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jueves, 16 de noviembre de 2017

Niebla en Tánger, de Cristina López Barrio

Editorial: Planeta, 2017
320 páginas
20.90 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

Tras un breve encuentro con un hombre que se identifica como Paul Dingle, Flora Gascón, insatisfecha con su vida, viaja a Tánger en su busca, guiada por una novela en la que él aparece como protagonista.

Comentario:

«Niebla en Tánger» es una de esas novelas que intentan aunar varios géneros (misterio, romance, metaliteratura, viaje iniciático y hasta un intento de fantástico) con resultados más o menos satisfactorios.

Una de las primeras cosas que se notan es que se trata de una obra bien redactada, con imágenes personales (nada de «Ojos como platos» y coletillas/frases hechas similares), creativas, en ocasiones poéticas y una estructura que, alternando puntos de vista (Flora en tercera persona y presente, la novela que lee, «Niebla en Tánger» en primera persona y pasado), avanza con seguridad hasta su conclusión.

Quizá se podría objetar que los capítulos de la novela que lee la protagonista (cinco, y un epílogo) están algo abarrotados, con mucha información en poco espacio, partiendo de una narración despaciosa y detallista que se precipita según llega la necesidad de concluir la historia, algo que hubiera quedado más disimulado de haber puesto estos pasajes a modo de fragmentos escogidos en lugar de simular la obra completa.

Entre los personajes destacan ambas narradoras, en especial Flora, quien, buscando a Paul Dingle (el actual, el del pasado, ambos, ¿el mismo?), se busca a sí misma, sumida en una situación insatisfactoria (un matrimonio en busca de descendencia, un trabajo anodino, una madre a quien teme decepcionar) en la que su amante de una noche es una excusa para el cambio.

Marina Ivannova, alter ego de su autora, Bella Nur, contribuye tanto a la trama de crimen y misterio como a la metaliteraria, jugando a la autobiografía, a las identidades (también Flora Gascón utiliza el apellido de su abuela, Linardi, y simula tener un blog literario), a la sutil línea que hay entre la realidad y  la ficción, con repetidas referencias a la obra de Oscar Wilde («El retrato de Dorian Grey», «La decadencia de la mentir») a modo de apoyo a su opinión:

«—Usted conoce a Paul.
Los ojos de Bella Nur se iluminan. 
—Le conocí igual que tú —dice. 
 ¿Bella Nur también fue amante de Paul?, se pregunta Flora. 
—¿Cuándo sucedió?
—Hace muchos años, ya soy una anciana. Además, yo conozco muy bien a mis personajes. 
—Paul también es un hombre de carne y hueso.
—Y un personaje de mi novela. Oscar Wilde tiene un maravilloso libro que se titula La decadencia de la mentira.  ¿Lo conoces?
—He oído hablar de él, pero no lo he leído.
—Bien, pues Wilde afirma, y yo estoy de acuerdo, que el arte, la escritura en este caso, no debe imitar a la vida, sino la vida al arte la mayoría de las veces. Wilde decía que en su época se escribía mal porque los escritores mentían muy poco. La mentira en el arte había caído en el oprobio. Escritores como Zola se aferraban demasiado a la realidad, hacían realismo sin imaginación y no realidad imaginativa. Sin embargo, los personajes de Balzac poseían el vivo colorido de los sueños. El arte, si es verdadero, toma la vida como materia bruta, la recrea, la inventa, la imagina, la sueña, dice Wilde. El artista ha de crear la vida, no copiarla.
—¿Mintió usted entonces en Niebla en Tánger?
—No entiendes nada, querida Flora, yo no mentí, creé vida. Espero que puedas comprenderlo.»

Otros personajes (el marido y la madre quedan pronto desdibujados, una molestia, algo que rechazar, de lo que huir), son Deidé Spinelli, la psicoanalista, por Skipe, de la protagonista, excéntrica, divertida, consejera. Y Armand Cohen, quien acompaña a Flora en su recorrido por Tánger (otro personaje destacado), por el presente y por el pasado, colaborador en la «investigación» que lleva a cabo.

La trama de misterio está bien llevada, aunque la conclusión sea un tanto previsible (en el sentido de lógica, no como algo negativo), si bien puede extrañar que a Flora no se le ocurra hasta bien avanzada la obra la explicación de algo que, por momentos, adquiere tintes fantásticos.

En resumen, «Niebla en Tánger» es una novela bien escrita, que mantiene el interés, y logra conjugar las diversas tramas (misterio, metaliteratura, romance) y su resolución manteniéndose dentro de la lógica y el realismo, sin caer en sorpresas o giros espectaculares que le hubieran restado credibilidad.


Nota: Niebla en Tánger es la novela Finalista del Premio Planeta 2017.


***T***


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martes, 2 de mayo de 2017

Arcadia, de Iain Pears

Arcadia
Iaian Pears
Traducido por: María José Díez Pérez 
637 páginas
Editorial Espasa


Argumento:

El profesor Lytten, en los sesenta del siglo XX, escribe una especie de novela fantástica (en realidad, solo toma notas) mientras critica a Lewis y Tolkien, que describe el mundo de Anterworld, un batiburrillo de sus gustos personales e ideológicos, con mucho de novela pastoril. 
La loca matemática Angela, que viene del futuro, ha construido una máquina para viajar por universos paralelos huyendo de un villano que vive en la distopía futura donde ella ha dejado a su hija, la cual deviene en rebelde líder de renegados que rechazan la tecnología... La matemática usa las fantasías del profesor para construirse un mundo, pero la irrupción en él de una joven, amiga del profesor, trastoca sus planes...

Comentario:

A priori, la novela tenía todo para gustarme: universos paralelos, metaliteratura, ciencia ficción, distopías, viajes por el tiempo..., sin embargo, se me ha hecho muy cuesta arriba y ha sido toda una odisea terminarla. ¿La razón? Pues no lo sé muy bien... quizás que son casi setecientas páginas no necesariamente llenas de "acción", sino más bien pobladas de largas conversaciones y lances que no me han interesado en absoluto, pese a apreciar, cómo no, la pericia del autor al pergeñar una trama tan complicada que envuelve varios hilos argumentales interconectados e interdependientes. 

