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lunes, 4 de septiembre de 2017

Frente al espejo, de Terelu Campos y Kike Calleja



Editorial: Ediciones B, 2017
288 páginas
19.50 €
Ebook: 5,49 €

Argumento:

Terelu Campos relata distintos pasajes de su vida, personales y profesionales.

Comentario:

Frente al espejo es, más que una biografía, el resultado de una serie de entrevistas que abordan algunas de las vivencias más conocidas de su protagonista con la intención aparente de dar su versión de los hechos. Al parecer, fue Kike Calleja (quien aparece como coautor) el que sugirió la posibilidad de escribir el libro y presentó a la interesada un guión con los temas a tratar, siendo su cometido hacer las preguntas y transcribir sus respuestas.

Ordenado en capítulos más o menos temáticos, se observa una redacción relativamente correcta (hay repeticiones de información y frases desordenadas, difíciles de entender, que merecerían una revisión más profunda), nada destaca, se salta de una situación a otra sin un orden o estructura reconocibles que den fluidez a la narración o enlacen cada experiencia con el resto. Ni siquiera se aprovecha el sugerente título que pone a la protagonista frente a un espejo para intentar hacer algo creativo, coherente.

Durante la primera mitad del libro se presentan hechos ya conocidos, tratados, discutidos y cuestionados en Sálvame, programa en el que colabora la autora: si le ha sido perjudicial o beneficioso ser hija de María Teresa Campos, lo sucedido a su padre, el paso por Gran Hermano Vip y Las Campos, la enfermedad, el aumento de peso y consecuente cambio de imagen, la insatisfacción por ser colaboradora en lugar de presentadora (perder el Deluxe), la actitud ante las críticas, la supuesta soberbia, rehuir el conflicto en el trabajo etc…

Las novedades en torno a todos estos conflictos son escasas, apenas algún detalle que pueda sorprender a quienes conozcan la trayectoria de la protagonista. Da las mismas explicaciones y aclaraciones que ya ha esgrimido en distintos programas de televisión en los últimos años. Y lo hace a la defensiva, intentando justificarse, con un tono a veces autocompasivo, el inevitable toque de egocentrismo presente cuando se relata la propia vida, y la necesidad de ser creída y reivindicada, comprendida.

Cuando parece que va a ser más de lo mismo, el rumbo de las confidencias cambia, hay relatos de su niñez, de la relación con la abuela materna, Concha Luque (emotiva), con el padre, con su hermana Carmen. Habla de sus dos maridos, Miguel Ángel y Alejandro Rubio, de su hija Alejandra. Si bien son anécdotas de cierta sencillez, con las que intenta no hacer daño a ninguna de las personas implicadas, asoma en ellas otra Terelu, más divertida, con cierto humor e ingenio, casi irónica, simpática, cercana, humana. Alguien con quien es posible empatizar.

Son estos capítulos, menos de la mitad de la extensión de la obra, los que, hasta cierto punto, la salvan, evitando que parezca una simple recopilación de algo ya sabido. Se percibe incluso otro tono en la redacción, una soltura y espontaneidad que se agradecen.

En resumen, Frente al espejo es un libro para quienes les interese la autora, ya sea por admiración o por deseo de criticarla, con una redacción torpe y anodina, en el que la mayor parte de lo que se relata ya se sabe y solo en algunos momentos deja ver la personalidad de Terelu Campos.

El libro incluye un prólogo escrito por Raphael y una selección de fotos personales de la autora. 

Cita:


«Incertidumbre, también, por saber si podré recuperar mi profesión: creo que soy mejor presentadora que colaboradora. Aunque he de decir que en estos siete años he aprendido mucho. Pero soy una colaboradora incompleta. Incompleta por mis principios, por mi forma de ser, por no saber manejarme bien en el conflicto; porque siempre voy a anteponer el sentido de la lealtad con los que quiero. Por priorizar el no hacer daño. Por evitarlo. Algunos califican esa actitud como una postura fácil. Pienso que el silencio no siempre es cómodo: a veces es la más complicada de las posturas. Es un autocontrol para no hacer daño; para no hacértelo. Sobre todo cuando respetas esas informaciones que tú sabes que se han obtenido desde la confianza, el cariño y el respeto. En ocasiones, es menos complicado dar un golpe en la mesa que apretar los puños y callar.»


***T***


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lunes, 28 de agosto de 2017

Bailando en la oscuridad, de Karl Ove Knausgård

Bailando en la oscuridad
Min kamp. Fjerde bok
Karl Ove Knausgård
Traductoras: Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo
Editorial Anagrama
544 páginas


Resumen:

Karl Ove nos cuenta su experiencia de profesor en el norte de Noruega, a los dieciocho años, además de sus dificultades con las mujeres.

Comentario:

Cuarta parte de la magna obra de Karl Ove Knausgård ("Mi lucha"), que algunos califican como el "En busca del tiempo perdido" del siglo XXI, con cierta hipérbole, por supuesto. Como la anterior que leí ("La muerte del padre"), se trata de una obra del llamado género de autoficción, donde el autor nos narra acontecimientos de su vida (según él, se trata de una "purga de su corazón") con un estilo completamente hiperrealista y prolijo. Sí, esto último es casi lo que más destaca, que nos cuenta todo, todo, todo, incluso escenas banales y diálogos irrelevantes, en aras a conseguir ese efecto de cuasi documental sobre su vida.

Aunque se centra en ese año que pasó en el norte de Noruega dando clases a jóvenes de edades similares a la suya, como pasaba también en el otro libro, el autor hace numerosos viajes al pasado para explicar otros aspectos. Va y viene, de una forma un tanto caótica. Es curioso que, pese a retomar pasajes de su infancia (ya tocada en el primer tomo) logra que suene como algo nuevo. Así pues nos cuenta todo sobre su familia, sus abuelos, el divorcio de su padre, su hermano, y sobre todo, sobre sus intentos de amigas y novias, frustrados por su impericia adolescente.

A la obra le sobran páginas, ni qué decir tiene. A diferencia del primer tomo, no hay digresiones filosóficas o pensamientos, ya que se centra mucho más en la "acción" o, mejor dicho, en el relato de sus aventuras adolescentes, con más diálogos. Pese a presentar un aspecto más ligero, no es por ello fácil de leer. Bueno, sí lo es, pero lleva bastante tiempo, y en algunas ocasiones puedes tener la tentación de dejarlo por imposible al carecer la historia de una trama o estructura que lleve a algún lugar. A decir verdad, solo si llegas al final encuentras algo parecido al sentido de la historia. Ese desenlace es lo que más me ha gustado, por lo que tiene de irónico y cómico.

El personaje de Karl Ove, casi un íntimo nuestro, es obviamente, el mejor desarrollado. Se trata de un adolescente inseguro, con aficiones literarias y musicales, que se nos describen con profusión. Llama la atención la cantidad de referencias de obras cultas que hace. También tiene cierta inclinación a la bebida, aunque no sé si esto será algo generalizado por esas latitudes nórdicas. El pobre se pasa toda la novela bebiendo y fumando. Y como casi todos los adolescentes sufre una grave explosión hormonal. Como es hábito en Karl Ove no nos oculta nada de su vida íntima, de modo que hay descripciones de sus aproximaciones a las chicas, de sus eyaculaciones antes de tiempo, de su falta de experiencia con la masturbación (que, según dice el autor, a los dieciocho años no había practicado), en fin, de todo. En algunos momentos, te llega a dar pena. El título español supongo que se refiere a los meses de oscuridad del norte de Noruega.

