lunes, 20 de noviembre de 2017

Nunca es tarde, de Jerónimo Tristante

Editorial: Algaida, 2017
416 páginas
20 €
Ebook: 7.99 €

Argumento:

Isabel Amat descubre, por casualidad, que unos crímenes cometidos cuarenta años atrás tienen muchas similitudes con otros que se están cometiendo en la actualidad en su pueblo, lo que la impulsa a investigar lo sucedido.

Comentario:

La novela no empieza del todo mal: un pueblecito del pirineo aragonés, una aparición en Halloween con tintes sobrenaturales, misterio que se remite a cuarenta y un años atrás, una protagonista, Isabel, en crisis (matrimonial, maternal, personal), que se pone a investigar por su cuenta lo que en un principio parecen exageraciones y coincidencias… Cierto que no es original, aunque se diría una premisa capaz de dar lugar a una historia entretenida y con capacidad de enganchar.

Desafortunadamente, no tardan mucho en aparecer lo que ya son constantes en la obra del autor: incontables repeticiones de información (casi cada capítulo relata la situación personal de Isabel, los motivos de la visita a la hemeroteca, las similitudes entre lo sucedido en el pasado y en la actualidad, que nadie le comentara los crímenes antiguos, clasificación de asesinos en serie, visión remota, imitador, y un largo etcétera), extraños saltos temporales por los cuales es difícil saber cuánto tiempo ha pasado entre cada escena, algunos creando situaciones extrañas e ilógicas, o cambios de tiempo verbal en una misma frase (se supone que la narración es en tercera persona y presente) que dan lugar a equívocos y obligan a releer varias veces algunos pasajes. También hay unas cuantas erratas, frases hechas y dos o tres conatos de cambiar el punto de vista, situado en casi todo momento en la protagonista.

Si bien se podría achacar a inseguridad del autor sobre cómo contar lo que quiere relatar, lo que realmente parece es que se ha publicado un borrador sin revisar como si fuera una novela. La repetición de hechos, detalles e información sugieren que no se ha releído la obra (o no con la debida atención) para decidir dónde incluir cada cosa o cómo hacerlo. Es habitual en las historias de misterio recapitular de vez en cuando la información proporcionada para recordarla a quien haga varios parones de lectura y pueda olvidar detalles de distinta importancia, aunque eso no justifica hacerlo tan a menudo, menos con tan poca gracia y carencia de recursos, sin un mínimo disimulo.

El punto de partida que impulsa a Isabel a investigar (la búsqueda en la hemeroteca del pueblo de noticias sobre la llegada de su familia a El Valle) no es muy creíble, como tampoco lo es el nulo caso que le hace la policía cuando les cuenta sus sospechas, pero a favor de la protagonista (41 años, aburrida, con un marido infiel e hijos que se han ido de casa) cuenta su capacidad para actuar por sí misma, incapaz de rendirse o renunciar a la misión que se ha impuesto, no es un personaje pasivo, aunque a veces haga cosas de forma precipitada o con poca lógica.

El otro protagonista, Enar Olson, profesor de ciencias, noruego, que escribe novelas policíacas traducidas a varios idiomas, traumatizado por un caso que no consiguió resolver, está dotado de varias similitudes con el autor (profesor, novelas adaptadas a serie de TV, pasión por Sherlock Holmes…) que le hacen parecer un alter ego idealizado de este (incluso menciona, de pasada, haber leído, y disfrutado, las historias protagonizadas por Víctor Ros). También practica la visión remota, toque fantástico en una obra en principio realista, cuyo uso oscila entre lo absurdo, lo innecesario (quizá sirve para «resolver» alguna situación sin tomarse muchas molestias)  y lo increíble (no como algo positivo).

Entre los secundarios resaltan algunos de los personajes entrevistados por Isabel y Enar, vecinos, testigos y familiares de las niñas desaparecidas (Brígida Guardiola, Finita Benet, Guillermo Pau, Mohamed, Fedra Hernández), Bernardo (marido de Isabel), Adrián (un amigo), el policía Darío Garrido, o el alcalde Fabregat, algunos mejor dibujados que otros, que cumplen su cometido de hacer avanzar la historia, ser sospechosos…

Curiosamente, por debajo de la multitud de errores formales, se percibe una estructura típica y tópica que sigue, como si se hubiera utilizado una plantilla, los pasos de una novela del género.  Hay dos protagonistas hasta cierto punto poco convencionales, algo de romance, crímenes en el pasado y la actualidad que se saben relacionados, testigos, sospechosos, conversaciones que descartan o ponen en primer plano a uno u otro personaje, pistas que permiten la resolución del caso antes que los protagonistas, confesión y conclusiones.

En resumen, de haber estado bien redactada (revisada) «Nunca es tarde» hubiera podido ser una novela tan sencilla y poco original como entretenida, y a ratos, a pesar de todo, lo es.


Nota: Nunca es tarde es la obra ganadora del XLIX Premio de Novela Ateneo de Sevilla 2017 


**T***



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jueves, 16 de noviembre de 2017

Niebla en Tánger, de Cristina López Barrio

Editorial: Planeta, 2017
320 páginas
20.90 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

Tras un breve encuentro con un hombre que se identifica como Paul Dingle, Flora Gascón, insatisfecha con su vida, viaja a Tánger en su busca, guiada por una novela en la que él aparece como protagonista.

Comentario:

«Niebla en Tánger» es una de esas novelas que intentan aunar varios géneros (misterio, romance, metaliteratura, viaje iniciático y hasta un intento de fantástico) con resultados más o menos satisfactorios.

Una de las primeras cosas que se notan es que se trata de una obra bien redactada, con imágenes personales (nada de «Ojos como platos» y coletillas/frases hechas similares), creativas, en ocasiones poéticas y una estructura que, alternando puntos de vista (Flora en tercera persona y presente, la novela que lee, «Niebla en Tánger» en primera persona y pasado), avanza con seguridad hasta su conclusión.

Quizá se podría objetar que los capítulos de la novela que lee la protagonista (cinco, y un epílogo) están algo abarrotados, con mucha información en poco espacio, partiendo de una narración despaciosa y detallista que se precipita según llega la necesidad de concluir la historia, algo que hubiera quedado más disimulado de haber puesto estos pasajes a modo de fragmentos escogidos en lugar de simular la obra completa.

Entre los personajes destacan ambas narradoras, en especial Flora, quien, buscando a Paul Dingle (el actual, el del pasado, ambos, ¿el mismo?), se busca a sí misma, sumida en una situación insatisfactoria (un matrimonio en busca de descendencia, un trabajo anodino, una madre a quien teme decepcionar) en la que su amante de una noche es una excusa para el cambio.

