazo. Es una manía que reconozco. La lectura es una afición más, una forma de entretenerse como otra cualquiera. Yo veo la tele, escucho mucho la radio y veo películas y series con frecuencia. He visto mucho cine y de todo tipo, salvo de ciencia ficción y de miedo. Ninguno de esos dos géneros me interesa lo más mínimo. Las de ciencia ficción porque me dan igual los meteoritos, que se acabe el mundo, las naves espaciales, que en el futuro vayamos a otros planetas o que seamos capaces de teletransportarnos. Me aburre. Y las de miedo no me gustan por el simple motivo de que me dan miedo… La lectura está sobrevalorada, iba diciendo. Y los escritores, os confieso, son en general gente bastante aburrida. Es una obviedad decir que no todos, pero muchos de los que conozco viven siempre demasiado pendientes de su ego como para tomarse en broma. También están los escritores que interpretan todo el rato el papel de escritores, tan tópicos y previsibles. Impostando una falsa profundidad, representando el papel de seres sensibles, aunque no sean más que unos cursis. Se inspiran bajo la lluvia de París y son tan pedantes que les gusta más Brooklyn que Manhattan. Se los reconoce porque suelen hacerse fotos apoyando su barbilla en dos dedos de su mano engañando a la cámara con una falsa mirada penetrante. Me hacen muchísima gracia.»

***T***



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