La novela es muy excesiva  (en especial en número de páginas), pero tiene bastantes toques de humor que la hacen llevadera. Es increíble como un libro que, en realidad, carece de un argumento claro, y muestra escenas totalmente prosaicas, te obliga a seguir leyendo a ver qué pasa, como si fuera casi un reality show morboso. De todas formas, no es una lectura para todo el mundo.

En resumen, Karl Ove destapando toda su vida y sus intimidades como siempre, y nosotros mirando por la rendija...

Fragmento
Solía dormirme sin problemas en toda clase de condiciones, pero esa noche permanecí despierto. Cuatro días después empezaría a trabajar. Cuatro días después me encontraría en el aula de un colegio de un pequeño pueblo de la costa del norte de Noruega, un lugar donde no había estado nunca, del que no sabía nada y del que ni siquiera había visto fotos.

¡Yo!

Un chico de dieciocho años de Kristiansand, flamante bachiller, que acababa de abandonar la casa familiar, sin más experiencia laboral que unas cuantas tardes y unos fines de semana en una fábrica de parqué, un poco de periodismo en el diario local y un recién terminado trabajo de verano de un mes en un hospital psiquiátrico, se convertiría ahora en profesor tutor en el colegio de Håfjord.

Pues no, no conseguía dormirme.

¿Qué pensarían los alumnos de mí?

Cuando entrara en el aula para la primera clase y los viera a ellos sentados en sus pupitres, ¿qué les diría?

Y los otros profesores, ¿qué demonios pensarían de mí?

Se abrió una puerta en el pasillo, sonaron voces y música. Alguien pasó canturreando. Se oyó un grito: «Hey, shut the door.» Al instante, todos los sonidos fueron de nuevo reprimidos. Me volví hacia el otro lado. Lo extraño de estar en la cama en una noche luminosa también debía de contribuir al insomnio. Y cuando la idea de que era difícil dormir se había asentado, entonces sí que resultó imposible.

Me levanté, me vestí, me senté en la silla que había frente a la ventana y empecé a leer la novela Empate, de Erling Gjelsvik.

Todos los libros que me gustaban trataban en el fondo de lo mismo. Negros blancos, de Ingvar Ambjørnsen, Beatles, de Lars Saabye-Christensen, Jack, de Ulf Lundell, En el camino, de Jack Kerouac, Última salida para Brooklyn, de Hubert Selby, Novela con cocaína, de M. Aguéiev, Coloso, de Finn Alnæs, Lazo alrededor de la Luna, de Agnar Mykle, los tres libros sobre la historia de la bestialidad de Jens Bjørneboe, Gentlemen, de Klas Östergren, Ícaro, de Axel Jensen, El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, Los corazones de abejorros, de Ola Bauer, Cartero, de Charles Bukowski. Libros sobre jóvenes que trataban de encajar en la sociedad, que querían sacar de la vida algo más que rutina, algo más que familia, en suma, jóvenes que aborrecían lo burgués y buscaban la libertad. Viajaban, se emborrachaban, leían y soñaban con el gran amor o la gran novela.

Todo lo que ellos querían lo quería yo.

Con todo lo que ellos soñaban soñaba yo.


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lunes, 31 de julio de 2017

La matanza de Rechnitz: Historia de mi familia, de Sacha Batthyany

 La matanza de Rechnitz: historia de mi familia
Und was hat das mit mir zu tun?. Ein Verbrechen im März 1945. Die Geschichte meiner Familie
Sacha Batthyany
Traductor: Fernando Aramburu
Seix Barral
272 páginas


Argumento:

En la noche del 24 al 25 de marzo de 1945, Margit von Thyssen y su marido, el conde húngaro Ivan Batthyány, invitaron a su castillo a los jefes locales del partido nazi, a miembros de la policía política, de la Gestapo, de las SS y de las Juventudes Hitlerianas. Una de las diversiones de esa velada fue matar a doscientos judíos. Tras conocer ese suceso, Sacha Batthyany, sobrino-nieto de la protagonista, guiado por el diario de su abuela, empieza una investigación que le llevará a través de Europa y hasta Sudamérica y le hará reflexionar sobre el pasado, el presente, su familia y él mismo.

Comentario:

Lo primero que he de decir de este libro es que me parece algo engañosa la publicidad que lo envuelve. Se vende como centrado en la matanza del título, y sobre todo, centrado en la figura de la Margit von Thyssen, de la familia Thyssen, hermana del barón Thyssen que estuvo casado con la actual baronesa Carmen Cervera, con toda la carga mediática y escandalosa que esto podría tener. Sin embargo, el hecho criminal, la matanza de varios judíos durante la celebración de una fiesta en la mansión de la aristócrata, es el punto de partida de la historia pero no el central. Se trata de un mero gancho.

A caballo entre la ficción y la no ficción o autoficción (no, tampoco es una novela exactamente), próximo al relato periodístico, el autor nos narra el periplo que inició en busca de su pasado (la tal Margit era su tía abuela) a raíz de la aparición en prensa de una noticia que vinculaba a su familia con los nazis.

La estructura del libro me ha parecido algo caótica con saltos aquí y allá, vueltas al mismo punto, algo repetitivo, sobre todo con continuas referencias al crimen del título, pero que son solo eso, referencias y alusiones. Viajes en busca de los protagonistas de la historia por diversos países entremezclado con pensamientos y anécdotas, entrevistas, y de vez en cuando, la inclusión en montaje paralelo de trozos del diario de dos de las protagonistas del relato en la época de los nazis: la abuela del narrador, de familia aristocrática húngara, y la hija de una familia de judíos asesinados en la mansión ante la pasividad de la dicha familia. 

Esta parte de los diarios es la que me ha parecido ligeramente más interesante al contraponer las historias de dos mujeres de extracción socioeconómica muy diferente pero que sufrieron las consecuencias del nazismo y de la guerra (y también del comunismo, ya que el esposo de la aristócrata también es reprimido por los stalinistas y pasa muchos años en Siberia, lugar al que también se desplaza el autor junto con su padre, en busca de los pasos de su abuelo).

Al final, aunque es un poco batiburrillo de temas, todo gira en torno al autor (como si fuera una autoficción) planteándose cuestiones como la culpa colectiva, las heridas de la guerra en todos los estratos sociales, la manipulación de la memoria por compasión, la identidad, el cuestionamiento de las sociedades felices (él habla de Suiza, donde vive)... El protagonista es el autor y sus reflexiones: ¿ayudaríamos nosotros a los judíos? ¿Ayudamos nosotros a los refugiados de Siria o solo miramos?

En resumen, una nueva mirada al negro periodo de la Segunda Guerra Mundial y del nazismo, que aporta como novedad, si se le puede llamar así, la comparación entre la tragedia judía y la actual de los refugiados de las guerras de Oriente Medio.