Marina Ivannova, alter ego de su autora, Bella Nur, contribuye tanto a la trama de crimen y misterio como a la metaliteraria, jugando a la autobiografía, a las identidades (también Flora Gascón utiliza el apellido de su abuela, Linardi, y simula tener un blog literario), a la sutil línea que hay entre la realidad y  la ficción, con repetidas referencias a la obra de Oscar Wilde («El retrato de Dorian Grey», «La decadencia de la mentir») a modo de apoyo a su opinión:

«—Usted conoce a Paul.
Los ojos de Bella Nur se iluminan. 
—Le conocí igual que tú —dice. 
 ¿Bella Nur también fue amante de Paul?, se pregunta Flora. 
—¿Cuándo sucedió?
—Hace muchos años, ya soy una anciana. Además, yo conozco muy bien a mis personajes. 
—Paul también es un hombre de carne y hueso.
—Y un personaje de mi novela. Oscar Wilde tiene un maravilloso libro que se titula La decadencia de la mentira.  ¿Lo conoces?
—He oído hablar de él, pero no lo he leído.
—Bien, pues Wilde afirma, y yo estoy de acuerdo, que el arte, la escritura en este caso, no debe imitar a la vida, sino la vida al arte la mayoría de las veces. Wilde decía que en su época se escribía mal porque los escritores mentían muy poco. La mentira en el arte había caído en el oprobio. Escritores como Zola se aferraban demasiado a la realidad, hacían realismo sin imaginación y no realidad imaginativa. Sin embargo, los personajes de Balzac poseían el vivo colorido de los sueños. El arte, si es verdadero, toma la vida como materia bruta, la recrea, la inventa, la imagina, la sueña, dice Wilde. El artista ha de crear la vida, no copiarla.
—¿Mintió usted entonces en Niebla en Tánger?
—No entiendes nada, querida Flora, yo no mentí, creé vida. Espero que puedas comprenderlo.»

Otros personajes (el marido y la madre quedan pronto desdibujados, una molestia, algo que rechazar, de lo que huir), son Deidé Spinelli, la psicoanalista, por Skipe, de la protagonista, excéntrica, divertida, consejera. Y Armand Cohen, quien acompaña a Flora en su recorrido por Tánger (otro personaje destacado), por el presente y por el pasado, colaborador en la «investigación» que lleva a cabo.

La trama de misterio está bien llevada, aunque la conclusión sea un tanto previsible (en el sentido de lógica, no como algo negativo), si bien puede extrañar que a Flora no se le ocurra hasta bien avanzada la obra la explicación de algo que, por momentos, adquiere tintes fantásticos.

En resumen, «Niebla en Tánger» es una novela bien escrita, que mantiene el interés, y logra conjugar las diversas tramas (misterio, metaliteratura, romance) y su resolución manteniéndose dentro de la lógica y el realismo, sin caer en sorpresas o giros espectaculares que le hubieran restado credibilidad.


Nota: Niebla en Tánger es la novela Finalista del Premio Planeta 2017.


***T***


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lunes, 13 de noviembre de 2017

El fuego invisible, de Javier Sierra

El fuego invisible (Premio Planeta 2017)
Javier Sierra
480 páginas
Planeta

Argumento:

Un profesor medio español medio irlandés, recibe el encargo de ir a España a buscar un curioso libro, pero una vez allí, se ve involucrado en un misterio más intrincando y metafísico, en el que tiene participación una vieja amiga de la familia, la escritora Victoria Goodman, y su extraña secta de colaboradores.

Comentario:

La novela ganadora del último premio Planeta (2017), enmarcada en el género de misterios esotéricos, contiene la mayor parte de las características del bestseller. Se lee fácil, posee un tema que no pasa de moda, atractivo para ciertos públicos, y está salpicada por  dosis de erudición seudohistórica y mitológica. No obstante, hemos de reconocer que, para ser un bestseller, la novela no está mal redactada. Al menos eso se lo han trabajado, así como la revisión, al contrario que el ganador del año pasado, al que se le podían poner muchas más pegas. De este se puede decir que, al menos en ese aspecto, posee una prosa correcta y legible.

El prólogo no me dio muy buena impresión (debido a los diálogos explicativos, con personajes que le hablan a otros de cosas que ya conocen solo para que se entere el lector, de un modo un poco forzado,  y a cierta sensación de repetitividad), sin embargo, a partir de ahí el libro, narrado en primera persona por el profesor protagonista, remonta, y, al menos en los primeros capítulos, obviado el hecho de que la excusa para el viaje a España sea algo tonta, logra despertar el interés y la intriga con una nueva visión del Grial, o medio nueva, que mezcla lo que se conoce tradicionalmente de este mito, con alguna aportación del autor, relacionada con la creatividad humana. Por decirlo de algún modo, se centra en el Grial como concepto metafísico o forma de desarrollo humano espiritual más que como objeto o reliquia mágica.

Sin embargo, hasta casi la mitad, la obra es claramente expositiva o de "presentación", de forma que da la impresión de que ocurren pocas cosas o ninguna o de que se trata de una "aventura estática", donde la gracia está en las teorías e hipótesis expuestas más que en la acción tradicional.

Esta forma de contar puede tener sus adeptos, no lo niego, pero quizás decepcione a los que busquen narrativas más parecidas a la de Dan Brown y sus continuos viajes en busca de los misterios. No digo que no haya aquí movimiento, pero está bastante limitado y centrado en tierras españolas. De todas formas, creo que, aun así, mantiene cierto interés.

A mi modo de ver, la novela decae precisamente cuando termina la presentación y vamos intuyendo que la aventura y su desenlace no van a estar a la altura de la intriga creada, cosa que sucede en efecto. O a mí me ha parecido que el final es bastante flojo, y demasiado fantástico, aunque, a decir verdad, está en la línea de las ideas de los personajes y del propio autor. También en la parte final se vuelve la historia un poco caótica, con muchos elementos mezclados que no combinan bien.

Respecto a los personajes, bueno, se trata de un bestseller, no se pueden pedir peras al olmo... De todos ellos, destacaría a la excéntrica Victoria Goodman. El resto, incluido el protagonista, no merecen mucha mención.

En resumen, una novela bestseller con los temas típicos, prosa correcta, un final decepcionante y no tanta acción como podría esperarse. Tampoco aburre mucho.
 
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lunes, 6 de noviembre de 2017

En estado salvaje, de Charlotte Wood

En estado salvaje
Wild
Charlotte Wood
Traductor: Miguel Temprano García
Editorial Lumen
256 páginas

 
Argumento:

Una joven despierta en unos barracones al que la han conducido junto con otras chicas, ninguna de las cuales sabe por qué está allí. Eso será el inicio de un calvario indescriptible e incomprensible, en el que serán tratadas como esclavas y hasta como animales..

Comentario:

Lo primero que hay que decir es que esta novela no relata una historia realista, sino más bien está contada en clave de fábula, relato simbólico, metafórico o como se le quiera llamar, derivado de la falta de un contexto que permita situar cronológica o geográficamente la acción (bueno, se dice que están en Australia, pero no hay detalles que la vinculen con el país real). Tampoco es que sea una distopía, o más bien, no hay datos suficientes para sacar esa conclusión.

Teniendo en cuenta el carácter simbólico de la historia, queda en segundo plano la verosimilitud de lo que se narra en ella. Es decir, no es nada creíble lo que ocurre, pero porque tampoco creo que sea la intención de la autora. De lo que se trata es de transmitir un mensaje a través del simbolismo.