Sí, la trama es enrevesada, hasta el punto que decidí no analizar si todo cuadraba al final (lo cual me obligaría a releer, horror). Especialmente pesada me ha parecido la trama del mundo imaginario Anterworld (leyéndola se entiende que el profesor Lytten no pasara a la historia como sí lo hicieron Lewis y Tolkien, al primero de los cuales pone a caldo, ejem, después de imitar sus soluciones, como el portal dimensional escondido en el sótano, similar al que hay en el armario de Narnia, y otros detalles). También hay un homenaje a una obra de Shakespeare ("Como gustéis"), con pastores y personajes femeninos vestidos de hombre y los todos los tópicos de la novela pastoril, y más homenajes que no he pillado pero que la joven Rosie/Rosalind, intrusa en el mundo imaginario, nos señala algunas veces, desenmascarando la escasa originalidad de su mentor, el profesor, que ha copiado todo lo que ha podido para crear su fantasía.

Solo hay un personaje que me ha despertado cierto interés: la matemática Angela, un personaje femenino atípico (y por ello bienvenido), de unos sesenta y tantos, mejorada-manipulada tecnológicamente con drogas e implantes en el cerebro y que es un auténtico genio, pero está loca como una cabra y posee una moral algo dudosa y en cierto modo criminal. El profesor es aburrido como él solo; la chica duplicada (aparece en dos mundos) con alguna chispa de inteligencia que pronto se sofoca; y el resto, meros clichés o roles de relleno sin personalidad (a destacar el muy anodino Jack). 

La prosa no es muy brillante, dejémosla en correcta; destaca por su densidad, con abundantes parrafadas que desaniman al ojo que osa penetra en tan intrincada hojarasca. Las escenas son en exceso largas así como el elenco de personajes y de subtramas.

Tenemos tres escenarios principales: el Oxford de los años sesenta, donde vive Lytten y donde tiene lugar la trama de su creación literaria, además de una de espías, que me ha aburrido un poco; en esa época también vive Rosie, que por accidente termina en el Anterworld imaginado por Lytten y recreado por Angela,  y que al final termina protagonizando una novela romántica sin emoción ni chispa. 

El segundo escenario, es el propio Anterworld, un mundo de fantasía (sin magia), sumido en una eterna pre-industrialidad, tremendamente burocrático y formalista, en el que las máximas autoridades son los "narradores", conocedores de la "historia". 

El tercer escenario es el futuro, una distopía hiper tecnológica dirigida por científicos en la que vive Emily, la hija de Angela, la líder de un grupúsculo de renegados que recuerda a los del Mundo Feliz de Huxley (no quieren que los curen de la vejez, odian la tecnología y esas cosas).

La historia que más me ha interesado es la de la matemática que viaja por los mundos y los crea con su máquina (narrada en primera persona, a diferencia del resto, lo cual quizás ha hecho que me pareciera que tenía más personalidad que los otros); el resto me ha producido un ligero tedio.

Y repito, admiro que el autor haya sido capaz de crear ese entramado, con cierto humor sutil, homenajeando-parodiando estilos literarios, haciendo metaliteratura y vinculando la vida real con el arte, pero a mí no me ha llegado. No he tenido siquiera intriga, ya que casi todo era previsible a poco que uno se fijara, incluida la identidad de uno de los personajes que se revela al final, que está cantadísimoooooo.

En resumen, un libro que podría gustar a los fans de la literatura de mundos alternativos, pero que a mí se me ha hecho más largo que un día sin pan. Nota: la editorial vende esta novela con el siguiente lema: "Una mezcla perfecta de Tolkien y C. S. Lewis con pulso de un thriller político y elementos de ciencia ficción clásica." Pero Tolkien no está ni se le espera... ojo.


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miércoles, 26 de abril de 2017

La parte escondida del iceberg, de Màxim Huerta

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
380 páginas
19.90 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

Max regresa a París para intentar recordar, y olvidar, un amor perdido.

Comentario:

«La parte escondida del iceberg» es una obra difícil de clasificar (aunque el autor la define como «novela»), indecisa, sobre todo, entre la guía turística de París, la autobiografía más o menos sincera centrada en la pérdida de un amor y el intento de asumirlo, y la creación literaria, pasajes en los que se comentan los motivos del autor para escribir, sus temas recurrentes, anécdotas sobre novelas anteriores etc...

En la parte dedicada a París, personaje que comparte protagonismo con Max, quien está escribiendo una novela sobre el recuerdo y el olvido, recordar para olvidar y crear nuevos recuerdos, o algo así, el protagonista recorre calles, cafés, monumentos, barrios, cuenta lo que bebe, lo que come, las conversaciones intrascendentes con camareros acerca de cómo quiere la bebida, lo que otros escribieron sobre la ciudad, canciones y cantantes franceses, con especial atención a Jacques Brel y su canción Ne me quitte pas (No me dejes), titulo de la anterior obra del autor. Lamentablemente, si la intención es mostrar París, o su París, a alguien que no la conozca, no se logra, e incluso puede producir el efecto contrario al buscado, al hacer que parezca solo una sucesión de nombres más o menos conocidos.

Los pasajes dedicados al amor perdido y a la lucha entre intentar recordar y olvidar, comprender y sanar, son deliberadamente inconcretos (quizá por tratarse de hechos reales, por pudor, cobardía, prudencia o algún otro motivo), llenos de vaguedades, y divagaciones, repeticiones de conceptos, intenciones y emociones, en las que no por decir no menciona ni el nombre ni el género de esa persona (veintitrés años, largo cabello rubio, ojos azules), apenas hace referencias (en un momento dado le pide que hable con sus contactos para ayudarle en su profesión de modelo, algo que Max considera lógico y normal) a cómo era la relación, a su desarrollo y final. Este tipo de relato puede satisfacer a quienes tengan facilidad para identificarse emocionalmente, y tal vez menos si se prefieren ejemplos, escenas, situaciones, motivos, algo más novelado.

La faceta autobiográfica se extiende además a la infancia de Max, la familia, el trabajo y la literatura. El autor ha afirmado que se entenderá por qué dejó «El programa de Ana Rosa», si bien no aporta detalles que no se pudieran deducir viendo su despedida en este programa o declaraciones posteriores. Igualmente, la relación con sus progenitores y con la familia materna se deja intuir en novelas anteriores («La noche soñada»).

En cuanto a la parte metaliteraria, que incluye tanto las referencias a novelas que tienen a París como protagonista como citas de varias obras y autores, quizá lo más interesante se encuentre en el relato de los temas recurrentes del autor (algunos, como París, la familia, la niñez, el recuerdo, el olvido, son fácilmente identificables cuando se han leído varias de sus novelas), la forma en que se documenta (cuenta cómo encontró el cartel que da origen a «Una tienda en París» y otros detalles relacionados con su desarrollo) y los motivos por los que escribe y se considera escritor.