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lunes, 3 de julio de 2017

Tú también puedes: cómo conseguí perder 60 kilos y ganar salud, de Carlota Corredera

Editorial: Grijalbo Ilustrados, 2017
224 páginas
18.90 €
Ebook: 8.99 €

Argumento:

La autora detalla cómo perdió 60 kilos de peso.


Comentario:

Con una narración tan correcta como aséptica (no consigue emocionar ni en los momentos más emotivos), la autora relata, como dice en el título, de qué forma logró bajar de peso. Aunque, antes de llegar a esto (qué dieta siguió, tratamientos, ejercicio), desgrana pasajes de su vida, desde la infancia y adolescencia hasta la edad adulta y el momento en el que por fin, tras tener a su hija Alba, decidió adelgazar, por salud (apenas se hace alusión a los comentarios que se hicieron sobre su físico en redes sociales).

En la parte autobiográfica, poco añade que no hubiera contado ya en diversos programas y revistas, incluidas pérdidas familiares y vida profesional, y hasta reproduce pasajes de la primera entrevista concedida después del parto, tras la que recibió mensajes de apoyo de mujeres en situación similar a la suya y una llamada de la marca de productos de dieta con los que consiguió bajar de peso. Si a esto se le añaden las muchas (muchas) fotografías que acompañan al texto (la autora de niña, adolescente y adulta. Con más o menos peso. De boda, embarazo y con bebé, en la actualidad, etc…).

No es hasta transcurridos unos dos tercios de la obra que aborda el «cómo conseguí perder 60 kilos y ganar salud» del título, desde el nombre y características de la dieta seguida, con sus correspondientes cantidades y opciones y la forma en qué cambiaba según bajaba de peso, las pruebas que le hicieron y los cuatro programas de ejercicios que hacía (acompañados de más fotos suyas realizándolos).

Para acabar incluye los testimonios de su equipo. La doctora especializada en nutrigenética y los análisis y estudios a los que la sometió antes de iniciar la dieta, la entrenadora personal y el ejercicio que aún hace, la doctora que le preparó la dieta personalizada, o el esteticista encargado de hacerle el drenaje linfático manual (DLM).

En cuanto a la primera parte del título, ese «Tú también puedes», reacciona a las críticas acerca de los métodos seguidos para lograr su objetivo y afirma que:

«No solo se trata de dieta y ejercicio. Los sacrificios y las renuncias por una buena causa, la mejor de todas —tu salud—, solamente se superan con la fe: la fe en uno mismo, la fuerza que te da creer que otra vida es posible. Pero nadie regala nada. Ni la fuerza de voluntad se puede comprar con dinero. Por eso no pienso permitir que nadie le reste méritos a mi victoria.»

«Desde el momento en que anuncié públicamente que había recuperado la salud al perder 60 kilos de peso y rebajar en siete niveles la grasa visceral, empezaron a oírse las primeras voces que apuntaban a que el mérito de mi victoria tenía un nombre: dinero. Entiendo que no todo el mundo esté dispuesto a asumir que otra vida también es posible. Incluso puedo entender que cualquier excusa es buena para retrasar el momento de echarle huevos u ovarios y cambiar los hábitos que nos hacen tan infelices y sobre todo acarrean riesgos graves para la salud. Podría recordar algo tan obvio como que hay gordos y obesos con gran poder adquisitivo.»

Sin embargo también habla de tratamientos que solo se pueden llevar a cabo con un dinero que no cualquiera tiene: Entrenadora personal y fisioterapeuta, dos clases de hora y media a la semana. Esteticista que le trató múltiples edemas y retención de líquidos, grasa acumulada que ablandar y flacidez del cuerpo y la cara. Los productos de la dieta que sigue. Los drenajes linfáticos manuales. La carboxiterapia.

Y habla de la importancia de la estética, de la lucha contra la flaccidez de cara y cuerpo: «Teniendo siempre claro que la salud es la prioridad absoluta y el invariable objetivo, es importante que la pérdida de la maldita grasa no nos desfigure el rostro ni lo deje enjuto. Al igual que se lucha contra la flacidez del resto del cuerpo, hay que batallar contra la del óvalo.»

Se echa en falta profundizar en los motivos psicológicos que llevan a un sobrepeso exagerado, su tratamiento y su imagen ante la sociedad, aunque hay un par de apuntes de interés:

«El poder adictivo de la comida, en especial de determinados alimentos, no está nada reconocido en nuestra sociedad. Con los adictos a las drogas, al alcohol, al juego, al sexo o a las tecnologías se suele ser relativamente comprensivo. Se les intenta justificar y se buscan respuestas a por qué se han enganchado sin juzgarlos demasiado. Quizá huían de un dolor profundo, a lo mejor llenaban con esa adicción un vacío vital, probablemente se apoyaban en ese vicio para superar alguna pérdida... Con la comida no sucede así. A las personas obesas no se las considera enfermas. Son vagas, glotonas, sedentarias, tragonas, dejadas, zampabollos, abandonadas.»

«La obesidad es una enfermedad muy grave y muy peligrosa, tanto que es mortal. Y no, la gente no está gorda porque quiere. A las personas que sufren este problema no les basta solamente con un: «Camine más y coma menos». Detrás de una persona con un gran sobrepeso hay alguien que tiene que convivir cada día con una relación tóxica con la comida.»

En resumen, «Tú también puedes: cómo conseguí perder 60 kilos y ganar salud» aporta pocas novedades en cuanto a cómo perder peso (dieta ―una u otra― ejercicio, tratamientos reafirmantes) más allá de la marca de alimentos que consume la autora, y anécdotas superficiales y ya conocidas de su vida con un componente exhibicionista y egocéntrico quizá inevitable en este tipo de obra.


Cita:

«Todos los días comemos varias veces. Es una necesidad fisiológica primaria. Hay comida en todas partes. No hace falta acudir a ningún camello para conseguir tu dosis. Tu droga está en la nevera, en la despensa, en los supermercados, en los bares, en los quioscos, en los restaurantes, en los anuncios de televisión, en las pastelerías, en las máquinas expendedoras de la oficina, en los colmados, en las carnicerías, en las pescaderías, en las pizzerías, en la tienda de la esquina, en las heladerías, en las hamburgueserías... Comida por doquier, accesible a cualquier hora, en público y en privado, para celebrar las alegrías y para ahogar las penas. Y ese es el escenario en el que hay que sobrevivir, conviviendo a todas horas con tu problema, controlando tus impulsos, castrando tus instintos, renunciando a tu placer favorito, a lo que te hace disfrutar de verdad.»



***T***


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miércoles, 26 de abril de 2017

La parte escondida del iceberg, de Màxim Huerta

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
380 páginas
19.90 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

Max regresa a París para intentar recordar, y olvidar, un amor perdido.

Comentario:

«La parte escondida del iceberg» es una obra difícil de clasificar (aunque el autor la define como «novela»), indecisa, sobre todo, entre la guía turística de París, la autobiografía más o menos sincera centrada en la pérdida de un amor y el intento de asumirlo, y la creación literaria, pasajes en los que se comentan los motivos del autor para escribir, sus temas recurrentes, anécdotas sobre novelas anteriores etc...