Obviamente, dicho mensaje es feminista, o en contra de los paradigmas patriarcales, o ese es el propósito. Primero, las protagonistas femeninas, las chicas retenidas contra su voluntad en una especie de campo de concentración en medio del desierto, están sometidas a la autoridad de tres personas, dos de las cuales son hombres, que las tratan como esclavas. Al principio, antes de darme cuenta de que se trataba de metáforas pensaba que todo eso tendría un sentido, y que llegaría algún punto en la novela donde se explicaría qué estaba ocurriendo. Ese momento nunca llega, así que quien lea el libro pensando en desenlaces sorprendentes o revelaciones o intrigas resueltas, más vale que se vaya preparando para la decepción. No solo no se explica nada, sino que además, el final es abierto y ambiguo, interpretable.

Cuando te das cuenta de que todo tiene un simbolismo comienzas a entender que cada chica representa una forma de feminidad oprimida, y que cada uno de los carceleros es una forma masculina de oprimir. También la mujer que colabora con los carceleros, que sería la versión colaboracionista con el "enemigo".

Naturalmente, todo está expuesto con crudeza, con escenas de violencia y sangre, más abundantes conforme avanza la obra y se va degradando la situación inicial en el campo de concentración. Al final, la autora hace variadas reflexiones sobre la feminidad, incluso en su vertiente salvaje, de vinculación con la naturaleza, su esencia casi mitológica de dadora y arrebatadora de vida.

Pero resultan mucho más inquietantes las escenas iniciales, cuando observas que dos hombres armados solo con una porra someten a una decena de jóvenes sin problema alguno, y ellas se dejan, sin plantearse siquiera rebelarse contra ellos, lo cual también puede ser metafórico de la historia de la mujer. De hecho, me da la impresión de que la autora ha querido plasmar precisamente eso, una historia resumida de la opresión de la mujer a lo largo de los siglos, comenzando con la aceptación sumisa de todo, y siguiendo con una cierta rebeldía que el final frustra, pues de nuevo caen las jóvenes de la novela en la sumisión, salvo una que retorna a su esencia "salvaje".

La novela está bien escrita, narrada en presente y algunas partes en pasado (no se sabe por qué este cambio); tiene partes líricas y poca acción a decir verdad; es más un cuento que una novela en sí; hay pocos diálogos, pero como es breve no se hace pesada. Sin embargo, si bien comienza con la intriga de saber qué ocurre, pronto se detecta que la intriga no lleva a ningún lugar concreto. Sobre la mitad, el ritmo se estanca y la novela se hace repetitiva. Los personajes tampoco me parecen en exceso trabajados. Hay muchas chicas pero pocas con personalidad propia detallada.

En resumen, una historia con  una prosa aceptable, incluso poética en algunas partes, escenas desagradables para los amantes de los animales (los conejos, en concreto), con cierta ambición literaria y de mensaje pero que podría no satisfacer a quienes busquen una intriga o una historia realista. A mí, personalmente, no me ha llenado.

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lunes, 30 de octubre de 2017

Parece mentira, de Juan del Val

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
270 páginas
19.90 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

El escritor Claudio Valcárcel relata diversos pasajes de su vida a modo de novela.

Comentario:

Si bien en algunas entrevistas el autor ha comentado que (en la vida real) mantiene un matrimonio abierto con su esposa (Nuria Roca, coautora de varias obras anteriores y a quien dedica esta), en la novela, o autobiografía (el autor no aclara qué partes son reales, o no), no se aborda el tema, aunque sí se habla mucho de mujeres, casi siempre de cuestiones externas como belleza, ropa y cómo se relaciona el protagonista con ellas en términos de sexo e infidelidad (no es capaz de ser fiel a ninguna).

Además de su matrimonio con la exitosa pintora Julia Ferrer (supuesto alter ego de Nuria Roca), cuya relación no es tan morbosa como parecen sugerir las declaraciones de ambos, también se mencionan relaciones con otras mujeres, desde la primera novia hasta la mujer más mayor con la que ha estado, las recurrentes visitas a Elisa, una prostituta, o la sesión de tantra con Elena, aquejada de anorgasmia, en presencia de Irene, su «profesora».

Sin embargo, más interesantes que estos pasajes (supuestamente) morbosos, son relatos como la estancia de Claudio en el manicomio («A los manicomios ya no se los llama así, sino hospitales psiquiátricos o unidades de internamiento. No es importante el nombre, pero yo prefiero llamarlo manicomio porque suena peor.»), las conversaciones con Cosme, el psicólogo al que acude, o la compleja relación con sus progenitores y demás familiares (hermano, hermana y cuñado).

Hay también momentos emotivos, duros, profundos, que en ocasiones pueden resultar crueles por su sinceridad (la mencionada estancia en el manicomio, la pérdida del padre) alternados con anécdotas de la vida laboral de Claudio y su desparpajo para medrar desde llevar una carretilla llena de hormigón en una obra a trabajar en el diario El Independiente como periodista taurino, escribir novelas con seudónimo femenino o, más tarde, sus propias obras.

En lo formal, la historia está bien redactada, en una primera persona cercana y convincente, con capítulos cortos, la mayoría de ellos acabados con el resumen de la conclusión a la que llega el protagonista a partir de la anécdota que cuenta. Mantiene el interés y la «intriga» al aparcar un tema y no recuperarlo hasta varios capítulos después, «resolviendo» las situaciones en varias entregas.

Sin embargo, le falta cohesión, sentido, a lo que se cuenta, y acaba sin una sensación de final, de conclusión, como si no hubiera un motivo para reunir todos esos relatos autobiográficos del protagonista, lo que deja la narración coja, a falta de algo que el autor no ha sabido, o querido, incluir, quizá por cómo admite escribir sus obras:

«Yo escribiendo jamás he sabido dónde quería ir. Es algo que, por lo visto, no es muy frecuente en los autores de novelas, que saben cómo empieza y cómo va a terminar su libro. Yo no sé ni siquiera lo que voy a escribir cada día que me levanto. Empiezo a escribir y, a medida que aprieto teclas, la escritura me va llevando hasta el punto de que yo mismo me sorprendo cuando se me ocurre algún giro argumental.»

En resumen, «Parece mentira» es una novela de lectura fácil y amena, beneficiada por la brevedad de sus capítulos, la ligereza de la narración, un protagonista que, con sus luces y sombras, consigue que se empatice con muchas de las situaciones que narra, aunque no responda del todo a o cómo se la publicita (¿morbo?): «Una novela que  encantará a las lectoras, en la que la sinceridad es ¿absoluta?, y el morbo, incuestionable.»