 «Escribo novelas para inventarme personajes, inventarme la vida y liberarme de algunos fantasmas; ahora —redundancia— soy yo el personaje hasta que cierres este libro. Luego callaré y me negaré a responder preguntas. Pero ahora que me lees, confieso que ando con cuidado buscando palabras para darle sentido a un sinsentido: su ausencia. Qué fácil era escribir sobre otros. Qué difícil resulta narrarse a uno mismo.»

En resumen, «La parte escondida del iceberg» es una obra que su propio autor define a veces como novela, otras como autobiografía o autoficción, perjudicada por el exceso digresiones, citas de obras ajenas, enumeraciones de lugares, saltos temporales confusos, situaciones inconcretas, continuas repeticiones de datos ya comunicados, pero, sobre todo, por un exceso de pudor, o lo que sea, del autor, que se refugia en vaguedades, dificultando la identificación con los pasajes más emotivos, personales, sentimentales, de la historia que pretende transmitir.


***T***


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lunes, 17 de abril de 2017

Maus: relato de un superviviente, de Art Spiegelmann



 Maus: relato de un superviviente

Maus: A Survivor's Tale
Art Spiegelmann
Traductor: Cruz Rodríguez Juiz
Literatura Random House
296 páginas

Argumento:

Art, un dibujante de cómic, quiere escribir un libro con la historia de cómo su padre, un hombre amargado por la muerte de su esposa,  sobrevivió al Holocausto nazi. Durante una serie de entrevistas, vamos conociendo los hechos atroces que vivió en Polonia.

Comentario:

No soy lectora habitual de cómics o historietas, pero sentía curiosidad por esta obra que, al parecer, es bastante famosa y ha sido reconocida por el público y la crítica desde su publicación.

El autor se inspiró en la vida de sus padres (en especial en la de su padre) para crear este extenso relato sobre el Holocausto judío, lo cual añade un cierto aliciente  a la historia. Se divide en dos tomos, uno de los cuales se centra en las aventuras del padre del autor antes de ingresar en el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia. El segundo, de ahí en adelante hasta que logra reunirse con su mujer y huir de Europa.

La historieta me ha parecido demasiado larga, reitero, en especial porque resulta pormenorizada contando, sin seleccionar las situaciones para darles énfasis a las importantes. Por otro lado, tampoco me parece que aporte mucho al tema, ya bastante trillado (aunque fue novedoso en su momento que un arte como el cómic se interesara por un asunto tan delicado y profundo). Para alguien que no conozca mucho sobre el exterminio de judíos por parte de los nazis puede ser impactante por la crudeza de algunas descripciones y situaciones (incluso para quien lo conozca también).

Desde el punto de vista formal, los dibujos y el estilo no son mis favoritos. Son dibujos en blanco y negro sencillos y algo básicos, donde los personajes adoptan las formas de animales antropomorfos. Los judíos son ratones, los alemanes, gatos, los americanos, perros y los polacos, cerdos (hemos de decir que los polacos no quedan muy bien parados en esta historia...). También hay alguna rana, obviamente, un francés... Algunas veces, cuesta diferenciar a los personajes, dadas las similitudes del esbozo. Sin embargo, también hay alguna solución ingeniosa o graciosa para narrar, como cuando los ratones judíos se hacen pasar por polacos, que se ponen una máscara de cerdo (el simbolismo de la máscara también se utilizar en las partes del presente, por ejemplo cuando Art acude a su psiconalista).

De vez en cuando, aparecen cartelitos señalando objetos de la viñeta para aclarar su significado o planos y croquis de lugares que revelan la intención documental del cómic (los escondites, mapas y planos, etc). El autor incluye una parte metaliteraria contando cómo recopiló la información de los testimonios de su padre (lo cual hace intervenir una trama de relación paterno-filial y personal  que quizás es demasiado extensa, pero que revela los traumas del hijo y del padre por la muerte de la madre) y cómo decidió usar animales para el cómic, y demás aspectos relacionados con la creación y la oportunidad del relato. Incluso al inicio de la segunda parte el autor hace referencia al éxito de la primera, al más puro estilo cervantino - quijotesco. En cierto punto, hay un flashback insertado en estilo diferente, casi underground, con personajes humanos, que relata una crisis psicológica del autor y el drama de la muerte de su madre.

Destaca más el guion o la parte digamos escrita, tan compleja como una novela, que es la que lleva el peso de la historieta más que los dibujos. En este aspecto, el autor involucra emocionalmente al lector al plantear la historia como un relato en flashback que un hijo solicita a un padre, y que este va intercalando en la subtrama de su propia relación.

En cuanto a los personajes, el más desarrollado es Vladek, el protagonista, padre de Art, y no tanto en la parte del Holocausto como en la del "presente", donde se nos muestra como un viejo manipulador, maniático, avaro e histérico de trato bastante difícil que mantiene una relación no muy buena con su segunda mujer y sigue echando de menos a la primera. Sin embargo, el Vladek del pasado es algo más plano y convencional y destaca sobre todo por la suerte que tiene y en su faceta de superviviente del exterminio. Más bien es un testigo del horror en todas sus variantes: el miedo de la gente, las delaciones, los campos, la amistad en medio de la muerte... Y, sobre todo, la demostración de que en una situación como la descrita a veces la superviviencia es cuestión de puro azar (aunque el personaje hace uso reiteradas veces de sus conocimientos y su ingenio para salir adelante).

La inclusión del trauma por la muerte de la madre de Art quizás sobre un poco, ya que no me parece que añada mucho al relato, salvo matizar la personalidad del dibujante y su relación con el padre.

La historieta es entretenida e interesante (el tema siempre funciona, hemos de reconocer), pero muy larga y con demasiada letra, y dibujos que no entran mucho por el ojo (sobre gustos no hay nada escrito pero yo prefiero otros estilos...). Las historias de interés humano y superviviencia juegan sobre seguro ( y el tema nazi impresiona más que ninguno), aunque para mi gusto hay demasiadas anécdotas argumentales. Quizás si hubiera apostado por la elipsis y no contar cada movimiento de Vladek.. el cómic ganaría en agilidad. De todas formas, no está de más que de vez en cuando alguien nos recuerde lo que sucedió con los nazis.

Esta historieta fue la primera en lograr un premio Pulitzer. Ha sido traducida a multitud de idiomas.


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jueves, 30 de marzo de 2017

No soy un monstruo, de Carme Chaparro

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
336 páginas
19.90 €
9.99 €

Argumento:

Kike, un niño de cuatro años, desaparece de un centro comercial en el que estaba con su madre, lo que revive un hecho similar sucedido años atrás. La inspectora jefa Ana Arén y la periodista Inés Grau investigan el caso.

