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lunes, 4 de septiembre de 2017

Frente al espejo, de Terelu Campos y Kike Calleja



Editorial: Ediciones B, 2017
288 páginas
19.50 €
Ebook: 5,49 €

Argumento:

Terelu Campos relata distintos pasajes de su vida, personales y profesionales.

Comentario:

Frente al espejo es, más que una biografía, el resultado de una serie de entrevistas que abordan algunas de las vivencias más conocidas de su protagonista con la intención aparente de dar su versión de los hechos. Al parecer, fue Kike Calleja (quien aparece como coautor) el que sugirió la posibilidad de escribir el libro y presentó a la interesada un guión con los temas a tratar, siendo su cometido hacer las preguntas y transcribir sus respuestas.

Ordenado en capítulos más o menos temáticos, se observa una redacción relativamente correcta (hay repeticiones de información y frases desordenadas, difíciles de entender, que merecerían una revisión más profunda), nada destaca, se salta de una situación a otra sin un orden o estructura reconocibles que den fluidez a la narración o enlacen cada experiencia con el resto. Ni siquiera se aprovecha el sugerente título que pone a la protagonista frente a un espejo para intentar hacer algo creativo, coherente.

Durante la primera mitad del libro se presentan hechos ya conocidos, tratados, discutidos y cuestionados en Sálvame, programa en el que colabora la autora: si le ha sido perjudicial o beneficioso ser hija de María Teresa Campos, lo sucedido a su padre, el paso por Gran Hermano Vip y Las Campos, la enfermedad, el aumento de peso y consecuente cambio de imagen, la insatisfacción por ser colaboradora en lugar de presentadora (perder el Deluxe), la actitud ante las críticas, la supuesta soberbia, rehuir el conflicto en el trabajo etc…

Las novedades en torno a todos estos conflictos son escasas, apenas algún detalle que pueda sorprender a quienes conozcan la trayectoria de la protagonista. Da las mismas explicaciones y aclaraciones que ya ha esgrimido en distintos programas de televisión en los últimos años. Y lo hace a la defensiva, intentando justificarse, con un tono a veces autocompasivo, el inevitable toque de egocentrismo presente cuando se relata la propia vida, y la necesidad de ser creída y reivindicada, comprendida.

Cuando parece que va a ser más de lo mismo, el rumbo de las confidencias cambia, hay relatos de su niñez, de la relación con la abuela materna, Concha Luque (emotiva), con el padre, con su hermana Carmen. Habla de sus dos maridos, Miguel Ángel y Alejandro Rubio, de su hija Alejandra. Si bien son anécdotas de cierta sencillez, con las que intenta no hacer daño a ninguna de las personas implicadas, asoma en ellas otra Terelu, más divertida, con cierto humor e ingenio, casi irónica, simpática, cercana, humana. Alguien con quien es posible empatizar.

Son estos capítulos, menos de la mitad de la extensión de la obra, los que, hasta cierto punto, la salvan, evitando que parezca una simple recopilación de algo ya sabido. Se percibe incluso otro tono en la redacción, una soltura y espontaneidad que se agradecen.

En resumen, Frente al espejo es un libro para quienes les interese la autora, ya sea por admiración o por deseo de criticarla, con una redacción torpe y anodina, en el que la mayor parte de lo que se relata ya se sabe y solo en algunos momentos deja ver la personalidad de Terelu Campos.

El libro incluye un prólogo escrito por Raphael y una selección de fotos personales de la autora. 

Cita:


«Incertidumbre, también, por saber si podré recuperar mi profesión: creo que soy mejor presentadora que colaboradora. Aunque he de decir que en estos siete años he aprendido mucho. Pero soy una colaboradora incompleta. Incompleta por mis principios, por mi forma de ser, por no saber manejarme bien en el conflicto; porque siempre voy a anteponer el sentido de la lealtad con los que quiero. Por priorizar el no hacer daño. Por evitarlo. Algunos califican esa actitud como una postura fácil. Pienso que el silencio no siempre es cómodo: a veces es la más complicada de las posturas. Es un autocontrol para no hacer daño; para no hacértelo. Sobre todo cuando respetas esas informaciones que tú sabes que se han obtenido desde la confianza, el cariño y el respeto. En ocasiones, es menos complicado dar un golpe en la mesa que apretar los puños y callar.»


***T***


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lunes, 3 de julio de 2017

Tú también puedes: cómo conseguí perder 60 kilos y ganar salud, de Carlota Corredera

Editorial: Grijalbo Ilustrados, 2017
224 páginas
18.90 €
Ebook: 8.99 €

Argumento:

La autora detalla cómo perdió 60 kilos de peso.


Comentario:

Con una narración tan correcta como aséptica (no consigue emocionar ni en los momentos más emotivos), la autora relata, como dice en el título, de qué forma logró bajar de peso. Aunque, antes de llegar a esto (qué dieta siguió, tratamientos, ejercicio), desgrana pasajes de su vida, desde la infancia y adolescencia hasta la edad adulta y el momento en el que por fin, tras tener a su hija Alba, decidió adelgazar, por salud (apenas se hace alusión a los comentarios que se hicieron sobre su físico en redes sociales).

En la parte autobiográfica, poco añade que no hubiera contado ya en diversos programas y revistas, incluidas pérdidas familiares y vida profesional, y hasta reproduce pasajes de la primera entrevista concedida después del parto, tras la que recibió mensajes de apoyo de mujeres en situación similar a la suya y una llamada de la marca de productos de dieta con los que consiguió bajar de peso. Si a esto se le añaden las muchas (muchas) fotografías que acompañan al texto (la autora de niña, adolescente y adulta. Con más o menos peso. De boda, embarazo y con bebé, en la actualidad, etc…).

No es hasta transcurridos unos dos tercios de la obra que aborda el «cómo conseguí perder 60 kilos y ganar salud» del título, desde el nombre y características de la dieta seguida, con sus correspondientes cantidades y opciones y la forma en qué cambiaba según bajaba de peso, las pruebas que le hicieron y los cuatro programas de ejercicios que hacía (acompañados de más fotos suyas realizándolos).