Citas:

«No tengo el hábito de leer, ni siquiera demasiado interés. No estoy orgulloso de ello, simplemente es la verdad. Cuando me «colé» como un intruso en el periodismo hice el esfuerzo de leerme algunos libros, casi todos de toros, y desde entonces no he llegado a la media de un libro al año y creo que estoy exagerando. Me lo he pensado mucho a la hora de desvelar que soy un escritor que no lee, porque soy consciente de que esto puede molestar a otros colegas y que alguno lo utilizará en mi contra. Y quizás tampoco le guste a buena parte de los lectores, sobre todo a esos que creen que cuanto más se lee, mejor se piensa. A la gente le acompleja no leer, a mí me ha pasado durante mucho tiempo. Pero el caso es que conozco lectores empedernidos que como personas carecen de interés. Es más, las que continuamente explican el mundo a través de referencias literarias me provocan cierto rechazo. Es una manía que reconozco. La lectura es una afición más, una forma de entretenerse como otra cualquiera. Yo veo la tele, escucho mucho la radio y veo películas y series con frecuencia. He visto mucho cine y de todo tipo, salvo de ciencia ficción y de miedo. Ninguno de esos dos géneros me interesa lo más mínimo. Las de ciencia ficción porque me dan igual los meteoritos, que se acabe el mundo, las naves espaciales, que en el futuro vayamos a otros planetas o que seamos capaces de teletransportarnos. Me aburre. Y las de miedo no me gustan por el simple motivo de que me dan miedo… La lectura está sobrevalorada, iba diciendo. Y los escritores, os confieso, son en general gente bastante aburrida. Es una obviedad decir que no todos, pero muchos de los que conozco viven siempre demasiado pendientes de su ego como para tomarse en broma. También están los escritores que interpretan todo el rato el papel de escritores, tan tópicos y previsibles. Impostando una falsa profundidad, representando el papel de seres sensibles, aunque no sean más que unos cursis. Se inspiran bajo la lluvia de París y son tan pedantes que les gusta más Brooklyn que Manhattan. Se los reconoce porque suelen hacerse fotos apoyando su barbilla en dos dedos de su mano engañando a la cámara con una falsa mirada penetrante. Me hacen muchísima gracia.»

***T***



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lunes, 23 de octubre de 2017

Eva (Falcó 2), de Arturo Pérez-Reverte

Eva 
Arturo Pérez-Reverte
296 páginas
Editorial Alfaguara

Argumento:

El espía Lorenzo Falcó tiene una nueva misión. En este caso, hacerse con el oro depositado en cierto barco republicano en Tánger. Hasta allí se desplazará para enfrentarse a los rojos, entre los cuales está su vieja amiga-enemiga Eva Neretva.

Comentario:

La segunda entrega de las aventuras de Lorenzo Falcó nos ofrece más de lo mismo, aunque, a mi modo de ver, es ligeramente mejor que la primera. Continuamos con el protagonismo absoluto del paradigma del héroe revertiano, hombre sin más ley que la suya, implacable, macho hasta los tuétanos, duro, con un peculiar código de honor de respeto al enemigo, mujeriego, aventurero, desarraigado... 

Lo más destacable es la ambientación y algún detalle de documentación, que el autor introduce bien en la historia. A veces se trata de eso, detallitos, pero que demuestran un trabajo de investigación detrás de la escritura. Esta, por cierto, está bastante en consonancia con la temática de la obra, con una prosa dura, de frases cortantes, lapidarias, limpia y más trabajada de lo que parece a simple vista. Los diálogos, en la línea de los de la anterior novela, pretenden ser ingeniosos, aunque algunos de ello son superfluos y otros rozan lo pedante. Con todo, me han parecido mejores que los de la primera aventura.

El ritmo es bueno, adecuado; aunque diría que la historia en sí es escasa. Muchas de las escenas están solo para caracterización del personaje de Falcó, omnipresente y ubicuo, no para hacer avanzar la acción o el conflicto, que en este caso se resume en saber si cierto barco republicano logrará escapar de un barco nacional durante la guerra civil, en el marco de la ciudad de Tánger (aunque se intuye el final).

Como dije antes, la ambientación, tanto en descripción de lugares como de las ideas está bien lograda, pese al airecillo que desprende a película de espías de los años cuarenta. La estructura es muy cinematográfica, al estilo clásico. 

Entre las cosas que no me han gustado, por sobrantes, la obsesión del autor en mostrar al personaje en un montón de lances amorosos/sexuales para dejar bien clara su cualidad de macho irresistible, seductor, pero caballero a fin de cuentas... Si estas relaciones aportaran algo a la historia podrían encajar, pero la gran mayoría son innecesarias. En una novela de  trescientas páginas se tira mínimo a cuatro mujeres distintas, y repito, casi siempre sin relación con la trama. Prácticamente todas las mujeres que aparecen están sexualizadas y son o han sido amantes del protagonista.

A este respecto, también sobran las escenas iniciales de presentación, donde vemos el conflicto de celos entre Falcó y el marido de Chesca, una de sus amantes, que luego no aparece más ni tiene nada que ver (a no ser que esto se recupere para otras entregas). 

Ni que decir que Falcó es el único personaje con cierto fondo, aunque el autor repite sus tres o cuatro características varias veces en forma de pensamientos (o a través de sus tics, sus marcas de cigarrillos y otros objetos, etc), de forma que llega a ser un poco repetitivo (y sin cambio real). 

Es curioso que el personaje de Eva, que da nombre a la historia, apenas aparece, y es descrito con frialdad, como todo lo demás, limitándose a ejercer el rol de interés romántico y rival en una especie de relación sadomasoquista con Falcó donde no faltan reproches políticos e ideológicos. Yo esta relación no la comprendo, pero seguro que tiene su romanticismo.

Algunas escenas de acción me han resultado muy confusas, como una de casi el final, un tiroteo, donde no se sabe muy bien qué pasa. 

El autor, a través de su personaje, hace algunas reflexiones acerca del sin sentido de las ideologías que llevan a matarse entre hermanos, y resalta la unión de los españoles, a pesar de sus rencillas. Naturalmente, también alaba el honor y los buenos valores clásicos, los de los caballeros y tal.

En resumen, una novela que mejora a su antecesora, ambientada en un lugar exótico y literario como Tánger, más destacable por el envoltorio que por el interés de la acción o por la enjundia de sus ideas, entretenida, ligera, aunque quizás algo manierista y artificiosa, como buena película de cine clásico, llena de humo, hombres "de verdad" y femmes fatales.


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lunes, 9 de octubre de 2017

Origen, de Dan Brown

Origen
Origin
Dan Brown
Traductor: Aleix Montoto
Editorial Planeta
640 páginas

Argumento:

El profesor Langdon es invitado por un ex alumno suyo a una presentación en el museo Guggenheim de Bilbao, durante la cual desvelará un secreto que cambiará el mundo y mandará a la porra a todas las religiones (básicamente, lo mismo de todas las novelas de Dan Brown).

Comentario:

Lo primero que he de decir de esta novela es que se trata sin duda de la peor del autor, al menos para mi gusto. No solo el argumento carece de atractivo sino también la trama es débil y casi una tomadura de pelo.

Creo que Dan Brown tiene un problema no resuelto con la religión, ya que prácticamente todas sus novelas  tratan de lo mismo: alguien descubre algo que puede poner en duda los dogmas religiosos establecidos. Sin embargo, después de revelarse el misterio nunca pasa nada de lo que todos temen. En relación con esto, llama la atención que el profesor Langdon parece no recordar nunca sus anteriores aventuras y las consecuencias que de ellas se derivan (el final de "Inferno",  por ejemplo. Quien lo haya leído sabe a qué me refiero...).