Comentario:

Cuando se lee una primera novela, como es «No soy un monstruo»,  cabe esperar que la inexperiencia propicie errores de todo tipo y de diferente importancia. En el presente caso varios de ellos son formales, como la repetición de información ya aportada (la descripción de la comisaría en la que trabaja Ana,  incluida una sala en la que interrogan a los sospechosos, que, además, pasa de ser la tres a la dos de una mención a la siguiente. O la descripción del programa NeuroQWERTY, importante en la resolución del misterio, cuyas características se reiteran en un par de ocasiones).

También puede resultar difícil decidir cuánta información «biográfica» de los personajes incluir (La vida de Laura no es relevante para la historia y en el retrato de Ana es pertinente lo que sucedió cuando ella estaba en la academia de policía y no lo es la historia familiar más lejana, incluyendo a su antepasada Paulina, homenaje de la autora a su tía fallecida, del mismo nombre) o en qué momento contar ciertos detalles (la primera escena en la comisaría es un batiburrillo confuso de datos, alguno de los cuales quizá sería oportuno posponer hasta el momento en que se necesiten, como la mencionada sala de interrogatorios).

Aunque hay varios puntos de vista, de mayor (Inés, Ana) a menor (Laura, Joan, Nori, Sam, Patricia, Jesús, RICHI) importancia, son la periodista y la policía quienes llevan el peso de la historia, una en una primera persona bien llevada, quizá, en parte, por su carácter mayoritariamente emocional, y la otra en una tercera más convencional, que se aprovechan para tratar temas que van más allá del misterio.

Entre estos destacan el morbo que pueden generar las desgracias ajenas (la nota final es buena muestra) o el mundo del periodismo y la literatura (Inés) al funcionamiento del entramado policial (Ana). Se incide además en la maternidad (con sus miedos y responsabilidades) y la pérdida (emotiva la declaración de Lucía que presencia Inés al comienzo de la novela), tramas que, si bien enriquecen la historia, y la dotan de profundidad, en ocasiones desvían la atención de la estrictamente policíaca.

«Los adictos la miraban embobados. Enganchados a esa historia como yonquis a la heroína. Cerraban los ojos por pudor, pero también para disfrutar más, concentrándose solo en el fluir de la droga por sus venas. Yo también, la verdad. Quizá por eso las reuniones de ese tipo tenían siempre tantos asistentes, porque las personas necesitábamos cada día nuestro chute de desgracias ajenas. Somos adictos al dolor de los demás. ¿Era yo también así? ¿Me hacía falta el dolor ajeno para sentirme bien? ¿O quizá para trabajar?»

Que Inés, pueda ser considerada, de alguna manera, como alter ego de la autora (ambas son periodistas, han escrito una novela, son madres…) suma interés a la parte metaliteraria de «No soy un monstruo», que incluye reflexiones sobre el mundillo literario:

«Como a toda persona medio famosa, hacía años que las editoriales me perseguían. Escribe, escribe, escribe. Te damos el argumento, me decían algunas. Te damos las ideas que quieras, me decían otras. Te ponemos a un escritor que te ayude, me propusieron también. Yo sabía —para qué nos vamos a engañar— que no me perseguían solo porque supiera contar muy bien las historias, sino porque querían aprovechar la fama que me daba la tele. Para vender más libros, claro. El mercado literario está así de jodido y si eres famoso, vendes más. Da igual lo que hayas escrito.»

 La autora ha declarado en varios medios que lo primero que escribió de la novela fue el final, basado, como el inicio, en noticias que ella misma había contado en el informativo, y se nota. La estructura de la historia es impecable, los giros en la investigación, la mayoría sorprendentes e inesperados, están justificados de forma creíble, los momentos en que se pospone una revelación no se alargan en exceso, y todo fluye hacia una conclusión narrada de forma progresiva, permitiendo aceptar poco a poco la realidad, que impulsa a releer ciertos pasajes para comprobar si se habían dado pistas de lo que iba a suceder. Y si, a veces son muy sutiles, pero ahí están.

En resumen, «No soy un monstruo»  cuenta una historia de misterio de las que «obligan» a seguir leyendo para conocer lo que pasa (sobre todo en el último tercio),  y la dota de profundidad con la inclusión de otras tramas, como la metaliteraria y la crítica social. Y además está bien escrita.

 «No soy un monstruo» es la obra ganadora del Premio Primavera de Novela 2017.


***T***

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lunes, 13 de marzo de 2017

La biblioteca de los libros rechazados, de David Foenkinos

T.O.: Le Mystère Henri Pick, 2016
Editorial: Alfaguara, 2017
Traducción: María Teresa Gallego y Amaya García
290 páginas
18.90 €
Ebook: 9.99 €

Argumento:

Delphine Despero, editora de la editorial Grasset, y su pareja, el autor fracasado Frédéric Koskas visitan la biblioteca de Crozon, un pueblo de Bretaña, donde encuentran un manuscrito que deciden publicar,  alcanzando un éxito inesperado.

Comentario:

En «La biblioteca de los libros rechazados» se encuentran dos historias, una de misterio y otra metaliteraria, engarzadas entre sí, sustentándose mutuamente, cada una protagonista de la mitad de la obra.

Tras la publicación, y posterior éxito, de la novela, se inicia una pesquisa en la que esta, «Las últimas horas de una historia de amor», sería la «víctima», y su autor, supuestamente Henri Pick, un pizzero fallecido un par de años antes, el «criminal». Jean-Michel Rouche, un crítico literario en horas bajas, sería el detective que, creyendo en la «inocencia» de Pick, decide averiguar quién es el verdadero «culpable».

La investigación de Rouche, emprendida por su cuenta, desconfiado de la versión oficial, incluye entrevistarse con diversos «testigos», encontrar pruebas que cree concluyentes, e incluso pensar que ha resuelto el caso y verse impelido a tomar una decisión, más o menos moral, sobre qué hacer con lo que sabe. La resolución del caso, con un giro final hasta cierto punto inesperado (elige entre las dos posibilidades más creíbles), es la lógica y pertinente con la intención de la novela.

La aparición del «cadáver» («Las últimas horas de una historia de amor») se usa además para analizar la influencia que ejerce un hecho inesperado tanto en un público lector ansioso de saber más como en las personas cercanas al supuesto autor, siendo la viuda de Pick, Madeleine, una de las principales afectadas. La mujer pasa de la incredulidad a la duda y a la asunción de que su marido escribió una novela, basándose en una anécdota de juventud, cuando estuvieron temporalmente separados:

« Pocos minutos después se dijo incluso que era posible. Improbable, sí, pero posible. Y además, debía tener en cuenta otro elemento: a ella le agradaba aquella manifestación del pasado. Le apetecía creer en cualquier cosa que le permitiese volver a entrar en contacto con Henri, de la misma forma que otros se dedican al espiritismo. A lo mejor había dejado esa novela para ella. Para regresar por sorpresa. Para decirle que todavía estaba allí; esa novela era para cuchichearle al oído su presencia; era para que el pasado de ambos pudiera seguir vivo. Y entonces preguntó:
   —¿Puedo leer su libro?»