En la parte dedicada a París, personaje que comparte protagonismo con Max, quien está escribiendo una novela sobre el recuerdo y el olvido, recordar para olvidar y crear nuevos recuerdos, o algo así, el protagonista recorre calles, cafés, monumentos, barrios, cuenta lo que bebe, lo que come, las conversaciones intrascendentes con camareros acerca de cómo quiere la bebida, lo que otros escribieron sobre la ciudad, canciones y cantantes franceses, con especial atención a Jacques Brel y su canción Ne me quitte pas (No me dejes), titulo de la anterior obra del autor. Lamentablemente, si la intención es mostrar París, o su París, a alguien que no la conozca, no se logra, e incluso puede producir el efecto contrario al buscado, al hacer que parezca solo una sucesión de nombres más o menos conocidos.

Los pasajes dedicados al amor perdido y a la lucha entre intentar recordar y olvidar, comprender y sanar, son deliberadamente inconcretos (quizá por tratarse de hechos reales, por pudor, cobardía, prudencia o algún otro motivo), llenos de vaguedades, y divagaciones, repeticiones de conceptos, intenciones y emociones, en las que no por decir no menciona ni el nombre ni el género de esa persona (veintitrés años, largo cabello rubio, ojos azules), apenas hace referencias (en un momento dado le pide que hable con sus contactos para ayudarle en su profesión de modelo, algo que Max considera lógico y normal) a cómo era la relación, a su desarrollo y final. Este tipo de relato puede satisfacer a quienes tengan facilidad para identificarse emocionalmente, y tal vez menos si se prefieren ejemplos, escenas, situaciones, motivos, algo más novelado.

La faceta autobiográfica se extiende además a la infancia de Max, la familia, el trabajo y la literatura. El autor ha afirmado que se entenderá por qué dejó «El programa de Ana Rosa», si bien no aporta detalles que no se pudieran deducir viendo su despedida en este programa o declaraciones posteriores. Igualmente, la relación con sus progenitores y con la familia materna se deja intuir en novelas anteriores («La noche soñada»).

En cuanto a la parte metaliteraria, que incluye tanto las referencias a novelas que tienen a París como protagonista como citas de varias obras y autores, quizá lo más interesante se encuentre en el relato de los temas recurrentes del autor (algunos, como París, la familia, la niñez, el recuerdo, el olvido, son fácilmente identificables cuando se han leído varias de sus novelas), la forma en que se documenta (cuenta cómo encontró el cartel que da origen a «Una tienda en París» y otros detalles relacionados con su desarrollo) y los motivos por los que escribe y se considera escritor.

 «Escribo novelas para inventarme personajes, inventarme la vida y liberarme de algunos fantasmas; ahora —redundancia— soy yo el personaje hasta que cierres este libro. Luego callaré y me negaré a responder preguntas. Pero ahora que me lees, confieso que ando con cuidado buscando palabras para darle sentido a un sinsentido: su ausencia. Qué fácil era escribir sobre otros. Qué difícil resulta narrarse a uno mismo.»

En resumen, «La parte escondida del iceberg» es una obra que su propio autor define a veces como novela, otras como autobiografía o autoficción, perjudicada por el exceso digresiones, citas de obras ajenas, enumeraciones de lugares, saltos temporales confusos, situaciones inconcretas, continuas repeticiones de datos ya comunicados, pero, sobre todo, por un exceso de pudor, o lo que sea, del autor, que se refugia en vaguedades, dificultando la identificación con los pasajes más emotivos, personales, sentimentales, de la historia que pretende transmitir.


***T***


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viernes, 3 de marzo de 2017

Open: Memorias, de Andre Agassi

T.O.: Open. An Autobiography, 2009
Editorial: Duomo ediciones, 2014
Traducción de Juanjo Estrella González
480 páginas

Argumento:

Autobiografía del tenista Andre Agassi.

Comentario:

Tenis, tenis y más tenis. La autobiografía de Agassi gira en torno a este deporte, y abarca todas las facetas de su vida, dominada por la inevitabilidad de jugar, competir, ganar y perder, luchar por ser el mejor.

El autor relata cómo comenzó a entrenar obligado por la obsesión paterna de cumplir en el hijo un sueño que no había logrado por sí mismo. Los duros entrenamientos a los que se sometía, el lento progreso hasta hacerse conocido, el detallismo con el que relata algunos de los partidos (juego a juego, golpe a golpe) o la relación con varios de sus compañeros, desde pelotear siendo niño con su admirado Björn Borg y la arrogancia de Jimmy Connors, a los enfrentamientos con su némesis, Pete Sampras, entre otros (Roger Federer, Boris Becker, Rafael Nadal…).

También se recrea en las manías o rituales antes de entrar en la pista, sus entrenadores, que llegan a ser parte de su familia, las lesiones, el sufrimiento que soportaba en algunos partidos, los viajes por el mundo en busca de la siguiente competición, la soledad, detalles que satisfarán a quienes interese especialmente la faceta deportiva del protagonista.


Además, la obra incide, sobre todo en su primera mitad, en la compleja relación entre el tenista y su progenitor, un hombre implacable decidido a que el muchacho triunfase (el autor rememora repetidamente sus enfrentamientos una máquina lanzapelotas modificada, a la que llama el dragón, y le hace sentir diminuto, desvalido), con quien mantiene una relación entre el amor y el odio similar a la que tiene con el tenis.

«De pronto mi padre disponía ya de su pista de tenis en el patio trasero, lo que significaba que a partir de entonces yo ya tenía mi cárcel. Yo mismo había alimentado a quienes habían construido mi prisión. Había ayudado a pintar las líneas blancas que servirían para confinarme. ¿Por qué lo había hecho? No tenía otra opción. Ésa es la razón por la cual hago todo.»
«Después de años oyendo a mi padre despotricar contra mis fallos, una derrota ha bastado para que yo mismo asuma sus críticas. He interiorizado a mi padre –su impaciencia, su perfeccionismo, su rabia– hasta que su voz no sólo suena como la mía, sino que es la mía. Ya no necesito que mi padre me torture. A partir de ese día, eso puedo hacerlo yo solito.»

También se dedica espacio a las mujeres de su vida, desde un primer amor por Wendi, una recogepelotas de su edad, hasta sus matrimonios con Brooke Shields (ella le convenció para que dejase de ponerse peluca y se afeitase la cabeza) y Steffi Graf, relaciones que parecen predestinadas y relata en cierto detalle, sobre todo la de Stefanie, quien es la primera persona que entiende y  comparte su relación con el tenis («Hablamos de tenis por primera vez. Cuando le digo que odio el tenis, ella se vuelve hacia mí con un gesto que significa: pues claro. ¿No lo odiamos todos?»).


Andre Agassi, Stefanie Graf, Jaden y Jaz (Fotografía: John C. Russell)

«Esa noche, tras celebrarse la final, tiene lugar el famoso Baile de Wimbledon. Llevo años oyendo hablar de él, y me muero por asistir, porque el ganador baila con la ganadora de la final femenina y en esa edición, como en casi todas las celebradas en los últimos tiempos, la ganadora es Steffi Graf. Yo me enamoré de ella desde que la vi concediendo una entrevista en la televisión francesa. Me impactó, me deslumbró su gracia discreta, su belleza natural. Era como si su aspecto, de algún modo, mostrara que olía bien. Y, además, que era buena, una persona intrínseca, esencialmente buena, llena de rectitud moral y de una clase de dignidad que hoy ya no existe.»