Langdon resetea al final de cada libro, así como su mundo imaginario. Teniendo en cuenta que ese es un personaje de cartón piedra dentro de un bestseller, esto podría casi obviarse, pero llama la atención y pone demasiado al descubierto el carácter artificioso de la narrativa. Casi risibles a estas alturas  las interrupciones de la acción cuando se está a punto de "revelar" el misterio, cosa que siempre se pospone (y, además, algunos personajes se guardan información de manera obvia, burlándose del lector en la cara).

Destaco la cantidad de escenas sobrantes que hay en la novela, que derivan de subtramas desconectadas entre sí y que bien podrían eliminarse sin afectar casi a la historia. Bueno, digo historia por decir, ya que esta es muy tenue y difusa y se podría resumir en: un hombre parecido a Steve Jobs quiere acabar con las religiones con un vídeo, pero un grupo de fanáticos religiosos lo quiere impedir. Y al lado, la intriga palaciega-culebrón de una corona española bastante irreal, sin relación apenas con lo primero y que sirve para meter la parte "ideológica" de la novela. Todo lo demás, secta de clérigos de todas las religiones, secta de ultras católicos del Palmar de Troya, historia del almirante Ávila... sobra. Y no exagero, no, sobra literalmente.

Las escenas, además, se alargan hasta la extenuación, con la creación y explotación de un único misterio, en localizaciones "emblemáticas" meramente decorativas, pero que se ve a leguas se indican solo para cuando haya que hacer la película y esta quede lucida.

Así pues vamos pasando por lugares como la abadía de Montserrat, el museo Guggenheim, el Palacio Real de Madrid, la Catedral de la Almudena, el Valle de los Caídos, el Escorial, la Sagrada Familia, la Casa Milá, etc, etc... Pero el autor no logra sacar el menor partido de estos monumentos. Dejando aparte la descripción del museo Guggenheim, que es algo más "literaria", el resto se despacha con una introducción al inicio de capítulo que parece extraída de un folleto turístico o de la wikipedia mismamente, auténticos copia-pegas. Por cierto, casi un tercio de la novela se la pasan en el Museo Guggenheim de Bilbao. ¡Increíble! Y más teniendo en cuenta que ahí solo acontece un punto de giro relevante.

Algunas de las características de las novelas de Dan Brown están o ausentes o diluidas en esta obra. Por ejemplo, la acción brilla por su ausencia, así como la famosa resolución de enigmas o interpretación de simbolismos (debe de haber como mucho, uno o dos enigmas). Es decir, incluso las señas de identidad más danbrownianas se han perdido por el camino en esta anodina historia que supuestamente trata del conflicto entre religión y ciencia. Qué mala manera de tratar un tema interesante. Lo que podría haber sido profundo se convierte en una tontería insulsa en la cual incluso la gran revelación que va  a terminar con todas las creencias religiosas es algo conocido y que en verdad no afecta en nada a quien sea creyente. Dan Brown debe de creer que sus lectores son tontos e incultos. Y curiosamente, lo único que de veras sería impactante para el mundo de su novela, la existencia de una inteligencia artificial con plena autonomía, es considerado como un adorno.

Los personajes, Langdon incluido, son meros nombres, instrumentos vacíos de alma y contenido, monigotes que hacen cosas sin motivación solo porque el dios Dan así lo quiere. Ni siquiera les acosa el peligro; actúan porque sí y del modo más absurdo posible. Volviendo a Langdon, supuesto protagonista de la obra... es que aparece poco y carece de personalidad. Dan Brown pone tantos personajes con punto de vista que parece una novela coral. Hasta el conductor de Uber tiene punto de vista. Y casi todos son prescindibles, por supuesto. ¿Para qué es necesaria la presencia de Ambra Vidal como compañera de aventuras de Langdon? ¿Solo para que en la peli haya una mujer "hermosa"? Mención aparte para el personaje del "sicario" de turno, que en este libro es un almirante (vestido de almirante) que mata con un rosario convertible en pistola y hecho con  una impresora 3D, de ideología carlista (¡canta la Marcha de Oriamendi!), y que actúa a las órdenes del antipapa del Palmar de Troya, todo muy lógico y creíble.

El retrato de la monarquía española pertenece a un mundo paralelo sin duda. Si Dan B. fuera español entendería que es IMPOSIBLE que el príncipe heredero pida la mano de su prometida puesto de rodillas en un programa de entrevistas matutino en la televisión. También entendería que España no es un país tan anticuado como refleja en su obra, dominado por la religión y el franquismo (bueno, esto último podría conservar sus reductos, pero lo del carlismo, eso sí que es fuerte), y que a los reyes los protegen los policías y otros cuerpos de seguridad y no la Guardia Real.

Con todo, los inquietantes comentarios sobre el franquismo, el Valle de los Caídos y la transición española son lo único interesante o llamativo de esta novela. Es un poco penoso que la imagen de España en el extranjero sea la que se ve en el libro. Pero también es verdad que plantea debates que en España resultarían "problemáticos", como qué destino darle al Valle de los Caídos. Dan nos aporta una solución "conciliadora"...

En resumen, una novela sin historia, con una premisa usada y una resolución de misterio muy pobre y anticlimática, personajes huecos, subtramas sobrantes y escenas infladas para hacer bulto... Solo para fans muuuuuuuy devotos de D.B. (muy devotos, pero mucho).

 Fragmentos escogidos:

Durante siglos, el legado de los Reyes Católicos había supuesto el centro moral de España. En los últimos años, sin embargo, esos cimientos religiosos parecían estar agrietándose y España se encontraba en medio de un violento tira y afloja entre lo antiguo y lo moderno.

El compromiso matrimonial del príncipe con Ambra Vidal no había hecho sino alimentar su preocupación. Esta mujer no sólo era vasca sino que además era una agnóstica declarada y, cuando fuera reina consorte de España, sin duda tendría influencia en las decisiones que tomara el rey en cuestiones de Iglesia y Estado.

 Además de sufrir una brecha religiosa cada vez más profunda, España se encontraba asimismo ante una disyuntiva política. ¿Mantendría el país su monarquía o sería ésta abolida para siempre como en Austria, Hungría y tantos otros países europeos? Sólo el tiempo podría decirlo. En la calle, los antiguos tradicionalistas ondeaban banderas de España, mientras que los jóvenes progresistas llevaban con orgullo los colores púrpura, amarillo y rojo de la vieja bandera republicana. «Julián va a heredar un polvorín.»