La parte metaliteraria de la novela incluye desde un recorrido superficial  por las costumbres literarias francesas, hasta menciones de programas dedicados a la literatura, o autores y libros famosos: Houellebecq («Sumisión es su mayor éxito. Más que el Goncourt. Pero es su peor libro. Se me cayó de las manos. La verdad, para cualquiera a quien le guste Houellebecq, es muy inferior a todo lo demás que ha escrito. Tiene un sentido excepcional de lo novelesco, pero aquí la verdad es que no hay argumento. Y las pocas páginas buenas sobre la sexualidad o la soledad son repeticiones de lo que ya había escrito, pero en peor.»), Marcel Proust, John Kennedy Toole y, en especial, Richard Brautigan, en cuya novela «The Abortion» está el origen de esa Biblioteca de libros rechazados que inaugura Jean-Pierre Gourvec en Grozon.


En general, durante buena parte de la narración, se mantiene el equilibrio entre las menciones literarias y la trama de misterio, si bien en la segunda mitad, cuando se centra en la investigación sobre quién escribió en realidad la obra, comienzan las digresiones, desde el relato pormenorizado de la vida de personajes secundarios hasta el exceso de romances, dejando algunas de las subtramas sin una conclusión satisfactoria.


En resumen, «La biblioteca de los libros rechazados» es una novela sobre el amor a la literatura, con algunos, breves, baches de ritmo e interés debidos a digresiones innecesarias y a la tendencia del autor a contar más que a mostrar, aderezada con un misterio cuya resolución mantiene la intriga hasta el último momento.


***T***


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lunes, 6 de febrero de 2017

La escritora, de Carmen Conde

Editorial: Ediciones B, 2017
368 páginas
18 €

Argumento:

Una escritora aparece asesinada, devorada por ratas, y solo es la primera víctima.

Comentario:

Desde los primeros capítulos (un prólogo situado en 1976 y un presente en 2011) se nota que la autora sabe escribir, con una prosa sumamente visual, intensa y bien medida, con la que no duda en describir escenas de gran crudeza no aptas para personas sensibles a lo gore (bebés, ratas, cadáveres) y presentar a personajes poco convencionales, como lo es Lucrecia Vázquez, una joven de 27 años, no muy atractiva, negra literaria, que sufre el síndrome de Gilles de Tourette. («Ahora se llevan las novelas policíacas con protagonistas femeninas raras —le había dicho su editor—.)

Si bien al principio parece que se trata de la protagonista, pronto se ve que su papel es el de principal sospechosa e interés romántico del policía, Gerard Castillo, desde cuyo punto de vista, subjetivo, se cuenta casi todo lo que pasa. Esto permite conocer lo que sabe, sospecha o intuye, influido por sus propios prejuicios, deseos o temores, aunque la inclusión del prólogo propicia que, al menos en buena parte de la novela, se vaya por delante de él en cuanto al posible motivo de los crímenes etc…

Como fondo de la trama policial está la literaria, en la que la autora, por medio de Lucrecia y los otros personajes relacionados con la literatura (la difunta Dana Green, el autor de libros de autoayuda Alejandro Paz, el editor Ramón Aparicio), hace una crítica tan certera como implacable, y poco sutil, de varios géneros y los métodos utilizados para publicitarlos, incluido el de la propia novela.

En lo formal, destaca una redacción cuidada en la que apenas se pueden «reprochar» detalles como la repetición de información en una o dos ocasiones, la breve incursión de Lucrecia en el pov de Gerard o algunas digresiones, en especial durante el viaje a Galicia, minucias que no desmerecen los aciertos, desde la adecuada progresión del misterio y las revelaciones, la elección de punto de vista, o el tono melodramático (lo que ocurre en el pasado y sus consecuencias), que no tiene duda en utilizar algunos de los tópicos que critica.

En resumen, «La escritora» es una novela bien redactada, visual, con personajes complejos, alguno poco convencional (Lucrecia), crítica a varios géneros literarios, humor e ingenio, desarrollo en el que las revelaciones, dudas y posibilidades incrementan el interés y la intriga, exceso de escenas gore (demasiadas ratas), cierta previsibilidad al final (lo que relata el prólogo y la escasez de personajes acotan bastante las posibilidades) y un último tercio de los que «enganchan».


Citas literarias:

«Lucrecia se había fogueado creando decenas de novelas eróticas de argumentos clónicos y demenciales que desembocaban implacablemente en multitud de coitos entre la pareja protagonista, que incluían sexo oral, anal y vaginal en varias posturas distintas, una de ellas digna de contorsionistas experimentados, más una escena estelar con participación de mucha más gente, animales, hortalizas y objetos de diversa índole.»

«Cuando Ramón Aparicio le explicó qué tenían pensado, ella casi se desmayó de la alegría. Por fin podía liberarse de los tríos, del sexo anal, de las lluvias doradas, de la zoofilia y de todas esas cosas de las que todo el mundo habla con naturalidad, pero que casi nadie practica. Por fin podría pasar por delante de un quiosco sin ver aquellas portadas infames y el nombre de Shayla Deveraux en letras doradas, y no temer que alguien, algún día, llegase a descubrir que Shayla Deveraux era ella.»
«—¿Qué quieres? Es el mundo que nos da de comer. Así que si Alejandro consigue concluir su novela, la publicaremos con un seudónimo bien raro, que suene a escandinavo. Un seudónimo impronunciable y repleto de ø, æ, ä, y ö. Luego, en la contracubierta nos inventaremos varias reseñas extraídas de tres o cuatro prestigiosos y conocidísimos diarios, como por ejemplo The Bananas Republic, The Sri Lanka Independent o The Sebastopol Publishers. Diremos que el autor es un tejedor de intrigas sensacional, que es la nueva voz de la novela negra, o que es un narrador superlativo. Y por si no fuese suficiente, adornaremos el libro con una faja verde chillón que diga que ha vendido un millón de ejemplares en Bután y que ha sido traducido a ochenta y siete idiomas, incluyendo el kikuyu y el arameo clásico... Antes de que nadie se dé cuenta de que es un pedazo truño, ya habremos vendido los cinco mil ejemplares de la primera edición, lo suficiente para recuperar gastos y para que a Alejandro se le caiga la cara de vergüenza cuando comiencen a lloverle las críticas en los blogs literarios, que las habrá. Tú puedes comprar a un par de periodistas y conseguir que te hagan una buena reseña en su diario, pero no a cinco mil lectores. Y los lectores no son idiotas, por mucho que a nosotros nos gustaría que lo fueran.»