Para acabar incluye los testimonios de su equipo. La doctora especializada en nutrigenética y los análisis y estudios a los que la sometió antes de iniciar la dieta, la entrenadora personal y el ejercicio que aún hace, la doctora que le preparó la dieta personalizada, o el esteticista encargado de hacerle el drenaje linfático manual (DLM).

En cuanto a la primera parte del título, ese «Tú también puedes», reacciona a las críticas acerca de los métodos seguidos para lograr su objetivo y afirma que:

«No solo se trata de dieta y ejercicio. Los sacrificios y las renuncias por una buena causa, la mejor de todas —tu salud—, solamente se superan con la fe: la fe en uno mismo, la fuerza que te da creer que otra vida es posible. Pero nadie regala nada. Ni la fuerza de voluntad se puede comprar con dinero. Por eso no pienso permitir que nadie le reste méritos a mi victoria.»

«Desde el momento en que anuncié públicamente que había recuperado la salud al perder 60 kilos de peso y rebajar en siete niveles la grasa visceral, empezaron a oírse las primeras voces que apuntaban a que el mérito de mi victoria tenía un nombre: dinero. Entiendo que no todo el mundo esté dispuesto a asumir que otra vida también es posible. Incluso puedo entender que cualquier excusa es buena para retrasar el momento de echarle huevos u ovarios y cambiar los hábitos que nos hacen tan infelices y sobre todo acarrean riesgos graves para la salud. Podría recordar algo tan obvio como que hay gordos y obesos con gran poder adquisitivo.»

Sin embargo también habla de tratamientos que solo se pueden llevar a cabo con un dinero que no cualquiera tiene: Entrenadora personal y fisioterapeuta, dos clases de hora y media a la semana. Esteticista que le trató múltiples edemas y retención de líquidos, grasa acumulada que ablandar y flacidez del cuerpo y la cara. Los productos de la dieta que sigue. Los drenajes linfáticos manuales. La carboxiterapia.

Y habla de la importancia de la estética, de la lucha contra la flaccidez de cara y cuerpo: «Teniendo siempre claro que la salud es la prioridad absoluta y el invariable objetivo, es importante que la pérdida de la maldita grasa no nos desfigure el rostro ni lo deje enjuto. Al igual que se lucha contra la flacidez del resto del cuerpo, hay que batallar contra la del óvalo.»

Se echa en falta profundizar en los motivos psicológicos que llevan a un sobrepeso exagerado, su tratamiento y su imagen ante la sociedad, aunque hay un par de apuntes de interés:

«El poder adictivo de la comida, en especial de determinados alimentos, no está nada reconocido en nuestra sociedad. Con los adictos a las drogas, al alcohol, al juego, al sexo o a las tecnologías se suele ser relativamente comprensivo. Se les intenta justificar y se buscan respuestas a por qué se han enganchado sin juzgarlos demasiado. Quizá huían de un dolor profundo, a lo mejor llenaban con esa adicción un vacío vital, probablemente se apoyaban en ese vicio para superar alguna pérdida... Con la comida no sucede así. A las personas obesas no se las considera enfermas. Son vagas, glotonas, sedentarias, tragonas, dejadas, zampabollos, abandonadas.»

«La obesidad es una enfermedad muy grave y muy peligrosa, tanto que es mortal. Y no, la gente no está gorda porque quiere. A las personas que sufren este problema no les basta solamente con un: «Camine más y coma menos». Detrás de una persona con un gran sobrepeso hay alguien que tiene que convivir cada día con una relación tóxica con la comida.»

En resumen, «Tú también puedes: cómo conseguí perder 60 kilos y ganar salud» aporta pocas novedades en cuanto a cómo perder peso (dieta ―una u otra― ejercicio, tratamientos reafirmantes) más allá de la marca de alimentos que consume la autora, y anécdotas superficiales y ya conocidas de su vida con un componente exhibicionista y egocéntrico quizá inevitable en este tipo de obra.


Cita:

«Todos los días comemos varias veces. Es una necesidad fisiológica primaria. Hay comida en todas partes. No hace falta acudir a ningún camello para conseguir tu dosis. Tu droga está en la nevera, en la despensa, en los supermercados, en los bares, en los quioscos, en los restaurantes, en los anuncios de televisión, en las pastelerías, en las máquinas expendedoras de la oficina, en los colmados, en las carnicerías, en las pescaderías, en las pizzerías, en la tienda de la esquina, en las heladerías, en las hamburgueserías... Comida por doquier, accesible a cualquier hora, en público y en privado, para celebrar las alegrías y para ahogar las penas. Y ese es el escenario en el que hay que sobrevivir, conviviendo a todas horas con tu problema, controlando tus impulsos, castrando tus instintos, renunciando a tu placer favorito, a lo que te hace disfrutar de verdad.»



***T***


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miércoles, 26 de abril de 2017

La parte escondida del iceberg, de Màxim Huerta

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
380 páginas
19.90 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

Max regresa a París para intentar recordar, y olvidar, un amor perdido.

Comentario:

«La parte escondida del iceberg» es una obra difícil de clasificar (aunque el autor la define como «novela»), indecisa, sobre todo, entre la guía turística de París, la autobiografía más o menos sincera centrada en la pérdida de un amor y el intento de asumirlo, y la creación literaria, pasajes en los que se comentan los motivos del autor para escribir, sus temas recurrentes, anécdotas sobre novelas anteriores etc...

En la parte dedicada a París, personaje que comparte protagonismo con Max, quien está escribiendo una novela sobre el recuerdo y el olvido, recordar para olvidar y crear nuevos recuerdos, o algo así, el protagonista recorre calles, cafés, monumentos, barrios, cuenta lo que bebe, lo que come, las conversaciones intrascendentes con camareros acerca de cómo quiere la bebida, lo que otros escribieron sobre la ciudad, canciones y cantantes franceses, con especial atención a Jacques Brel y su canción Ne me quitte pas (No me dejes), titulo de la anterior obra del autor. Lamentablemente, si la intención es mostrar París, o su París, a alguien que no la conozca, no se logra, e incluso puede producir el efecto contrario al buscado, al hacer que parezca solo una sucesión de nombres más o menos conocidos.