 «¡Apostasía!» se había convertido en el grito de guerra de la juventud progresista española. «¡Renunciad a la Iglesia!»
Cruel, violento e intransigente, Francisco Franco se había hecho con el poder con la ayuda militar de la Alemania nazi y la Italia de Mussolini. Mató a miles de oponentes antes de tomar el control del país en 1939 y proclamarse a sí mismo caudillo, el equivalente español del Führer. Durante la guerra civil y los primeros años de la dictadura, aquellos que se atrevieron a oponerse a él desaparecieron en campos de concentración (donde se estima que fueron ejecutadas unas trescientas mil personas).
Franco, que se consideraba defensor de la «España católica» y enemigo del comunismo impío, ostentaba una mentalidad rigurosamente machista que excluía de manera oficial a las mujeres de cualquier posición de poder en la sociedad y apenas les daba derechos académicos, judiciales o bancarios, además de impedirles incluso el derecho a abandonar a un marido abusivo. Prohibió todo matrimonio que no se celebrara de acuerdo con la doctrina católica y, entre otras restricciones, declaró ilegales el divorcio, la contracepción, el aborto y la homosexualidad.
Afortunadamente, ahora todo había cambiado


Sobre el Valle de los Caídos:
 —Demoler esta basílica —prosiguió el monarca— sería fingir que nuestra historia no ha existido. Sería una manera fácil de seguir nuestro camino, convencidos de que es imposible volver a tener otro dictador. Pero ¡no es así! Lo tendremos si no estamos alerta. Seguramente conoces las palabras de nuestro compatriota Jorge Santayana... —«Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo»

 —Exacto —contestó su padre—. Y la historia ha demostrado en repetidas ocasiones que siempre habrá lunáticos deseosos de hacerse con el poder, en sucesivas oleadas de nacionalismo agresivo y de intolerancia, incluso en lugares donde tal cosa habría parecido imposible. —El monarca se inclinó hacia su hijo, y el tono de su voz se volvió más intenso—. Julián, hijo mío, pronto ascenderás al trono de este maravilloso país: un Estado moderno y en constante evolución, que como muchas otras naciones ha atravesado períodos oscuros, pero ha salido nuevamente a la luz de la democracia, la tolerancia y el amor. Sin embargo, esa luz se apagará si no la usamos para iluminar las mentes de las generaciones futuras.


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martes, 3 de octubre de 2017

El final del hombre, de Antonio Mercero

Editorial: Alfaguara, 2017
416 páginas
18.90 €
Ebook: 9.99 €

Argumento:

Recién obtenido el DNI que reconoce su identidad de género, y a punto de contárselo a quienes la rodean, la policía Sofía Luna recibe el encargo de investigar el asesinato de Jon Senovilla, hijo de un famoso autor de novela histórica.

Comentario:

En una novela de misterio hay varios factores importantes, entre ellos que el misterio sea interesante y esté bien desarrollado, algo que se cumple en «El final del hombre». El autor consigue crear varias tramas y hacer que fluyan con eficacia durante una investigación que descarta sospechosos o los retoma según se les interroga y se comprueba lo que cada cual pudo hacer, o no.

Se logra también mantener el verdadero motivo y culpable en segundo plano durante la mayor parte de la novela, permitiendo múltiples especulaciones y posibilidades, sin llegar a engañar. Se dan pistas, a veces equívocas pero coherentes con la identidad del personaje que comete el crimen. Quizá podría cuestionarse cómo decide la protagonista quién ha sido, cómo y por qué, algo que tal vez no podría probar más allá de su opinión, aunque después de aporten pruebas más tangibles.

Los personajes son interesantes, distinguibles por varias características, desde tics a problemas personales, desde el grupo de policías que investiga el asesinato a los sospechosos de haberlo cometido. Quizá hay demasiados puntos de vista (además de Luna intervienen también policías y sospechosos), lo que puede dispersar el interés, dando rango de protagonismo similar tanto a personajes que podrían calificarse de secundarios  (el capítulo dedicado a Crury) como a quienes realmente llevan el peso de la historia.

Curiosamente es la protagonista, Sofía Luna, quien puede decepcionar, al centrar su retrato en cómo aceptan, o no, quienes la rodean (familia, amistades, trabajo) su reasignación de sexo, un personaje poco habitual, tratada de forma un tanto tópica y previsible, aunque quizá realista, y evitando dotarla de otros matices. Así mismo llama la atención que tanto el narrador (autor) como la propia Sofía, se refieran a ella en masculino varias veces o que, tras reivindicar que al vestirse de mujer no va disfrazada ella misma hable de haber ido disfrazada siendo niña:

Capítulo 6
—¿Eso qué es? ¿Una enfermedad que te lleva a disfrazarte de mujer? —No es un disfraz. Es la ropa que voy a vestir. Soy una mujer.   Capítulo 8
—¿Ese es tu disfraz? ¿Es así como vas a venir a trabajar? —¿Te gusta?Arnedo la miró con más pena que enfado. 
—Es un ejemplo de indisciplina. Yo te dije que no vinieras disfrazado. Has desobedecido la orden de un superior. —Al contrario, la he obedecido. Me dijiste que no viniera disfrazada y es lo que he hecho. En mi caso, venir vestida de hombre sería venir disfrazada.   Capítulo 17
 Pero Sofía evocó con tristeza la tarde en que su padre le pilló disfrazado de mujer y le arrancó a tirones el vestido, mientras bramaba entre espumarajos de rabia que en su casa las normas de decoro se respetaban.

La novela aborda varios temas de interés además de cómo reciben su familia y colegas el cambio de Sofía, entre ellos los malos tratos dentro del hogar, abuso de poder, culpa y remordimiento, enfermedad etc… entre las cosas que ocultan los personajes y les convierten en sospechosos. 

En resumen, «El final del hombre» es una novela bien redactada, con algo de texto sobrante, un misterio complejo bien solucionado, personajes interesantes y muy entretenida, que mantiene el interés por saber quién asesinó a Jon, y por lo que será del resto de  los protagonistas, hasta el final.


***T***

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lunes, 25 de septiembre de 2017

La Dama del Pozo, de Daniel Sánchez Pardos

La Dama del Pozo
Daniel Sánchez Pardos
Editorial Minotauro
448 páginas


Argumento:

En la Barcelona de mediados del siglo XIX, aparece en un convento el cadáver supuestamente incorrupto de una joven romana. Un inspector de policía que no cree en milagros y un anatomista de mente turbulenta investigan el extraño caso. Pero solo será el inicio de una cadena de crímenes.


Comentario:

No sé si porque la novela está localizada en Barcelona o por el ambiente un tanto gótico, con nieblas, callejas oscuras, personajes siniestros, constructores de autómatas... el caso es que me ha recordado a Zafón sin las "zafonadas", es decir, en un estilo más plano y sin metáforas exageradas y pintorescas. Esto de la Barcelona Gótica, por cierto, va camino de convertirse en un tópico.

La obra está correcta y pulcramente escrita, con una estructura de manual y una ambientación bastante decente (salvo algún pequeño errorcillo o cosa que chirría, pero muy pequeño o incluso cuestionable que sea error). Quizás lo que menos me ha encajado con la época es la forma en que la criada de Palafox, el anatomista, trata a su señor, llamándolo "jefe" y con una forma de hablar, y sobre todo de actuar, quizás demasiado moderna. 

Los personajes están caracterizados lo justo, pero de modo suficiente en una novela de estas características. Al menos son distinguibles unos de otros, aunque sea por un rasgo o dos. Así Palafox, el anatomista (y protagonista más destacado), es un hombre atormentado por algo que le ocurrió en el pasado y que destruyó su carrera, y que se dedica a reparar autómatas en sus ratos libres (esto no viene mucho a cuento en la trama, que yo recuerde, pero bueno); el policía Reigosa... no tiene mucho que contar; la escritora Teresa, como interés romántico y "ayudante"; la criada de trece años, Amelia, nacida en el arroyo y que usa sus contactos del lumpen para la investigación...