«—Entiéndalo, sargento. Yo no le tenía ningún afecto, pero me siento obligado a defenderla. Piense que entre las presentaciones, las entrevistas y los congresos, Dana Green tenía un programa más apretado que Lady Gaga, y cumplía a rajatabla con él. En ese sentido era toda una profesional.—Yo pensé que los escritores se dedicaban a escribir.—Eso era antes, cuando no existía el ordenador. Ahora cualquier imbécil se baja cuatro informaciones de Google y teclea trescientas páginas que vende a peso y que compiten en las estanterías de los supermercados al lado de Muérdeme, vampiro y de Fóllame, vizconde. Por poner un ejemplo.—Veo que no es muy optimista.Ramón Aparicio se encogió de hombros.—No sé si me creerá, pero el mundo editorial cada día se parece más a la televisión. Antes se decía que eran mundos antagónicos, que la televisión era un medio de masas, de consumo pasivo y superficial y que la literatura era de consumo activo y con aspiración a trascendencia. Bla, bla, bla. Hoy en día, si la televisión está sometida al share, nosotros también lo estamos a la maldita lista Nielsen, así que tampoco podemos ofrecer calidad si queremos salir en la lista de los libros más vendidos. ¡Mírelo usted mismo! Salvo gloriosas excepciones, el pastel se lo reparten entre cuatro, y los cuatro hablan de lo mismo. Cuando iba de thrillers religiosos, todos se dedicaron a sacarle novias e hijos secretos a Jesucristo, o a los apóstoles, o a construir catedrales entre violación y violación, que mire que es morboso el personal. Ahora parece que triunfan los psicópatas, y se trata de inventar crímenes espeluznantes, cuanto más espeluznantes mejor. Que si desollado con un cortaúñas suizo, que si asfixiado con sus propias cuerdas vocales... ¡Qué asco! Es lamentable, pero hay que seguir estas estúpidas modas si se pretende sobrevivir. Y eso sin contar con que el pirateo en internet nos va a quitar el pan de la boca a más de uno...»


 
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jueves, 3 de noviembre de 2016

Rey de picas, de Joyce Carol Oates

T.O.: Jack of Spades, 2015
Editorial: Alfaguara, 2016
Traducción: José Luis López Muñoz
232 páginas
18,90 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

El escritor de misterio Andrew J. Rush recibe una denuncia por plagio y toda su vida empieza a desmoronarse.

Comentario:

«Rey de picas», narrada en una muy pertinente primera persona, relata la inmersión de su protagonista, Andrew J. Rush, en una locura latente desencadenada, en apariencia, al recibir una denuncia por un plagio en el que cree no haber incurrido.

Si bien al principio puede dar la impresión de un exceso de obviedad en cuanto a la personalidad de Rush (no es difícil adivinar lo que le sucede), pronto se entiende que es deliberado y que es él quien parece incapaz de percibir una situación que no puede controlar.

Desde las primeras páginas se muestra tanto la obsesión por mostrar una apariencia de «perfección» (como persona, esposo y autor) y control de su vida como esa otra identidad, el Rey de picas, quien «escribe» unas novelas que, por su contenido, no quiere firmar con su nombre, en las que da rienda suelta a sus fantasías, basadas en hechos reales de su vida.

Entre las obsesiones de Rush destaca el empeño en referirse a su mujer, Irina, como «Mi querida esposa» (una frase que se va haciendo más inquietante según avanza la historia y las situaciones en que se utiliza), y en compararse, incluso competir, unilateralmente, con Stephen King, cuyos éxitos menciona repetidamente en contraste con los suyos, mucho más modestos. Incluso hay un momento de la historia en la que utiliza su nombre, además de referirse a varias obras del autor, entre ellas «La mitad oscura», con la que «Rey de picas» tiene algunas similitudes (es de suponer que intencionadas).

Si bien la narración se recrea en ciertas situaciones: la declaración ante el juez de C. W. Haider por el plagio, Stephen King o la insistencia en distanciarse de un Rey de picas que va cobrando protagonismo inmiscuyéndose en sus pensamientos,  sugiriendo futuros actos violentos (frases en cursiva que interrumpen el discurso de  Rush, muy al estilo de King), al final da la sensación de que la novela no aporta nada nuevo, ni lo cuenta de forma diferente, al tema del personaje sumergiéndose progresivamente en la locura.

Quizá sea la «visita» de Rush a la casa de Haider, en su ausencia, y lo que allí descubre, entre sus libros, la parte menos convencional y, lamentablemente, más desaprovechada de «Rey de picas»: ni siquiera se explica si es una fantasía del protagonista o un hecho real.

El final, un tanto precipitado en cuanto a la evolución de Rush hasta tomar esa decisión, tampoco resulta especialmente impactante, siendo la corrección y el oficio de la autora lo que más destaca en una novela tan entretenida como olvidable.


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lunes, 26 de septiembre de 2016

La carne, de Rosa Montero

Editorial: Alfaguara, 2016
Colección: Hispanica
240 páginas
18,90 €

Argumento:

Soledad Alegre contrata a un gigoló para que la acompañe a la ópera. Tras este primer encuentro, algo accidentado, se suceden otros.

Comentario:

«La carne» es una novela bien escrita: texto tan ajustado que apenas se pueden encontrar pasajes sobrantes o digresiones innecesarias, un tono de humor que se diluye enseguida, correctamente redactada utilizando una estructura no lineal que incluye varios pasajes en cursiva y flashbacks al servicio de una leve intriga (que no lo es tanto) alternada con los altibajos emocionales de la protagonista.

Si bien la trama sentimental es la que lleva el mayor peso de la historia, se incide también en la vida profesional de la protagonista, ocupada (y preocupada) en planificar una exposición sobre escritores malditos, lo que propicia la inclusión de breves «biografías» de autores que tuvieron finales prematuros y dramáticos (solo una de las historias es inventada) y se utilizan, junto a un detallado resumen de la novela «Muerte en Venecia» de Thomas Mann o apuntes sobre varias óperas para reflexionar sobre temas recurrentes en la obra de la autora: la locura (de amor), el doble, el gemelo, la imagen especular (quizá simbólicamente, como su nombre, Soledad Alegre vive en la calle del Espejo).