Los pasajes dedicados al amor perdido y a la lucha entre intentar recordar y olvidar, comprender y sanar, son deliberadamente inconcretos (quizá por tratarse de hechos reales, por pudor, cobardía, prudencia o algún otro motivo), llenos de vaguedades, y divagaciones, repeticiones de conceptos, intenciones y emociones, en las que no por decir no menciona ni el nombre ni el género de esa persona (veintitrés años, largo cabello rubio, ojos azules), apenas hace referencias (en un momento dado le pide que hable con sus contactos para ayudarle en su profesión de modelo, algo que Max considera lógico y normal) a cómo era la relación, a su desarrollo y final. Este tipo de relato puede satisfacer a quienes tengan facilidad para identificarse emocionalmente, y tal vez menos si se prefieren ejemplos, escenas, situaciones, motivos, algo más novelado.

La faceta autobiográfica se extiende además a la infancia de Max, la familia, el trabajo y la literatura. El autor ha afirmado que se entenderá por qué dejó «El programa de Ana Rosa», si bien no aporta detalles que no se pudieran deducir viendo su despedida en este programa o declaraciones posteriores. Igualmente, la relación con sus progenitores y con la familia materna se deja intuir en novelas anteriores («La noche soñada»).

En cuanto a la parte metaliteraria, que incluye tanto las referencias a novelas que tienen a París como protagonista como citas de varias obras y autores, quizá lo más interesante se encuentre en el relato de los temas recurrentes del autor (algunos, como París, la familia, la niñez, el recuerdo, el olvido, son fácilmente identificables cuando se han leído varias de sus novelas), la forma en que se documenta (cuenta cómo encontró el cartel que da origen a «Una tienda en París» y otros detalles relacionados con su desarrollo) y los motivos por los que escribe y se considera escritor.

 «Escribo novelas para inventarme personajes, inventarme la vida y liberarme de algunos fantasmas; ahora —redundancia— soy yo el personaje hasta que cierres este libro. Luego callaré y me negaré a responder preguntas. Pero ahora que me lees, confieso que ando con cuidado buscando palabras para darle sentido a un sinsentido: su ausencia. Qué fácil era escribir sobre otros. Qué difícil resulta narrarse a uno mismo.»

En resumen, «La parte escondida del iceberg» es una obra que su propio autor define a veces como novela, otras como autobiografía o autoficción, perjudicada por el exceso digresiones, citas de obras ajenas, enumeraciones de lugares, saltos temporales confusos, situaciones inconcretas, continuas repeticiones de datos ya comunicados, pero, sobre todo, por un exceso de pudor, o lo que sea, del autor, que se refugia en vaguedades, dificultando la identificación con los pasajes más emotivos, personales, sentimentales, de la historia que pretende transmitir.


***T***


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jueves, 30 de marzo de 2017

No soy un monstruo, de Carme Chaparro

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
336 páginas
19.90 €
9.99 €

Argumento:

Kike, un niño de cuatro años, desaparece de un centro comercial en el que estaba con su madre, lo que revive un hecho similar sucedido años atrás. La inspectora jefa Ana Arén y la periodista Inés Grau investigan el caso.

Comentario:

Cuando se lee una primera novela, como es «No soy un monstruo»,  cabe esperar que la inexperiencia propicie errores de todo tipo y de diferente importancia. En el presente caso varios de ellos son formales, como la repetición de información ya aportada (la descripción de la comisaría en la que trabaja Ana,  incluida una sala en la que interrogan a los sospechosos, que, además, pasa de ser la tres a la dos de una mención a la siguiente. O la descripción del programa NeuroQWERTY, importante en la resolución del misterio, cuyas características se reiteran en un par de ocasiones).

También puede resultar difícil decidir cuánta información «biográfica» de los personajes incluir (La vida de Laura no es relevante para la historia y en el retrato de Ana es pertinente lo que sucedió cuando ella estaba en la academia de policía y no lo es la historia familiar más lejana, incluyendo a su antepasada Paulina, homenaje de la autora a su tía fallecida, del mismo nombre) o en qué momento contar ciertos detalles (la primera escena en la comisaría es un batiburrillo confuso de datos, alguno de los cuales quizá sería oportuno posponer hasta el momento en que se necesiten, como la mencionada sala de interrogatorios).

Aunque hay varios puntos de vista, de mayor (Inés, Ana) a menor (Laura, Joan, Nori, Sam, Patricia, Jesús, RICHI) importancia, son la periodista y la policía quienes llevan el peso de la historia, una en una primera persona bien llevada, quizá, en parte, por su carácter mayoritariamente emocional, y la otra en una tercera más convencional, que se aprovechan para tratar temas que van más allá del misterio.

Entre estos destacan el morbo que pueden generar las desgracias ajenas (la nota final es buena muestra) o el mundo del periodismo y la literatura (Inés) al funcionamiento del entramado policial (Ana). Se incide además en la maternidad (con sus miedos y responsabilidades) y la pérdida (emotiva la declaración de Lucía que presencia Inés al comienzo de la novela), tramas que, si bien enriquecen la historia, y la dotan de profundidad, en ocasiones desvían la atención de la estrictamente policíaca.

«Los adictos la miraban embobados. Enganchados a esa historia como yonquis a la heroína. Cerraban los ojos por pudor, pero también para disfrutar más, concentrándose solo en el fluir de la droga por sus venas. Yo también, la verdad. Quizá por eso las reuniones de ese tipo tenían siempre tantos asistentes, porque las personas necesitábamos cada día nuestro chute de desgracias ajenas. Somos adictos al dolor de los demás. ¿Era yo también así? ¿Me hacía falta el dolor ajeno para sentirme bien? ¿O quizá para trabajar?»