Cuando empecé a leer la novela, y viendo que estaba publicada por la Editorial Minotauro, pensé que tendría algún toque fantástico, pero al terminarla me ha parecido que este es mínimo o no existe (las alucinaciones del protagonista, ¿son visiones, son viajes al pasado, son delirios?). Así que, en realidad, se trata de una típica historia de misterio o incluso policial, con toques de novela gótica con todos sus tópicos (no faltan ni los científicos locos), ambientada en la Barcelona de mediados del XIX. Como tal, la estructura se acomoda a este género, con una (larga) presentación de las circunstancias extrañas en que aparece el primer cadáver, una investigación (breve), más cadáveres que elevan la complicación, sospechosos falsos, y una revelación final con los habituales giros sorprendentes, y explicación de lo que ha ocurrido (larga y confusa, al menos para mí). 

Aunque la lectura es fácil y la escritura fluida, ha habido varias cosas en esta historia que no me han convencido del todo. En primer lugar, hay demasiados "detectives" investigando. En realidad, el elenco de personajes se divide en dos bandos, los que investigan (los protagonistas o sus amigos) y los "asesinos" (los demás, incluyendo asesino propiamente dicho, más colaboradores o inductores, e incluso, un asesino extra al final...). A mí esto me ha parecido excesivo, así como también lo rocambolesco y retorcido del "plan del malo", que requiere casi de todo un capítulo final para ser explicado (y he de decir que, aun así, hay cosas que no he entendido). Este es el tipo de novela policial del que piensas: bien, parece que todo encaja, que el autor lo ha pensado, que los elementos citados en la obra terminan relacionándose (el derribo de las murallas, los conflictos laborales), etc, pero... ¡no hay quien se lo crea, es demasiado rebuscado! 

He de reconocer que me tuvo intrigada básicamente por ver cómo resolvía lo de los cadáveres "en circunstancias extravagantes", pero no me ha resultado del todo satisfactorio el final, aunque tampoco es que sea malo; más bien prolijo y demasiado orientado a hacer que la trama parezca compleja en lugar de buscar un desenlace natural y dentro de la lógica.

En resumen, una novela entretenida, de género policial y misterioso, bastante rocambolesca, que tarda un poquito en arrancar, y que transcurre por las calles "góticas" y decimonónicas de una Barcelona a punto de iniciar el camino de liberación de las supersticiones antiguas.


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jueves, 21 de septiembre de 2017

Pecado, de Benjamin Black

T.O.: Snow, 2017
Editorial: RBA
Traducción: Miguel Temprano García
304 páginas
19 €

Argumento:

Cuando el sacerdote católico Tom Lawless aparece asesinado en la biblioteca de Ballyglass House envían al inspector Strafford para investigar lo sucedido.


Comentario:


«Pecado» empieza como tantas novelas de misterio; un asesinato, una casa llena de personajes sospechosos y un policía que llega a investigar lo sucedido. Se hacen referencias a la obra de Agatha Christie, a su Poirot, a los crímenes en mansiones (el cadáver es encontrado en la biblioteca), incluso se menciona al Lord Peter Wimsey de Dorothy L. Sayers, en lo que parece sugerir un intento de homenajear este tipo de historias, aunque pronto se descubre que no es así.

Ambientada en el mismo «universo» (la Irlanda de mediados del XX) que anteriores novelas del autor, protagonizadas por el forense Quirke, a quien se hace (innecesaria) referencia de pasada, «Pecado» abandona pronto las convenciones del género (conocer e interrogar a los personajes sospechosos) para centrarse en los paseos de St John (se pronuncia «Sinyún») Strafford (no Stafford: «Strafford con erre, por cierto») por la zona, la atracción que siente por la mayoría de las mujeres que conoce (la segunda señora Osborne, su hijastra Lettie, la camarera Peggy) y sus reflexiones sobre diversos temas (frío, crítica convencional a la Iglesia Católica, sus encubrimientos y ocultaciones).

Si bien el autor intenta crear cierto clima de misterio e intriga (Strafford se siente observado, desaparece su ayudante, el oficial Jenkins, se insinúa que la primera señora Osborne pudiera haber sido asesinada, tiene la impresión de que la familia interpreta una obra de teatro…), resulta fallido, debido a la falta de interés del protagonista por investigar. Incluso demora la búsqueda del desaparecido Jenkins, más preocupado por congelarse durante sus caminatas por la nieve (el título original de la obra es «Snow») o por charlar con los lugareños. Entre estos, Jeremiah Reck, dueño de la Gavilla y la Cebada, mezcla de bar, casa de huéspedes etc y el sasrgento Dan Radford quizá sean los más interesantes, aunque de distinta relevancia para la investigación.

Las digresiones son abundantes, las escenas de sexo (Lettie y Fonsey, Strafford y Peggy) ocupan mucho espacio y son irrelevantes, los personajes carecen de características que despierten empatía, simpatía o interés, en especial el anodino Strafford, cuyas principales características, ya mencionadas, serían aclarar cómo se escribe y pronuncia su nombre, sufrir porque es abstemio y se ve «obligado» a beber, ser protestante en un lugar de mayoría católica e interesarse por casi cada mujer que conoce.

A la sensación de que la narración avanza sin rumbo se suma la inclusión de un capítulo situado en 1947, diez años antes de la acción principal, una especie de confesión o testimonio protagonizado por el sacerdote (a modo de pegote, desconocido por los personajes), utilizado para revelar algo que se intuye desde el principio por cierto detalle en el cadáver, jugando a no dar nombres y sí un apodo, Ginger, que parece identificar a alguien.

Tras un final casi repentino, en el que Strafford decide sin pruebas ni explicaciones, quién ha hecho qué y por qué, una suerte de epílogo, situado en 1967, reúne al policía con uno de los personajes en una conversación con «sorpresa» en la que los reproches de este parecen contradecir su decisión, sabiendo lo sucedido, de no actuar en el momento.

En resumen, «Pecado» es una novela correctamente escrita, lastrada por las continuas digresiones, una investigación que no llega a ser tal, y una conclusión poco satisfactoria en la que el principal aliciente puede ser la confirmación de lo que se intuye casi desde el comienzo.


Nota: Esta novela ganó el XI Premio RBA de Novela Policiaca.


***T***

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martes, 12 de septiembre de 2017

Le crime du comte Neville, de Amélie Nothomb

Le crimen du comte Neville
Amélie Nothomb
148 páginas
Albin Michel


Argumento:

Una adivina encuentra a la hija perdida del conde Neville en el bosque y se la devuelve, pero antes le hace un siniestro vaticinio: durante una fiesta en su castillo matará a un invitado.

Comentario:

Las novelas de Amélie Nothomb de los últimos tiempos pertenecen a dos grupos: el de aquellas de irritan de lo malas que son y el de aquellas que no parecían tan  mal pero llega el final y la fastidian. Esta pertenece al segundo grupo.