La aparición de la propia autora como un personaje más, criticado por Soledad, una suerte de deux ex machina que  le resuelve un problema, y un guiño metaliterario, al que se suma Ana, una vecina escritora que protagonizara la primera novela de Montero, «Crónica  del desamor».

La crisis en que está sumida Soledad, abandonada por un amante más joven, 60 años recién cumplidos, obsesionada por el amor (carnal), por la juventud y la belleza (principales atractivos de Adam, el gigoló), por el temor a enloquecer, sugiere la posibilidad de una evolución, con una escena en  la solo no logra salir de su propia ducha tras analizar lo sucedido, como un punto de inflexión que queda anulado en el último párrafo, dando lugar a un final desconcertante.

En resumen, «La carne» es una novela fácil de leer, con el aliciente de un ligero misterio, la pátina cultural proporcionada por las múltiples referencias a novelas, autores, óperas etc, una trama sentimental, emocional y, en cierto sentido, romántica y una protagonista compleja, cuya resolución puede satisfacer o decepcionar dependiendo de lo que esperen de quienes la lean.


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miércoles, 28 de octubre de 2015

Nomeolvides, de Pilar Eyre

Editorial: Planeta, 2015
320 páginas
20 €
Ebook: 12,99 €

Argumento:

Tras quedar finalista del premio Planeta con Mi color favorito es verte, Pilar comienza una gira promocional de la novela que le producirá tanto alegrías como problemas.

Comentario:

Nomeolvides, quizá por ser la continuación de la anterior novela de su autora, y estar redactada en similar tono, entre lo trascendental, lo humorístico y lo melodramático, puede causar la impresión de que es más de lo mismo: más escenas en las que la protagonista se pone en evidencia, e incluso en ridículo, sin que parezca importante, brotes repentinos y exaltados en los que recuerda su amor obsesivo por Sébastien, aparentes digresiones relatando anécdotas más o menos intrascendentes (gira publicitaria, familia, hijo) etc...

Sin embargo, ese itinerario que recorre desde la concesión del premio hasta la decisión final, es menos caótico de lo que aparenta y, entre momentos inclasificables (los planes para asesinar primero, para heredar el premio, y seducir después al verdadero ganador del Planeta, Jorge Zepeda) y reiteradas alusiones a Sébastien, tanto en el recuerdo como en el anhelo de recuperarlo (para lo que Pilar no duda en recurrir a los métodos que haga falta) la novela avanza hacia su meta.

Esta finalidad es la que da sentido y cierta profundidad a la obra más allá de la historia romántica entre Pilar y Sébastien, las escenas de sexo explícito, las anécdotas que narra sobre la gira promocional o la posibilidad de que todo (o casi) lo que se cuenta sea real, por entretenido y «morboso» que resulte.

Y es que lo que plantea la novela es una decisión, relacionada tanto con Sébastien como con la literatura y la propia identidad, y es lo que da sentido a la obsesión que muestra Pilar durante toda la historia, tanto por el amor romántico como por mostrar, exhibir, una verdad que la llena de satisfacciones (encuentros con fans de lo que narra en Mi color favorito es verte, éxito de ventas, reseñas positivas, posibilidad de traducción a otros idiomas).

Nomeolvides es también la búsqueda de un Sébastien a quien cree perdido aunque no es capaz de aceptarlo ni de rendirse, pese a que todo sugiere que él no quiere volver a verla, y una necesidad de probar que cuenta la verdad, ante la que se encuentra con obstáculos que incluyen la negativa de varios amigos a ayudarla, ofendidos por la imagen que da de ellos en Mi color favorito es verte

Y al final es, sobre todo, una elección, quizá la más difícil de la vida de la protagonista, entre la verdad o la mentira (y las consecuencias de lo que elija), en la que resalta una interesante ambigüedad tanto en los motivos de Sébastien como en los de Pilar, él para hacer su petición y ella para dar la respuesta.

Por cierto, en lo formal se observan comas y puntos distribuidos arbitrariamente por todo el texto y curiosos cambios de los tiempos verbales, incluso dentro de la misma frase, ya sea por error o como una forma de plasmar la caótica personalidad de la protagonista

En resumen, Nomeolvides es una novela que tiene muchas similitudes estructurales con su predecesora, lo que puede dar la impresión, durante parte de su desarrollo, de que no aporta nada nuevo, si bien mejora en su segunda mitad, cuando se percibe con mayor claridad el mensaje que intenta transmitir. Puede satisfacer a quienes disfrutaron la anterior obra de la autora.


Enlace relacionado:




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martes, 25 de noviembre de 2014

Mi color favorito es verte, de Pilar Eyre

Editorial: Planeta, 2014
336 páginas
20 €
Ebook: 9,99 €

Argumento:

La escritora Pilar Eyre conoce a un hombre con el que mantiene una breve relación y, tras su desaparición, se obsesiona con él.

Comentario:

Aunque en la sinopsis de la novela se dice que es una historia verídica vivida por la protagonista y autora, que sea cierto, o no, es irrelevante, no afecta al contenido de la historia. En cualquier caso también sirve como recurso para acercar a la autora (y narradora) y a la persona que lee, contribuyendo a crear entre ambas un vínculo, sea real o ficticio, una complicidad incrementada tanto por esa sensación de cercanía que produce la narración en primera persona subjetiva que informa de lo que le parece cuando lo desea, en la que Pilar se muestra exagerada, egoísta, egocéntrica, melodramática y, sobre todo, ingeniosa y divertida, crítica consigo misma y con el mundillo literario.

En Mi color favorito es verte, la protagonista utiliza elementos de la biografía de la autora para desgranar lo que no solo es una historia de amor o una (levísima) investigación detectivesca, sino que además trata otros temas, entre los que destacan la literatura, la soledad o el paso del tiempo, logrando que se puedan hacer varias lecturas, unas más evidentes y superficiales que otras.

Así, no es extraño leer cómo afecta la crisis al mundo literario, y a las ventas de Pilar en particular, verla hablar con sus difuntos progenitores, divertirse con sus primas o, cuando se obsesiona con Sébastien, enviarle poemas, canciones que irrumpen en la narración para señalar con acierto los altibajos emocionales de la protagonista, anécdotas relacionadas con su pasado, familia y amistades, o la intervención de algunos personajes (la pareja del restaurante) ajenos a la trama que no pueden evitar darle su opinión sobre lo ocurrido.