Que Inés, pueda ser considerada, de alguna manera, como alter ego de la autora (ambas son periodistas, han escrito una novela, son madres…) suma interés a la parte metaliteraria de «No soy un monstruo», que incluye reflexiones sobre el mundillo literario:

«Como a toda persona medio famosa, hacía años que las editoriales me perseguían. Escribe, escribe, escribe. Te damos el argumento, me decían algunas. Te damos las ideas que quieras, me decían otras. Te ponemos a un escritor que te ayude, me propusieron también. Yo sabía —para qué nos vamos a engañar— que no me perseguían solo porque supiera contar muy bien las historias, sino porque querían aprovechar la fama que me daba la tele. Para vender más libros, claro. El mercado literario está así de jodido y si eres famoso, vendes más. Da igual lo que hayas escrito.»

 La autora ha declarado en varios medios que lo primero que escribió de la novela fue el final, basado, como el inicio, en noticias que ella misma había contado en el informativo, y se nota. La estructura de la historia es impecable, los giros en la investigación, la mayoría sorprendentes e inesperados, están justificados de forma creíble, los momentos en que se pospone una revelación no se alargan en exceso, y todo fluye hacia una conclusión narrada de forma progresiva, permitiendo aceptar poco a poco la realidad, que impulsa a releer ciertos pasajes para comprobar si se habían dado pistas de lo que iba a suceder. Y si, a veces son muy sutiles, pero ahí están.

En resumen, «No soy un monstruo»  cuenta una historia de misterio de las que «obligan» a seguir leyendo para conocer lo que pasa (sobre todo en el último tercio),  y la dota de profundidad con la inclusión de otras tramas, como la metaliteraria y la crítica social. Y además está bien escrita.

 «No soy un monstruo» es la obra ganadora del Premio Primavera de Novela 2017.


***T***

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lunes, 20 de marzo de 2017

A menos de cinco centímetros, de Marta Robles

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
344 páginas
19.90 €
Ebook: 9.99 €

Argumento:

Katia Kohen contrata al detective Roures para que pruebe que el famoso escritor Armando Artigas asesinó a su madre , con quien había tenido una aventura, y a otras tres mujeres más.

«A menos de cinco centímetros» es una novela detectivesca clásica, que incluye muchas de las características del género: su protagonista, Tony Roures, es un sexagenario ex corresponsal de guerra que investiga infidelidades hasta que llega un caso capaz de «redimirle» de un pasado que le hace sentir culpable. Solitario, fracasado, romántico, no tarda en sentirse atraído por Misia Rodríguez, víctima potencial, bella e interesante, a quien desea salvar.

Este reconocido alter ego de la autora (Roures, como Carvalho, al que ha declarado homenajear, se traducen como Robles) aporta además la crítica social que se asocia a este género mediante reflexiones sobre la guerra, la trata de personas, el Holocausto o la prostitución, muy presentes en  los capítulos narrados desde el punto de vista del detective.

Los otros protagonistas, Misia Rodríguez y Armando Artigas, además de sus roles de posibles víctima y asesino, protagonizan la trama «romántica» (pasión, sexo), y la mayoría de las escenas eróticas, algunas de ellas más significativas que otras, casi todas breves y sin caer en el mal gusto. Y también reflexionan sobre literatura, Armando como autor («Escribir una mala novela es muy difícil. Y escribir una buena es un milagro. La diferencia entre una y otra es la emoción. Y ni siquiera eso garantiza su éxito. Por eso solo hay que contar aquello que uno querría leer. Nada más. No existen fórmulas mágicas, salvo, tal vez, tener algo que decir y una mirada propia a la hora de decirlo») y Misia, esposa de un editor, como lectora («Ahogó sus penas entre esas palabras escritas que un día le enseñaron a llorar y a vivir en mundos paralelos»).

El resto de los personajes: Katia Kohen (contrata al detective), Isabel (periodista, parte del pasado traumático de un Roures en busca de redención) Alfonso Benítez y Miguel Atance (amigos de confianza de Artigas) o Carlos Rothman (marido de Misia) cumplen su cometido como secundarios necesarios para que avance una historia en la que los flashbacks que muestran la relación de Armando con varias de las mujeres supuestamente asesinadas no parecen aportar gran cosa a la novela.

Las continuas referencias a cómo visten los personajes (Misia y Armando), si bien se dirían utilizadas a modo de caracterización y contraste, un largo listado de títulos y características de libros, o los mencionados flashbacks, llega un momento en el que obstaculizan la fluidez de la narración más que enriquecer la historia. En cuanto a la resolución del misterio, la escasez de personajes con posibilidades de haber cometido los crímenes es tal que no resulta difícil, para quienes lean habitualmente este género, deducir su identidad incluso antes que Roures. El motivo, en cambio, es casi imposible adivinarlo, quizá por su carácter rebuscado, del que no se dan indicios.  

En resumen, «A menos de cinco centímetros» es una novela correctamente redactada que contiene los elementos habituales de las novelas de detectives clásicas, con varios altibajos de ritmo, algún cabo suelto (¿Qué ocurre con cierto libro tras publicarse?), un desenlace de interés creciente resuelto de manera convencional y un final agridulce acorde con el género al que pertenece.


***T***


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viernes, 3 de marzo de 2017

Open: Memorias, de Andre Agassi

T.O.: Open. An Autobiography, 2009
Editorial: Duomo ediciones, 2014
Traducción de Juanjo Estrella González
480 páginas

Argumento:

Autobiografía del tenista Andre Agassi.

Comentario:

Tenis, tenis y más tenis. La autobiografía de Agassi gira en torno a este deporte, y abarca todas las facetas de su vida, dominada por la inevitabilidad de jugar, competir, ganar y perder, luchar por ser el mejor.