Destaca la estructura de la obra, que empieza por un final (la inminencia del último partido antes de la retirada) para luego relatar el inicio de su carrera, a los siete años, y termina con un comienzo, el de la escuela que ha construido en Las Vegas.
 «Juego al tenis para ganarme la vida, aunque odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión, y siempre lo he detestado.Cuando este último fragmento de mi identidad encaja en su lugar, me pongo de rodillas y susurro: por favor, que acabe todo esto.Y después: no estoy preparado para que acabe todo esto»


Las memorias, escritas entre Agassi y J. R. Moehringer (premio Pulitzer de periodismo y autor de su propia autobiografía,  El bar de las grandes esperanzas, obra que impresiona al tenista y motivo por el que le pide ayuda para escribir la suya), están narradas en primera persona y presente, con algún que otro salto temporal, sin guiones para indicar los diálogos, aunque no resulta difícil de leer.

En resumen, Open es una autobiografía irregular (dependiendo de qué faceta de la vida del autor interese más), con altibajos (demasiados relatos de partidos), a veces superficial y otras profunda que, más allá del deportista de élite, muestra a la persona, con sus contradicciones, intensidad, dudas, pasión, sufrimiento, romanticismo. Y es que, si bien el tenis parece el tema principal, trata de la vida, como dice Agassi en las palabras que quiere dirigir a los alumnos de la primera promoción de su escuela:

«La vida es un partido de tenis entre extremos opuestos. Ganar y perder, amar y odiar, abrir y cerrar. Reconocer pronto ese doloroso hecho ayuda. También hay que reconocer los extremos opuestos que hay en nosotros, y si no podemos entregarnos a ellos, o reconciliarnos con ellos, debemos al menos aceptarlos y seguir adelante. Lo único que no podemos hacer es ignorarlos.
¿Qué otro mensaje espero poder transmitir? ¿Qué otro mensaje podrían esperar ellos de alguien que dejó el colegio a los catorce años, y cuyo mayor logro, el logro del que más orgulloso se siente, es esta escuela?»


***T***

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viernes, 19 de agosto de 2016

Instrumental, de James Rhodes

 Instrumental
Título original: Instrumental: A Memoir of Madness, Medication and Music
James Rhodes
Traducción de Ismael Attrache
Editorial Blackie Books
288 páginas


Argumento:

El concertista de piano James Rhodes nos cuenta, con desgarro, crudeza y sinceridad, su autobiografía, centrándose, sobre todo, en las violaciones que sufrió de niño y en su carrera musical.

Comentario:

La exitosa obra "Instrumental", lleva, al parecer, más de 50.000 ejemplares vendidos en España, lo cual es muchísimo, y más teniendo en cuenta que se trata de una obra de no ficción, en concreto, de una autobiografía.

En el aspecto literario, sin embargo, no es muy destacable. Hay una enorme desproporción entre la cantidad de páginas dedicadas a contar los efectos de los abusos sexuales sufridos por el autor (que ocupan la mayor parte del libro) y su faceta como intérprete de piano, hasta el punto de que, en algunos momentos, no parece exactamente una autobiografía, sino más bien un "testimonio" o confesión, escrito en un tono desenfadado, con el que el autor se desahoga como si fuera una terapia. Incluso, al final, roza el estilo de la autoayuda, al mostrar a un hombre exitoso gracias a la música y el descubrimiento de ciertas verdades de la vida. Hasta se permite dar consejos para lograr la felicidad.

Aunque en parte se sigue el orden lineal de narración de los acontecimientos biográficos, a menudo se aprecia cierto caos en la forma de contarlos. Cada capítulo, o tema, como lo llama el autor, se inicia con una breve anécdota relacionada con músicos o intérpretes, más o menos conocidos para los legos, que tuvieron influencia en la vida de Rhodes o con los que establece paralelismos, con una especial incidencia en el tema de la salud mental o existencias desordenadas de dichos personajes.

El autor dice negarse a contar detalles sobre las violaciones, lo cual me parece una decisión acertada, para evitar, como él mismo explica, satisfacer el morbo de la gente, pero resulta cuanto menos chocante que luego, en otros aspectos, no sea precisamente parco en palabras: intentos de suicidio, drogas, borracheras, promiscuidad sexual, delirios, autolesiones con cuchillas, las secuelas físicas y enfermedades derivadas de la violación, como los problemas intestinales y las operaciones de columna..., y demás hechos en los que se recrea y regodea.

A toda esta crudeza descriptiva se une un lenguaje agresivo y directo, que hace que este libro no sea apto para personas sensibles. El tono coloquial también está presente cuando habla de la música, a la que él reconoce como salvadora. Al final, en los capítulos dedicados a su oficio de pianista, arremete contra el "sistema" cultural británico y sus gurús, como si de un panfleto se tratara, muy poco sutil y con más visceralidad que análisis, envolviéndose en un aire de "enfant terrible", rompedor e iconoclasta.

El exceso de crisis psicológicas, tics, manías, medicaciones, entradas y salidas de centros psiquiátricos, egocentrismo, inmadurez, narcisismo, autocompasión  y demás, llega a agotar un poco. A mí, en concreto, llegó un punto en el que me saturó tanta caída en el pozo, salida y vuelta a caer. Al menos, el autor reconoce su victimismo y lo cuenta con una cierta dosis de ironía y humor que lo hace un poco más llevadero. Pero, de todas formas, un poco de contención y elipsis habría venido muy bien para evitar la sensación de historia repetitiva que no avanza.

También llama la atención que, después de casi un ochenta por ciento del libro dedicado a desgracias, locura, autodestrucción, enfermedad, dolor, etc., del que parece imposible que pueda salir indemne una persona, de pronto, casi como por ensalmo, el autor conoce a la gente adecuada y se hace famoso, lo llaman para hacer programas en la tele, le financian un disco, tiene éxito, se hace amigo de Stephen Fry (y de Benedict Cumberbatch, con quien estudió en el colegio)...  Y por si fuera poco, después del abandono de su mujer, tiene una revelación, se da cuenta de cuál es el camino correcto hacia la felicidad y todo adquiere un tono optimista, en un giro, a mi modo de ver, muy brusco.

Resulta curioso que en un libro que trata de la vida de un intérprete de piano se hable tan poco de su oficio. Es cierto que suelta notas curiosas, como la dificultad de ciertas piezas, la digitación, su comienzo tardío en el instrumento... Pero en el fondo, el espacio dedicado a este aspecto es muy pequeño, lo cual hace sospechar que, en realidad, el tema verdadero es el drama post violación y el renacimiento con ayuda de la música, es decir, que tiene un cierto aroma a autoayuda e historia "de interés humano", algo testimonial.

¿Era necesario este libro? Rotundamente, sí. Y no por sus valores literarios ni porque dé mejores o peores consejos y recetas para superar lo que parece insuperable, sino porque la gente tiene que saber que una violación no es solo el acto físico sino lo que viene después. Mucha gente ha oído hablar del estrés post traumático, pero pocos de las secuelas físicas. Cuando Rhodes fue violado era un niño. Le destrozaron el cuerpo. Como consecuencia, sufre de graves problemas intestinales y de lesiones de columna que han requerido de dos cirugías. Aunque este libro solo sirviera para que la gente tomara conciencia de la gravedad de este asunto y de cómo se puede destruir a una persona, ya sería de lo más útil. Lástima que las personas que cometen estas tropelías no lo leerán, y si lo hacen, les resultará indiferente.