La novela cuenta además con una estructura muy bien organizada en la que se alterna la parte romántica con la intriga por lo que sucedió, pese a que Pilar lo sabe desde el principio del relato y lo cuenta todo a posteriori, dosificando la información con destreza, un detalle aquí o allá rápidamente cortado para mantener la curiosidad, una progresión de la historia en la que siempre parece estar pasando algo, aunque solo tenga que ver con el tema principal tangencialmente, y sutiles digresiones (en los últimos capítulos, en especial durante el viaje a Montpellier, quizá se nota más su finalidad) que retrasan la revelación final.

Además de la trama autobiográfica, centrada en ese amor (o pasión) que se diría una excusa para hablar de temas de mayor profundidad, ya mencionados, como la soledad (esa presencia constante de los progenitores difuntos, la necesidad de comunicar su pasión incluso a desconocidos) o el paso del tiempo y la belleza (el uso de la cirugía estética, las alusiones a la diferencia de edad, la defensa de la pasión y el amor en cualquier momento), destaca el juego metaliterario inteligente y culto que desarrolla la autora desde el principio al final de la obra.

La disminución de ventas de sus novelas históricas, la crisis en el sector literario, el encargo de escribir un libro de autoayuda (en cierto modo Mi color favorito es verte lo es), la descarada utilización de sí misma y sus vivencias como material literario, la verdadera identidad de Sébastien y lo que tienen en común son muestra de la intención de la autora: buscar de complicidad con quienes la leen, establecer varios niveles de lectura y escribir una novela que funciona precisamente gracias a todo esto.
  
Citas de Mi color favorito es verte:

¡Sébastien!
Dijo Sébastien, y el mundo no se conmovió y siguió su marcha dando vueltas y vueltas alrededor del sol, como si nada hubiera ocurrido, pero una onda de fuego me recorrió de arriba abajo. Desde ese momento llevo este nombre cincelado en el cerebro. Cuando pienso en las cadencias de cada sílaba, y ese «tien» final, que podría ser «tian» pero no llega a serlo, esa ene larga, prolongada hasta el infinito, tan fuerte como un puñetazo en el estómago, tan suave como la pisada de un niño, tengo que parar de escribir, los dedos se quedan en alto, respiro hondo como si fuera a perder el sentido y hundo la cabeza en las manos preguntándome por qué.
¿Por qué tuvo que pasar todo? ¿Por qué?

***

¡Cómo está tardando esa maldita niña en terminar su cena, Dios! Pero pronto me arrepiento de este exabrupto, esa maldita niña quizás algún día será mi hijastra... Porque yo tengo secretos inconfesables: además de ciertas visitas de las que hablaré luego, ¡soy adivina autodidacta! ¡Tengo pensamientos premonitorios! ¡Por algo me he hecho escritora! Porque yo conozco a un hombre, en el sentido de hola qué tal, y ya me imagino yendo al altar con él, viviendo junto a él, envejeciendo juntos, preparando juntos esas cenas que suelo ofrecer en mi casa en las que las amigas con un marido colgando del brazo me dicen: «¿todavía sola?, ¿pero en qué piensan los hombres de este país?», acompañándome a la fiesta del Premio Planeta, cambiando las bombillas del porche, abrochándome los collares por detrás y echándome unos polvos que tiembla el misterio, así me lo imagino.

***

Desde que me anudé a la editorial de su propiedad con un contrato de un libro al año, me até al cuello una cadena de por vida. Yo he reflotado una empresa en crisis y él me ha convertido en escritora, pero año tras año, con un ritmo de producción infernal, tengo que dar a luz un libro. Como una máquina de elaborar embutidos, produzco salchicha tras salchicha con una pulcritud y docilidad que es el asombro de todos mis colegas, que solo escriben cuando la inspiración llama a su puerta.
Me preguntan con altivez algo burlona en esas mesas redondas a las que vamos a emborracharnos y comer de gorra:
—¿Otro libro?
Y yo contesto avergonzada:
—Sí, otro.
Me levanto todos los días a las siete de la mañana, escribo hasta mediodía, y después de nuevo por la tarde hasta la hora de cenar. A veces, cuando tengo que buscar algún dato que se me atraviesa y que puede ser simplemente el nombre del trovador favorito de la reina, me pongo a rastrear por internet hasta la madrugada, y cuando lo encuentro (Aramís de Galindo), me siento como el aventurero que descubre su primera pepita de oro. Y me duermo abrazada a mi pepita con tal satisfacción que un rastro de baba humedece mi almohada.

***

—Que no se vende nada, coño, y tus libros tampoco... Fin de ciclo, Pilar, las novelas históricas ya no interesan una mierda.
Se me cierra la garganta como si una mano me apretara, la voz me surge quejumbrosa cual pordiosero doliente:
—Pero, cómo, qué me dices, si ahora teníamos preparada la vida de Isabel de Valois, los trovadores, el maltrato de su marido homosexual en el fondo...

—Con Isabel de Valois me limpio el culo, con los trovadores me limpio el culo, con tus libros me limpio el culo...

—Pero, Ricardo, ya tengo todos los libros que existen sobre el siglo XVI, los palacios, los cinturones de castidad, las doncellas promiscuas... Pensaba introducir un elemento fantástico en forma de dragón que habla andaluz y es muy gracioso...
Ricardo da un gran suspiro y barre todo con la gran escoba del desprecio:
—Eso es una mierda ya, Pilar, una mierda pasada de moda... ¡Antigua, apolillada y rancia! Todas las mujeres que compraban tus libros o han muerto o tienen Alzheimer; cambia de registro, monada, yo solo te digo eso, cambia de registro o...

—O qué, Ricardo.
Me separo el teléfono de la oreja temiéndome lo peor, pero mi editor se limita a suspirar y a decirme en tono tan suave que me entra un escalofrío:
—O nos vamos los dos a freír espárragos... En vez de estar todo el día con el chocho al aire, piensa nuevos argumentos... —Y como presa de inspiración, me dice con voz animada—. ¿Por qué no escribes una novela nórdica de misterio?
—¿Nórdica que pase en los países escandinavos, quieres decir?
—Sí. —Mi editor es como un crío, se anima con una piruleta—. Un hombre que odie a las mujeres, un periodista y una chica con piercings..., mucho café, frío, asesinatos rituales...
—Es que eso ya está escrito, Ricardo, se llama Los hombres que no amaban a las mujeres... El autor es Stieg Larsson...
Sé que mi editor está cogiendo papel y lápiz para apuntar:
—A ver, repite, Larsson... Hablaré con él por el tema de los derechos...
Ricardo no lee nada, ni mis libros. Suspiro con cansancio:
—Está muerto. Larsson está muerto.


Nota: Mi color favorito es verte es la novela finalista del Premio Planeta 2014.

También en este blog: Reseña de Nomeolvides.


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