El autor relata cómo comenzó a entrenar obligado por la obsesión paterna de cumplir en el hijo un sueño que no había logrado por sí mismo. Los duros entrenamientos a los que se sometía, el lento progreso hasta hacerse conocido, el detallismo con el que relata algunos de los partidos (juego a juego, golpe a golpe) o la relación con varios de sus compañeros, desde pelotear siendo niño con su admirado Björn Borg y la arrogancia de Jimmy Connors, a los enfrentamientos con su némesis, Pete Sampras, entre otros (Roger Federer, Boris Becker, Rafael Nadal…).

También se recrea en las manías o rituales antes de entrar en la pista, sus entrenadores, que llegan a ser parte de su familia, las lesiones, el sufrimiento que soportaba en algunos partidos, los viajes por el mundo en busca de la siguiente competición, la soledad, detalles que satisfarán a quienes interese especialmente la faceta deportiva del protagonista.


Además, la obra incide, sobre todo en su primera mitad, en la compleja relación entre el tenista y su progenitor, un hombre implacable decidido a que el muchacho triunfase (el autor rememora repetidamente sus enfrentamientos una máquina lanzapelotas modificada, a la que llama el dragón, y le hace sentir diminuto, desvalido), con quien mantiene una relación entre el amor y el odio similar a la que tiene con el tenis.

«De pronto mi padre disponía ya de su pista de tenis en el patio trasero, lo que significaba que a partir de entonces yo ya tenía mi cárcel. Yo mismo había alimentado a quienes habían construido mi prisión. Había ayudado a pintar las líneas blancas que servirían para confinarme. ¿Por qué lo había hecho? No tenía otra opción. Ésa es la razón por la cual hago todo.»
«Después de años oyendo a mi padre despotricar contra mis fallos, una derrota ha bastado para que yo mismo asuma sus críticas. He interiorizado a mi padre –su impaciencia, su perfeccionismo, su rabia– hasta que su voz no sólo suena como la mía, sino que es la mía. Ya no necesito que mi padre me torture. A partir de ese día, eso puedo hacerlo yo solito.»

También se dedica espacio a las mujeres de su vida, desde un primer amor por Wendi, una recogepelotas de su edad, hasta sus matrimonios con Brooke Shields (ella le convenció para que dejase de ponerse peluca y se afeitase la cabeza) y Steffi Graf, relaciones que parecen predestinadas y relata en cierto detalle, sobre todo la de Stefanie, quien es la primera persona que entiende y  comparte su relación con el tenis («Hablamos de tenis por primera vez. Cuando le digo que odio el tenis, ella se vuelve hacia mí con un gesto que significa: pues claro. ¿No lo odiamos todos?»).


Andre Agassi, Stefanie Graf, Jaden y Jaz (Fotografía: John C. Russell)

«Esa noche, tras celebrarse la final, tiene lugar el famoso Baile de Wimbledon. Llevo años oyendo hablar de él, y me muero por asistir, porque el ganador baila con la ganadora de la final femenina y en esa edición, como en casi todas las celebradas en los últimos tiempos, la ganadora es Steffi Graf. Yo me enamoré de ella desde que la vi concediendo una entrevista en la televisión francesa. Me impactó, me deslumbró su gracia discreta, su belleza natural. Era como si su aspecto, de algún modo, mostrara que olía bien. Y, además, que era buena, una persona intrínseca, esencialmente buena, llena de rectitud moral y de una clase de dignidad que hoy ya no existe.»

Destaca la estructura de la obra, que empieza por un final (la inminencia del último partido antes de la retirada) para luego relatar el inicio de su carrera, a los siete años, y termina con un comienzo, el de la escuela que ha construido en Las Vegas.
 «Juego al tenis para ganarme la vida, aunque odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión, y siempre lo he detestado.Cuando este último fragmento de mi identidad encaja en su lugar, me pongo de rodillas y susurro: por favor, que acabe todo esto.Y después: no estoy preparado para que acabe todo esto»


Las memorias, escritas entre Agassi y J. R. Moehringer (premio Pulitzer de periodismo y autor de su propia autobiografía,  El bar de las grandes esperanzas, obra que impresiona al tenista y motivo por el que le pide ayuda para escribir la suya), están narradas en primera persona y presente, con algún que otro salto temporal, sin guiones para indicar los diálogos, aunque no resulta difícil de leer.

En resumen, Open es una autobiografía irregular (dependiendo de qué faceta de la vida del autor interese más), con altibajos (demasiados relatos de partidos), a veces superficial y otras profunda que, más allá del deportista de élite, muestra a la persona, con sus contradicciones, intensidad, dudas, pasión, sufrimiento, romanticismo. Y es que, si bien el tenis parece el tema principal, trata de la vida, como dice Agassi en las palabras que quiere dirigir a los alumnos de la primera promoción de su escuela:

«La vida es un partido de tenis entre extremos opuestos. Ganar y perder, amar y odiar, abrir y cerrar. Reconocer pronto ese doloroso hecho ayuda. También hay que reconocer los extremos opuestos que hay en nosotros, y si no podemos entregarnos a ellos, o reconciliarnos con ellos, debemos al menos aceptarlos y seguir adelante. Lo único que no podemos hacer es ignorarlos.
¿Qué otro mensaje espero poder transmitir? ¿Qué otro mensaje podrían esperar ellos de alguien que dejó el colegio a los catorce años, y cuyo mayor logro, el logro del que más orgulloso se siente, es esta escuela?»


***T***

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jueves, 7 de abril de 2016

Olvidé decirte quiero, de Mónica Carrillo

Editorial: Planeta, 2016
320 páginas
19,50 €
Ebook; 12,99 €

Argumento:

Malena rememora su relación con Mario.

Comentario:

«Olvidé decirte quiero» tiene bastantes similitudes con la primera novela de su autora, «La luz de Candela»: narración en primera persona con distintos puntos de vista (en esta solo Malena y Mía), inclusión de breves relatos o poemas, generalmente al final de cada capítulo (que poco o nada aportan a la historia), o el amor romántico basado en la dependencia que sienten la protagonistas por hombres que no las merecen (Manuel en la otra y Mario en esta, son incapaces de amar, y definidos por ellas en base a su atractivo físico y a sus dotes amatorias), de la que intentan liberarse relacionándose con otros hombres.