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lunes, 23 de noviembre de 2015

La nostalgia feliz, de Amélie Nothomb

 La nostalgia feliz
La Nostalgie heureuse
Amélie Nothomb
Traductor: Sergi Pàmies
Editorial Anagrama
144 páginas

  Argumento:

Amélie Nothomb regresa a Japón con un equipo de rodaje para realizar un documental sobre su vida y su reencuentro con las personas y lugares que marcaron su infancia y juventud.

Comentario:

La nostalgia feliz es como se denomina en japonés a un tipo de nostalgia digamos positivo, en contraposición a su versión occidental de corte más bien triste. En esta breve novela de Amélie Nothomb, autora nacida en Kobe (Japón) pero belga de nacionalidad, se trata el tema de los recuerdos de infancia y juventud, del retorno al lugar donde sucedieron hechos que marcaron su vida y de cómo el tiempo hace que ya nada sea como antes. Como puede observarse, un tema muy "original".

Pero no quisiera ser cruel con la señorita Amélie, a la que sigo desde hace años, haciendo hincapié en la falta absoluta de conflicto de la novela (o dicho en cristiano: no pasa gran cosa en la no-historia, o anécdota argumental), en la frialdad de sentimientos que emana su escritura, en el aire de biopic no disimulado y en la falsedad que todo esto sugiere. Y no lo voy a ser en exceso porque, al menos, aunque de un tiempo a esta parte ha caído en picado en cuanto a literatura se refiere, con este libro parece remontar un poco, solo un poco.

Amélie regresa a Japón, seguida por un grupo de reporteros que pretenden hacer un documental sobre Amélie regresando a Japón. Al final, la metabiografía pasada por los medios se queda en un leve y superficial paseo sentimental por personas y lugares clave en el pasado de la autora, bien consciente de quién es ahora (de hecho, en algún pasaje se califica a sí misma como "una famosa autora"). Dice sentirse agobiada por estar siempre vigilada por la prensa (ya será menos, Amélie), pero, por otro lado, accede de grado a este viaje experimental a su pasado emotivo en compañía de varios periodistas que documentan los mejores pasajes, como el encuentro con su niñera japonesa o con su "novio" Rinri (del que dice jamás estuvo enamorada, sin embargo, tal pareciera que hubiera sido el romance del siglo).

Lo mejor de la novela es la prosa, brillante en ocasiones, no tan ingeniosa como acostumbraba en sus buenos tiempos, pero quizás más profunda y más seria. También algún comentario sobre los contrastes culturales entre Japón y Occidente (la autora parece admirar Japón con todas sus fuerzas, lo cual no impide que también lo ponga a la altura del betún en otras ocasiones). En cuanto a estructura, es lineal y simple. No se rompió mucho la cabeza la señorita Nothomb, pero ella tampoco ha sido nunca de experimentalismos radicales. Su originalidad y punto fuerte siempre ha sido el enfoque, el tamiz excéntrico e irónico de su visión, que se va perdiendo poco a poco en cada obra.

La novela es tan breve que se lee en un par de sesiones. Una se maravilla de lo mucho que le cunden las rentas a esta autora antaño rompedora, cuyas últimas novelas menos malas son, precisamente, las que la tienen a ella y a su vida por protagonista. Pero parece un filón ya agotado en cuanto a qué más nos puede contar. Es como volver siempre a lo mismo, Japón, Rinri, su hermana, su trastorno alimentario, su fama, sus anécdotas con los lectores... las referencias a obras propias incluso (en esta, hay varias alusiones a "Ni de Eva ni de Adán", que podría considerarse como una especie de primera parte de esta, o a esta una reflexión sobre aquella)..

En resumen, un ligerísimo repunte en la carrera literaria de una autora que va a peor y que cada vez tiene menos que contar. No irrita, pero tampoco emociona. Es fría hasta contando recuerdos supuestamente bellos, menos en algún pasaje donde se vuelca y parece abrirse y experimentar una especie de trance sobre la vida, los recuerdos, las personas que fueron importantes y ya solo producen indiferencia, etc. Como diría Heráclito, uno no puede bañarse dos veces en un mismo río.


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miércoles, 28 de octubre de 2015

Nomeolvides, de Pilar Eyre

Editorial: Planeta, 2015
320 páginas
20 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Tras quedar finalista del premio Planeta con Mi color favorito es verte, Pilar comienza una gira promocional de la novela que le producirá tanto alegrías como problemas.

Comentario:

Nomeolvides, quizá por ser la continuación de la anterior novela de su autora, y estar redactada en similar tono, entre lo trascendental, lo humorístico y lo melodramático, puede causar la impresión de que es más de lo mismo: más escenas en las que la protagonista se pone en evidencia, e incluso en ridículo, sin que parezca importante, brotes repentinos y exaltados en los que recuerda su amor obsesivo por Sébastien, aparentes digresiones relatando anécdotas más o menos intrascendentes (gira publicitaria, familia, hijo) etc...

Sin embargo, ese itinerario que recorre desde la concesión del premio hasta la decisión final, es menos caótico de lo que aparenta y, entre momentos inclasificables (los planes para asesinar primero, para heredar el premio, y seducir después al verdadero ganador del Planeta, Jorge Zepeda) y reiteradas alusiones a Sébastien, tanto en el recuerdo como en el anhelo de recuperarlo (para lo que Pilar no duda en recurrir a los métodos que haga falta) la novela avanza hacia su meta.

Esta finalidad es la que da sentido y cierta profundidad a la obra más allá de la historia romántica entre Pilar y Sébastien, las escenas de sexo explícito, las anécdotas que narra sobre la gira promocional o la posibilidad de que todo (o casi) lo que se cuenta sea real, por entretenido y «morboso» que resulte.

Y es que lo que plantea la novela es una decisión, relacionada tanto con Sébastien como con la literatura y la propia identidad, y es lo que da sentido a la obsesión que muestra Pilar durante toda la historia, tanto por el amor romántico como por mostrar, exhibir, una verdad que la llena de satisfacciones (encuentros con fans de lo que narra en Mi color favorito es verte, éxito de ventas, reseñas positivas, posibilidad de traducción a otros idiomas).

Nomeolvides es también la búsqueda de un Sébastien a quien cree perdido aunque no es capaz de aceptarlo ni de rendirse, pese a que todo sugiere que él no quiere volver a verla, y una necesidad de probar que cuenta la verdad, ante la que se encuentra con obstáculos que incluyen la negativa de varios amigos a ayudarla, ofendidos por la imagen que da de ellos en Mi color favorito es verte

Y al final es, sobre todo, una elección, quizá la más difícil de la vida de la protagonista, entre la verdad o la mentira (y las consecuencias de lo que elija), en la que resalta una interesante ambigüedad tanto en los motivos de Sébastien como en los de Pilar, él para hacer su petición y ella para dar la respuesta.