La premisa, aunque un tanto extraña y surrealista (pero dentro de lo que suele ofrecer la autora, o incluso  más moderado de lo habitual), prometía una historia intrigante y con fondo. Sin embargo, y aunque ha habido partes más interesantes, encuentro que, definitivamente, ya no es la Nothomb de hace unos años, y no sabe explotar estas historias y sacarles punta.

Siendo una novela brevísima, siento que sobran páginas, y que la cosa se estira hasta la longitud de novela cuando quizás no hubiera dado para más que para un relato. Y eso se nota sobre todo en la inclusión de personajes que no tienen realmente ninguna participación activa en la trama, como dos de los hijos del conde protagonista, que, en resumen, se dedican a bailar en las fiestas de sociedad y a mostrar cuán unidos están y cuán sofisticados son. Por otro lado, la adivina del inicio solo sirve para introducir la profecía. Pensé que tendría más importancia, pero no.

Se supone que esta historia critica la forma de vida, un tanto obsoleta, de las clases altas belgas (a las cuales pertenece la autora, por supuesto), centradas en organizar fiestas en sus bonitos castillos, en la vida social aun a costa de las finanzas propias (declive económico de la clase, que sigue aparentando), y una particular forma de educación y modo de pensar ("ser noble no significa tener más derechos que los otros, sino  más obligaciones"), pero la crítica me ha parecido tenue, nada original y no suficientemente interesante para sustentar una novela. Falta el toque incisivo y brutal de otros tiempos de la autora, está claro. De todas formas, la parte media de la novela se mantiene bien con las elucubraciones del conde y sus reflexiones sobre el asesinato, su familia noble y las referencias a cierta obra de Oscar Wilde.

También están entre lo destacable las charlas entre el conde y su hija nihilista y depresiva, que, por algún motivo extraño, quiere ser la víctima (o no) de ese crimen que da título al libro. Pero, al final, los preparativos para el asesinato de la víctima elegida se quedan en agua de borrajas, como  ya habíamos intuido que pasaría; todo se resuelve de una forma rápida y estúpida, con  un accidente muy deus ex machina que arregla todos los problemas del conde, y ya está. 

En resumen, un libro ligero, con premisa más o menos interesante, desarrollo correcto dentro de su surrealismo, con alguna charla destacable entre el protagonista y su hija, pero con un desenlace, a mi modo de ver, patético, resuelto en una página o menos, que le da un aire casi de cuento de hadas por el happy end. No sé, tal vez fuera la intención de la autora lograr este efecto de ligereza, pero al final leer este libro resulta una experiencia inane. 

Nota: el título lo he puesto en francés porque lo he leído en esta lengua y edición. Anagrama lo ha publicado en español pero cuesta el doble que esta edición de bolsillo francesa...


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lunes, 4 de septiembre de 2017

Frente al espejo, de Terelu Campos y Kike Calleja



Editorial: Ediciones B, 2017
288 páginas
19.50 €
Ebook: 5,49 €

Argumento:

Terelu Campos relata distintos pasajes de su vida, personales y profesionales.

Comentario:

Frente al espejo es, más que una biografía, el resultado de una serie de entrevistas que abordan algunas de las vivencias más conocidas de su protagonista con la intención aparente de dar su versión de los hechos. Al parecer, fue Kike Calleja (quien aparece como coautor) el que sugirió la posibilidad de escribir el libro y presentó a la interesada un guión con los temas a tratar, siendo su cometido hacer las preguntas y transcribir sus respuestas.

Ordenado en capítulos más o menos temáticos, se observa una redacción relativamente correcta (hay repeticiones de información y frases desordenadas, difíciles de entender, que merecerían una revisión más profunda), nada destaca, se salta de una situación a otra sin un orden o estructura reconocibles que den fluidez a la narración o enlacen cada experiencia con el resto. Ni siquiera se aprovecha el sugerente título que pone a la protagonista frente a un espejo para intentar hacer algo creativo, coherente.

Durante la primera mitad del libro se presentan hechos ya conocidos, tratados, discutidos y cuestionados en Sálvame, programa en el que colabora la autora: si le ha sido perjudicial o beneficioso ser hija de María Teresa Campos, lo sucedido a su padre, el paso por Gran Hermano Vip y Las Campos, la enfermedad, el aumento de peso y consecuente cambio de imagen, la insatisfacción por ser colaboradora en lugar de presentadora (perder el Deluxe), la actitud ante las críticas, la supuesta soberbia, rehuir el conflicto en el trabajo etc…

Las novedades en torno a todos estos conflictos son escasas, apenas algún detalle que pueda sorprender a quienes conozcan la trayectoria de la protagonista. Da las mismas explicaciones y aclaraciones que ya ha esgrimido en distintos programas de televisión en los últimos años. Y lo hace a la defensiva, intentando justificarse, con un tono a veces autocompasivo, el inevitable toque de egocentrismo presente cuando se relata la propia vida, y la necesidad de ser creída y reivindicada, comprendida.

Cuando parece que va a ser más de lo mismo, el rumbo de las confidencias cambia, hay relatos de su niñez, de la relación con la abuela materna, Concha Luque (emotiva), con el padre, con su hermana Carmen. Habla de sus dos maridos, Miguel Ángel y Alejandro Rubio, de su hija Alejandra. Si bien son anécdotas de cierta sencillez, con las que intenta no hacer daño a ninguna de las personas implicadas, asoma en ellas otra Terelu, más divertida, con cierto humor e ingenio, casi irónica, simpática, cercana, humana. Alguien con quien es posible empatizar.

Son estos capítulos, menos de la mitad de la extensión de la obra, los que, hasta cierto punto, la salvan, evitando que parezca una simple recopilación de algo ya sabido. Se percibe incluso otro tono en la redacción, una soltura y espontaneidad que se agradecen.

En resumen, Frente al espejo es un libro para quienes les interese la autora, ya sea por admiración o por deseo de criticarla, con una redacción torpe y anodina, en el que la mayor parte de lo que se relata ya se sabe y solo en algunos momentos deja ver la personalidad de Terelu Campos.

El libro incluye un prólogo escrito por Raphael y una selección de fotos personales de la autora. 

Cita:


«Incertidumbre, también, por saber si podré recuperar mi profesión: creo que soy mejor presentadora que colaboradora. Aunque he de decir que en estos siete años he aprendido mucho. Pero soy una colaboradora incompleta. Incompleta por mis principios, por mi forma de ser, por no saber manejarme bien en el conflicto; porque siempre voy a anteponer el sentido de la lealtad con los que quiero. Por priorizar el no hacer daño. Por evitarlo. Algunos califican esa actitud como una postura fácil. Pienso que el silencio no siempre es cómodo: a veces es la más complicada de las posturas. Es un autocontrol para no hacer daño; para no hacértelo. Sobre todo cuando respetas esas informaciones que tú sabes que se han obtenido desde la confianza, el cariño y el respeto. En ocasiones, es menos complicado dar un golpe en la mesa que apretar los puños y callar.»


***T***


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