También como en la novela anterior, apenas hay diálogos o interacción de Malena con otros personajes (excepto los hombres: Mario, Alejandro, 007... el resto, familia, su amiga Vega, apenas merecen la atención de la protagonista) a favor de una narración sustentada en juegos de palabras (si en la otra era con películas en esta es más con canciones), frases pretendidamente poéticas, rimas, reflexiones que quizá intentan ser profundas pero resultan tópicas, y más generalidades que hechos concretos. 

En cuanto a las intervenciones de Mía (la difunta perra de Malena, obsesionada por su oportunidad perdida con Lucas, el perro de sus sueños), que tal vez intentan hacer comprender a una protagonista que no puede enterarse cuáles fueron sus errores, pronto se dispersan en digresiones absurdas sin el ingenio y el humor que cree tener, además de un exceso de «humanización» (pensamientos y sentimientos imposibles en un animal), que restan eficacia y «seriedad» a un discurso que parece resumirse en: «… podemos calificar que los humanos sois, grosso modo, idiotas.»

Solo en el capítulo 49, cuando ya se ha relatado la relación de Malena con Mario y Alejandro, comparado ambos romances y descrito sus encuentros sexuales, la obra retoma la posibilidad de una defunción inminente que se suponía la premisa de la novela, asegura haberse despedido de todos y zanjado conversaciones dejadas a medias o nunca comenzadas, reflexiona brevemente sobre lo que pudo hacer y no hizo, lo que haría si tuviera una segunda oportunidad, si continuara con su vida… Y acaba.

En resumen, «Olvidé decirte quiero» cuenta, con algunas diferencias, la misma historia de amor, desamor, dependencia etc… que «La luz de Candela» sin aportar novedades, infrautiliza las posibilidades de análisis que ofrece la premisa argumental, reitera argumentos y justificaciones en un texto repetitivo en el que los capítulos de Mía, parecen digresiones sin utilidad, y acaba con un final tan abrupto como carente de sentido. Una novela que se diría escrita para gustar a un determinado tipo de lectoras (es difícil que interese a los hombres), quizá aquellas que disfrutaron con la anterior obra de la autora.


Citas de «Olvidé decirte quiero»:


Malena, capítulo 1:

« Me llamo Malena y es posible que muera hoy. Se me ha pasado tantas veces este macabro pensamiento por la mente que ahora no sé muy bien qué hacer, qué decir, ni siquiera sé qué sentir. ¿Y si finalmente muriera hoy? No digo hoy, sino ahora. En este preciso instante. ¿Cómo sería mi vida en mi ausencia?
 Y la nada más absoluta me responde con un silencio perturbador.»

Malena, capítulo 2:

« Siempre he sido muy miedosa. Tuve miedos desde niña. A estar sola, a tener pesadillas, a suspender, a hacerme mayor, a ser rara, a volverme loca, a gustar y a no gustar, a que me quisieran y a que no, a la vida y a la muerte.
Tuve miedo, incluso, a dejar de tener miedos. Pero ahora es distinto. Por primera vez, el miedo es real. Puedo morir. Puedo morirme yo. Es más, es posible que ya lo esté y no lo sepa porque nunca lo he estado antes. ¿Quién me dice que esto no es estar muerto? Nadie ha venido de la otra vida a explicarnos el camino de vuelta, que quizá sea este en el que me encuentro.»

Mía, capítulo 27:

«Nunca aceptaste que Mario no volviera, Male. Y menos aún que se fuera con esa perra. «Tan vulgar, tan poca cosa», decías en voz alta alguna vez mientras deambulabas por casa. Ojalá se hubiera fijado en alguien brillante, ¿verdad? Una mujer hermosa, rápida, aguda, perspicaz, con sentido del humor. Alguien que hubiera estado a tu altura, ¿no?»,


También en este blog:

- Reseña de «La luz de Candela»



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jueves, 26 de noviembre de 2015

La isla de Alice, de Daniel Sánchez Arévalo

Editorial: Planeta, 2015
616 páginas
21,90 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Tras perder a su marido en un accidente de coche que le sitúa en un lugar alejado de su ruta habitual, Alice se traslada a vivir a Robin Island con sus hijas Olivia y Ruby en busca de respuestas.

Comentario:

«La isla de Alice» es una de esas novelas que no es posible clasificar en un solo género, ya que incluye, en mayor o menor medida, pasajes y subtramas de misterio, romance y hasta una mezcla de historia iniciática y de superación personal, todo ello aderezado con humor y  positividad.

Empieza de forma dramática, con la protagonista en una situación en la que no encuentra otra opción que huir hacia delante en una búsqueda (¿de dónde regresaba su marido cuando sufrió el accidente?) que es también una forma de suportar el dolor, un viaje con el que pretende recomponer su vida y las de sus hijas, Olivia (también afectada por la pérdida) y la recién nacida Ruby.

La obra, redactada en primera persona, de forma no lineal (en varias ocasiones da breves «saltos» al futuro que sirven para incrementar el interés y la intriga por lo que sucederá en Robin Island y en la vida de Alice, o muestra el sueño recurrente de la protagonista, que cambia según pasa el tiempo y avanza en su «investigación») y dividida en cinco partes, que marcan las diferentes etapas en su evolución tras perder a su marido, está llena de simbolismos y detalles que enriquecen y dotan de complejidad a la narración.

Las cinco partes en las que se estructura «La isla de Alice» llevan los títulos, y citas, de conocidas novelas, todas relacionadas con lo que cuenta. «Moby Dick» relata la búsqueda obsesiva de Alice, decidida a descubrir si Chris le ocultaba algo. En «La isla del tesoro», ya en Robin Island, busca el tesoro/misterio/secreto de su marido. En «Robinson Crusoe» Alice, náufraga en una isla en la que no sabe en quién confiar, encuentra a su Viernes. En «El hombre invisible» resuelve el misterio de Chris y en «Alicia en el país de las maravillas» se encuentra a sí misma y su  lugar en el mundo.