Por cierto, en lo formal se observan comas y puntos distribuidos arbitrariamente por todo el texto y curiosos cambios de los tiempos verbales, incluso dentro de la misma frase, ya sea por error o como una forma de plasmar la caótica personalidad de la protagonista

En resumen, Nomeolvides es una novela que tiene muchas similitudes estructurales con su predecesora, lo que puede dar la impresión, durante parte de su desarrollo, de que no aporta nada nuevo, si bien mejora en su segunda mitad, cuando se percibe con mayor claridad el mensaje que intenta transmitir. Puede satisfacer a quienes disfrutaron la anterior obra de la autora.


Enlace relacionado:




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jueves, 8 de octubre de 2015

Último verano de juventud, de Jorge Javier Vázquez

Editorial: Planeta, 2015
290 páginas
18,90 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Segunda entrega de la autobiografía novelada de Jorge Javier Vázquez.

Comentario (con SPOILERS):

Último verano de juventud es una de esas obras difíciles de clasificar: el propio autor la define como novela tanto en las entrevistas que le han hecho como en la propia narración, aunque también admite que algunos de los pasajes que relata sucedieron y otros no, lo cual la convierte, al menos en parte, en autobiográfica.

Esta especie de «juego» de especular sobre lo que es real, o no, puede funcionar a nivel de producir morbo entre quienes lean la obra (¿De verdad hizo esto o aquello?), aunque también puede restar fuerza dramática a algunos capítulos, puesto que la narración, en primera persona, sugiere sinceridad por parte del autor, una necesidad de mostrarse tal cual es ante su público.

Sin embargo, en sus declaraciones asegura que no todo es real, o que es lo que le dice a su madre para que no se asuste, que su pareja ha escrito varios capítulos contando su propia historia, pero que no todo lo que dice es verdad (es cierto que parte de lo que cuenta no suena creíble), creando confusión y dudas al pretender mezclar realidad y ficción.

Como novela se supone que es una historia de amor: tras relatar varias situaciones, entre las que destaca una crisis existencial, Jorge, que mantiene una aventura con un becario (Izan), se ve «obligado» a elegir entre  dos viajes (Londres o Lisboa), uno junto al joven y otro con «Fermín» (nombre ficticio dado por el autor a su pareja), cuyas consecuencias van más allá de elegir a uno u otro hombre, que simbolizan distintas formas de vida: el becario significa juventud, locura, negativa a madurar y aceptar cosas que atormentan al protagonista (envejecer, perder atractivo físico y oportunidades de hacer locuras) mientras que «Fermín» supone aceptar que es un hombre maduro, asentado, quizá aburrido, quizá fiel a su pareja.

La narración en primera persona impide conocer la realidad de otros personajes («Fermín» e Izan principalmente), cuyas emociones y motivos son deducidos e interpretados por el protagonista: ¿Cómo saber si a Izan le gusta de verdad Jorge o se acerca a él atraído por la fama?

Los continuos saltos temporales, que a veces se dirían caprichosos y no relacionados con la trama principal (la historia de amor), junto a pasajes que  parecen entradas de un diario, dificultan establecer la cronología de los hechos y, por tanto, la evolución de Jorge. También hay capítulos (el matrimonio que se «adueña» de la casa del protagonista, los estudios de la sobrina) que no parecen relacionados con el resto, más propios de una autobiografía o recuerdos que de una novela.

En el apartado supuestamente autobiográfico se mezclan hechos que cualquiera que conozca un poco al autor sabe ciertos, como el enfrentamiento en directo con «La concejala» y «La suegra de un torero», a quienes no se menciona por sus nombres, la cancelación de un día para otro de «El programa que presenté ante de Sálvame» (Aquí hay tomate), o la visita de La Mari al plató del Deluxe, espantada del protagonista, y la madre, incluida, con datos acerca de su afición a la vida nocturna y a diversas sustancias, tal vez a los que se refiere como inventados…

Quizá decepcione a los incondicionales del autor que apenas hable de los colaboradores de Sálvame (se mencionan los nombres de Rosa Benito, Mila Ximénez, María Patiño, Kiko Matamoros y Kiko Hernández), siendo las principales referencias al programa las dedicadas a su relación con los directores y los encuentros con Izan durante algunas pausas publicitarias.

También llama la atención algún pasaje que parece destinado a justificar ciertos actos, como su afición a la bebida:

«Al trasladarme a Madrid bebía para intentar ligar, luego para poder dar rienda suelta a mi morbo y al final para sentirme mal y darle la razón a todos los que me consideraban el ser más abyecto de la historia de la televisión gracias al programa que presenté antes de Sálvame.»

Las dudas sobre su intervención en la obra de teatro basada en su anterior novela, La vida iba en serio,  que ha recibido duras críticas:

«Tenía que confiar en Juan Carlos, aunque, siendo como soy, me preocupaban de antemano los titulares del día siguiente al estreno. Inmediatamente se me vino uno a la cabeza: «La actriz sepulta al presentador». Y luego otro: «Kiti deja en ridículo a Jorge J.». Y otro más, incluso: «¿Es necesario que Jorge J. salga en su función?».
Sé que me están esperando. Y que me van a examinar con lupa. Suponía que tantos años en primera línea de batalla me habían inmunizado contra la mala leche, pero me equivocaba.»

La percepción sobre su programa anterior, tan similar al actual:

«Después de tres años en antena, el programa se olvidó de divertir y viró hacia lo sórdido. Y la audiencia no solo no desertó, sino que cada vez era más masiva. Como la audiencia nos legitimaba, considerábamos que no estábamos cometiendo ninguna equivocación. Pero las cometimos. ¡Más madera! ¡Es la guerra! Y nosotros la repartíamos.
De la noche a la mañana, repito, de la noche a la mañana, comenzaron a lloverme palos. Ganados a pulso. Y no supe gestionarlos.»

O lo que comenta con La Mari tras la escena en el Deluxe:

«—Que sea la última vez que vienes a un plató de televisión.
—Hijo, si es que se ponen muy pesados. Tú no sabes la cantidad de veces que me han llamado.
—¡Y las que te llamarán! Es su deber. Llamar. Embaucar. Engatusar. ¿No entraste ya el lunes por teléfono en Sálvame para desearme felices vacaciones?
—¡Porque me llamaron! Porque tu amigo David, el director, me dijo que te haría mucha ilusión.
—Se expresó muy mal. Tendría que haberte dicho que le hacía ilusión a él, no a mí.»

«Me dieron ganas de explicarle que para ella la televisión es un juego, un lugar mágico en el que la peinan y la maquillan. Y ese juego continúa al día siguiente porque no para de recibir llamadas diciéndole lo guapa que ha salido, y cuando sale a la calle las vecinas la piropean sin cesar. La estrella del barrio. Pero jugar también implica riesgos: convertirse en objeto de comentarios crueles o despectivos, o en motivo de chanza para que ingeniosos tuiteros se luzcan en ese lodazal en que se ha convertido gran parte de internet. Y a estas alturas de mi carrera, lo que menos me apetece es tener que lidiar también con las críticas que pueda recibir mi madre, por si no tuviera ya bastante con las mías.»

Aunque intente minimizar los daños con las mencionadas declaraciones acerca de la veracidad de parte de lo que se relata en la obra, también hay que reconocer al autor cierto valor para arriesgarse a que se considere que la imagen que da de sí mismo como alguien egocéntrico, superficial, inmaduro, egoísta, frívolo, cobarde etc… es real.