Aunque puede dar una impresión de sencillez (parece que no pasan tantas cosas en las más de seiscientas páginas de la obra), esta es engañosa y, por debajo de esta apariencia se percibe una cuidada planificación que destaca en los detalles, algunos relacionados con el mar (los títulos de varias de las partes de la obra, el nombre del pez, Flint, las «peceras») y casi todos simbólicos, como el que atañe al tesoro que encuentra Alice (esa X del mapa). Incluso los nombres, desde ese Chris/Christ con el que se refiere a su marido hasta el de la isla (Robin se traduce como petirrojo y ella es pelirroja) tienen un significado.

Hay docenas de detalles, unos más claros y significativos que otros, pero todos intencionados, simbólicos, enriquecedores: los relojes que fabrica Alice, la tienda de lámparas que abre después, el trastorno obsesivo compulsivo que «contagia» a Olivia, el propio título, «La isla de Alice», tantos que sería difícil enumerarlos.

En resumen, aunque quizá algunos pasajes puedan hacerse demasiado extensos (la larga búsqueda de la primera parte o las «incursiones» por la isla), el autor, tal vez debido a su experiencia previa como guionista, logra que Alice sea una narradora convincente con la que se puede empatizar, que la mezcla de géneros no chirríe, que las diferentes tramas evolucionen de forma coherente y que se lea con creciente interés.


Nota: «La isla de Alice» es la novela finalista del Premio Planeta 2015.


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miércoles, 28 de octubre de 2015

Nomeolvides, de Pilar Eyre

Editorial: Planeta, 2015
320 páginas
20 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Tras quedar finalista del premio Planeta con Mi color favorito es verte, Pilar comienza una gira promocional de la novela que le producirá tanto alegrías como problemas.

Comentario:

Nomeolvides, quizá por ser la continuación de la anterior novela de su autora, y estar redactada en similar tono, entre lo trascendental, lo humorístico y lo melodramático, puede causar la impresión de que es más de lo mismo: más escenas en las que la protagonista se pone en evidencia, e incluso en ridículo, sin que parezca importante, brotes repentinos y exaltados en los que recuerda su amor obsesivo por Sébastien, aparentes digresiones relatando anécdotas más o menos intrascendentes (gira publicitaria, familia, hijo) etc...

Sin embargo, ese itinerario que recorre desde la concesión del premio hasta la decisión final, es menos caótico de lo que aparenta y, entre momentos inclasificables (los planes para asesinar primero, para heredar el premio, y seducir después al verdadero ganador del Planeta, Jorge Zepeda) y reiteradas alusiones a Sébastien, tanto en el recuerdo como en el anhelo de recuperarlo (para lo que Pilar no duda en recurrir a los métodos que haga falta) la novela avanza hacia su meta.

Esta finalidad es la que da sentido y cierta profundidad a la obra más allá de la historia romántica entre Pilar y Sébastien, las escenas de sexo explícito, las anécdotas que narra sobre la gira promocional o la posibilidad de que todo (o casi) lo que se cuenta sea real, por entretenido y «morboso» que resulte.

Y es que lo que plantea la novela es una decisión, relacionada tanto con Sébastien como con la literatura y la propia identidad, y es lo que da sentido a la obsesión que muestra Pilar durante toda la historia, tanto por el amor romántico como por mostrar, exhibir, una verdad que la llena de satisfacciones (encuentros con fans de lo que narra en Mi color favorito es verte, éxito de ventas, reseñas positivas, posibilidad de traducción a otros idiomas).

Nomeolvides es también la búsqueda de un Sébastien a quien cree perdido aunque no es capaz de aceptarlo ni de rendirse, pese a que todo sugiere que él no quiere volver a verla, y una necesidad de probar que cuenta la verdad, ante la que se encuentra con obstáculos que incluyen la negativa de varios amigos a ayudarla, ofendidos por la imagen que da de ellos en Mi color favorito es verte

Y al final es, sobre todo, una elección, quizá la más difícil de la vida de la protagonista, entre la verdad o la mentira (y las consecuencias de lo que elija), en la que resalta una interesante ambigüedad tanto en los motivos de Sébastien como en los de Pilar, él para hacer su petición y ella para dar la respuesta.

Por cierto, en lo formal se observan comas y puntos distribuidos arbitrariamente por todo el texto y curiosos cambios de los tiempos verbales, incluso dentro de la misma frase, ya sea por error o como una forma de plasmar la caótica personalidad de la protagonista

En resumen, Nomeolvides es una novela que tiene muchas similitudes estructurales con su predecesora, lo que puede dar la impresión, durante parte de su desarrollo, de que no aporta nada nuevo, si bien mejora en su segunda mitad, cuando se percibe con mayor claridad el mensaje que intenta transmitir. Puede satisfacer a quienes disfrutaron la anterior obra de la autora.


Enlace relacionado:




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jueves, 8 de octubre de 2015

Último verano de juventud, de Jorge Javier Vázquez

Editorial: Planeta, 2015
290 páginas
18,90 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Segunda entrega de la autobiografía novelada de Jorge Javier Vázquez.

Comentario (con SPOILERS):

Último verano de juventud es una de esas obras difíciles de clasificar: el propio autor la define como novela tanto en las entrevistas que le han hecho como en la propia narración, aunque también admite que algunos de los pasajes que relata sucedieron y otros no, lo cual la convierte, al menos en parte, en autobiográfica.

Esta especie de «juego» de especular sobre lo que es real, o no, puede funcionar a nivel de producir morbo entre quienes lean la obra (¿De verdad hizo esto o aquello?), aunque también puede restar fuerza dramática a algunos capítulos, puesto que la narración, en primera persona, sugiere sinceridad por parte del autor, una necesidad de mostrarse tal cual es ante su público.