Como su predecesora, La vida iba en serio, esta historia puede interesar, por distintos motivos, tanto a detractores como a admiradores de su autor.

***T***


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martes, 3 de marzo de 2015

Viajes por el África Occidental, de Mary Kingsley

Viajes por el África Occidental
Travels in West Africa
Mary H. Kingsley
Círculo de Lectores
Traductor: José Luis Moreno - Ruiz
Páginas: 364



Sinopsis:

En 1895, Mary Kingsley realiza un viaje a los territorios del África Occidental, bajo dominio europeo, para recoger muestras de peces y otras actividades científicas. Esta experiencia hará que se enamore de África y regrese para un viaje posterior.


Comentario:

Esta obra de no ficción, escrita por una mujer de la era victoriana, una inglesa que no tenía instrucción formal sino que era del todo autodidacta pese a ser hija de un doctor, escritor y viajero, presenta un doble interés, por un lado conocer la visión europea del mundo africano en pleno periodo colonial y por otro descubrir las aventuras de una mujer excéntrica y adelantada a su época que fue capaz de realizar expediciones por ríos, selvas y montañas peligrosas, entre tribus nativas, caníbales incluidos sin inmutarse, manteniendo casi la imagen icónica de la típica inglesa del XIX, con su sombrilla y su té en medio de una intrincada foresta.

En esta obra, las observaciones de Mary no resultan a veces demasiado científicas, aunque se supone que la excusa para los viajes era recopilar especies de peces y de plantas. Se centran más bien en su experiencia personal, con lo cual abundan pasajes subjetivos donde describe paisajes y estados de ánimo, algunos de gran plasticidad. La propia autora cuenta que llevaba también un diario científico, lo que explica que se centrara más en la parte digamos aventurera. Sin embargo, algunos de los capítulos se centran en aspectos más antropológicos y nos explican el mundo de creencias y costumbres de algunas tribus, sin cortarse al describir hechos bastante macabros como determinados actos de canibalismo.

Llama la atención el gran humor destilado por la autora, cuyos comentarios jocosos hacen más amena la lectura, a veces un poco pesada, debido al exceso descriptivo. Por ejemplo, nos cuenta una ocasión en la que tuvo que quitarse la camisa mojada y quedar con los pechos al aire delante de sus porteadores negros o la anécdota del oficial alemán que la invitaba a su casa y que según ella, trataba de seducirla.

Al tratarse de una obra de no ficción, un diario de viajes, la falta de estructura narrativa pesa un poco en algunos pasajes, que resultan algo repetitivos. Sin embargo, se mantiene el interés por esos toques personales y por las opiniones de la viajera, a quien, por cierto, no gustaban mucho los misioneros. En líneas generales se muestra como una mujer muy racional y escéptica en cuanto al mundo espiritual y religioso, aunque su actitud hacia los nativos y sus creencias era de respeto. Así pues critica a los europeos que quieren cambiarlos e imponerles sus modos de vida y de pensamiento. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, tenía una consideración positiva de los africanos, y no los veía como inferiores.

La descripción del mundo colonial africano es interesante. No se priva de comentar sobre los diferentes modos de hacer según las nacionalidades de los colonizadores. Sus favoritos son los franceses, incluso sobre los alemanes. Se intuye una cierta crítica al proceder de sus compatriotas aunque no brutal, por supuesto.

Esos libros de viajes tuvieron un gran éxito en su país, a su pesar, ya que no le gustaba mucho la fama. Irónicamente, el amor de Kingsley por África fue la causa de su muerte. Ella que se enfrentó a cocodrilos, tormentas, caníbales y demás peligros, terminó sucumbiendo en la guerra de los Bóers, a donde había acudido como enfermera, víctima del tifus.

En resumen, lo mejor del libro es la mera existencia de una mujer tan arrojada como esta y las impresiones que nos dejó de un mundo para ella totalmente nuevo y hostil. Para seguidores de las aventuras reales.

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jueves, 8 de enero de 2015

El Balcón en Invierno, de Luis Landero

El balcón en invierno
Luis Landero
Tusquets Editores
245 páginas

 
Sinopsis:

Un escritor (el propio Landero, imagino), ante la crisis de la "página en blanco", empieza a recordar su infancia y adolescencia. Y solo trata de eso.


Comentario:

La última novela de Luis Landero me ha parecido la peor de las que he leído de él. A años luz queda la famosa "Juegos de la edad tardía" que lo catapultó a la fama. También es cierto que tras esa, su producción, escasa, ha estado por debajo de lo esperado, manteniéndose, no obstante, en un nivel aceptable o incluso destacable (aunque con cierta tendencia a la "densidad" de prosa y al exceso descriptivo). "El balcón en invierno", sin embargo, no es ni siquiera una novela, si entendemos como tal un relato con inicio, nudo y desenlace, conflictos, intriga, etc.

No podría decir que esta obra es un bodrio o una basura. No cabe duda de que está bien redactada (¡qué menos!), muestra un extenso vocabulario relacionado con el mundo rural del que proviene el autor, muchos de cuyos términos ya se han perdido para siempre, tiene algún tropo logrado, algún destello de genialidad y buena escritura. Pero eso no es suficiente.  Y más cuando se espera un tour de force o una obra a la altura de su renombre.

El contenido no es nada original y más bien parecen unas memorias (dicho menos finamente: el autor nos cuenta su vida, que, por desgracia, tampoco es un ejemplo de aventura y exotismo). Dejando aparte la decoración o maquillaje que haya podido hacer sobre los hechos, estamos ante una obra de no ficción, que trata de hacerse pasar por ficción con trucos como el del primer capítulo, presentar a un autor en crisis y crítico con la literatura, casi depresivo, en un momento crepuscular de su existencia que parece el protagonista pero no lo es. Sus reflexiones me han parecido lo mejor de la obra, pero luego no profundiza en ellas y queda el asunto literario/metaliterario como en el aire.

Landero regresa al pasado y nos cuenta historias de pueblo, de familias, de gallinas en el huerto, de campesinos emigrados a la ciudad, de primos inventores, de postguerra (sí, postguerra otra vez), en un estilo arcaico (que los críticos llaman "cervantino") y nostálgico, adecuado al tipo de situaciones descritas, pero que no aporta tampoco nada nuevo a su producción ni a las letras españolas. Puede haber gente a la que le guste, no lo niego. Es tan real como la vida misma y seguro que todos tenemos abuelos y padres que han experimentado vivencias similares.

El libro, todo hay que decirlo, no aburre en ningún momento, ya que está bien escrito y eso disimula un poco el vacío y la falta de ideas. Recurrir a la propia vida y contarla tal cual suena a recurso de quien ya no sabe qué contar ni para qué, ni más ni menos como el alter ego del autor que aparece en el primer capítulo y luego en escasas ocasiones a lo largo de la narración.

Otro punto positivo es que es breve...

En resumen, unas memorias de estilo retro, bien escritas, pero dirigidas básicamente a degustadores de prosas con aire antañón  y a los fans de Landero, si es que anhelan conocer los avatares de su vida, tan común y corriente como la del resto de los mortales.

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