Sin embargo, en sus declaraciones asegura que no todo es real, o que es lo que le dice a su madre para que no se asuste, que su pareja ha escrito varios capítulos contando su propia historia, pero que no todo lo que dice es verdad (es cierto que parte de lo que cuenta no suena creíble), creando confusión y dudas al pretender mezclar realidad y ficción.

Como novela se supone que es una historia de amor: tras relatar varias situaciones, entre las que destaca una crisis existencial, Jorge, que mantiene una aventura con un becario (Izan), se ve «obligado» a elegir entre  dos viajes (Londres o Lisboa), uno junto al joven y otro con «Fermín» (nombre ficticio dado por el autor a su pareja), cuyas consecuencias van más allá de elegir a uno u otro hombre, que simbolizan distintas formas de vida: el becario significa juventud, locura, negativa a madurar y aceptar cosas que atormentan al protagonista (envejecer, perder atractivo físico y oportunidades de hacer locuras) mientras que «Fermín» supone aceptar que es un hombre maduro, asentado, quizá aburrido, quizá fiel a su pareja.

La narración en primera persona impide conocer la realidad de otros personajes («Fermín» e Izan principalmente), cuyas emociones y motivos son deducidos e interpretados por el protagonista: ¿Cómo saber si a Izan le gusta de verdad Jorge o se acerca a él atraído por la fama?

Los continuos saltos temporales, que a veces se dirían caprichosos y no relacionados con la trama principal (la historia de amor), junto a pasajes que  parecen entradas de un diario, dificultan establecer la cronología de los hechos y, por tanto, la evolución de Jorge. También hay capítulos (el matrimonio que se «adueña» de la casa del protagonista, los estudios de la sobrina) que no parecen relacionados con el resto, más propios de una autobiografía o recuerdos que de una novela.

En el apartado supuestamente autobiográfico se mezclan hechos que cualquiera que conozca un poco al autor sabe ciertos, como el enfrentamiento en directo con «La concejala» y «La suegra de un torero», a quienes no se menciona por sus nombres, la cancelación de un día para otro de «El programa que presenté ante de Sálvame» (Aquí hay tomate), o la visita de La Mari al plató del Deluxe, espantada del protagonista, y la madre, incluida, con datos acerca de su afición a la vida nocturna y a diversas sustancias, tal vez a los que se refiere como inventados…

Quizá decepcione a los incondicionales del autor que apenas hable de los colaboradores de Sálvame (se mencionan los nombres de Rosa Benito, Mila Ximénez, María Patiño, Kiko Matamoros y Kiko Hernández), siendo las principales referencias al programa las dedicadas a su relación con los directores y los encuentros con Izan durante algunas pausas publicitarias.

También llama la atención algún pasaje que parece destinado a justificar ciertos actos, como su afición a la bebida:

«Al trasladarme a Madrid bebía para intentar ligar, luego para poder dar rienda suelta a mi morbo y al final para sentirme mal y darle la razón a todos los que me consideraban el ser más abyecto de la historia de la televisión gracias al programa que presenté antes de Sálvame.»

Las dudas sobre su intervención en la obra de teatro basada en su anterior novela, La vida iba en serio,  que ha recibido duras críticas:

«Tenía que confiar en Juan Carlos, aunque, siendo como soy, me preocupaban de antemano los titulares del día siguiente al estreno. Inmediatamente se me vino uno a la cabeza: «La actriz sepulta al presentador». Y luego otro: «Kiti deja en ridículo a Jorge J.». Y otro más, incluso: «¿Es necesario que Jorge J. salga en su función?».
Sé que me están esperando. Y que me van a examinar con lupa. Suponía que tantos años en primera línea de batalla me habían inmunizado contra la mala leche, pero me equivocaba.»

La percepción sobre su programa anterior, tan similar al actual:

«Después de tres años en antena, el programa se olvidó de divertir y viró hacia lo sórdido. Y la audiencia no solo no desertó, sino que cada vez era más masiva. Como la audiencia nos legitimaba, considerábamos que no estábamos cometiendo ninguna equivocación. Pero las cometimos. ¡Más madera! ¡Es la guerra! Y nosotros la repartíamos.
De la noche a la mañana, repito, de la noche a la mañana, comenzaron a lloverme palos. Ganados a pulso. Y no supe gestionarlos.»

O lo que comenta con La Mari tras la escena en el Deluxe:

«—Que sea la última vez que vienes a un plató de televisión.
—Hijo, si es que se ponen muy pesados. Tú no sabes la cantidad de veces que me han llamado.
—¡Y las que te llamarán! Es su deber. Llamar. Embaucar. Engatusar. ¿No entraste ya el lunes por teléfono en Sálvame para desearme felices vacaciones?
—¡Porque me llamaron! Porque tu amigo David, el director, me dijo que te haría mucha ilusión.
—Se expresó muy mal. Tendría que haberte dicho que le hacía ilusión a él, no a mí.»

«Me dieron ganas de explicarle que para ella la televisión es un juego, un lugar mágico en el que la peinan y la maquillan. Y ese juego continúa al día siguiente porque no para de recibir llamadas diciéndole lo guapa que ha salido, y cuando sale a la calle las vecinas la piropean sin cesar. La estrella del barrio. Pero jugar también implica riesgos: convertirse en objeto de comentarios crueles o despectivos, o en motivo de chanza para que ingeniosos tuiteros se luzcan en ese lodazal en que se ha convertido gran parte de internet. Y a estas alturas de mi carrera, lo que menos me apetece es tener que lidiar también con las críticas que pueda recibir mi madre, por si no tuviera ya bastante con las mías.»

Aunque intente minimizar los daños con las mencionadas declaraciones acerca de la veracidad de parte de lo que se relata en la obra, también hay que reconocer al autor cierto valor para arriesgarse a que se considere que la imagen que da de sí mismo como alguien egocéntrico, superficial, inmaduro, egoísta, frívolo, cobarde etc… es real.

Como su predecesora, La vida iba en serio, esta historia puede interesar, por distintos motivos, tanto a detractores como a admiradores de su autor.

***T***


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