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lunes, 19 de febrero de 2018

La Ofrenda, de Gustavo Martín Garzo

La Ofrenda
Gustavo Martín Garzo
302 páginas
Galaxia Gutenberg, S.L.


Argumento:

Una enfermera responde a un anuncio para trabajar cuidado a una señora mayor en la isla de Madagascar. Al llegar allí descubre que la anciana esconde un alucinante secreto...


Comentario:


La novela está dividida en varias partes, cada una de ellas con un narrador distinto. En la primera, escrita en segunda persona, algo bastante insólito (aunque ya usado por varios autores, como Perec, por ejemplo), se nos cuenta la llegada de la protagonista a la isla y su toma de contacto con lo que allí hay. El recurso a la segunda persona provoca sensación de misterio y extrañeza, bastante adecuado a lo que se narra. También las descripciones, poéticas en ocasiones, contribuyen a armar esa ambientación que nos prepara para lo que parece una aventura fuera de lo común, exótica, casi irreal.

Después, continúa un diario (en primera persona, obviamente) donde la protagonista nos cuenta sus experiencias en la mansión de Rose, la señora que tiene que cuidar. Esta parte me ha recordado un poco a "Otra vuelta de Tuerca" de James, salvando las distancias, más que nada por el tono y por el carácter quizás dudoso y no fiable de la narradora que cree en la existencia de un hombre pez que ronda por el sistema de piscinas y canales de la casa.

La historia se desarrolla a lo largo de varias décadas, con un gran salto temporal al final que sirve como explicación de lo anterior.

La prosa, buena, con algunos resplandores líricos, logra crear una atmósfera adecuada, plena de incertidumbre, inquietud y misterio, aunque el autor tiende, en ciertas partes de la novela, a dispersarse con prolijas descripciones tanto de lugares como de hechos y de pensamientos, que recargan y ralentizan.

La trama, más sencilla de lo que parece, lleva en cierto modo a engaño, ya que el tema del hombre pez, a mi modo de ver, no es más que un simbolismo para hablar de otros temas. Siendo así, la resolución me ha parecido demasiado previsible, y el desarrollo algo plano.

Volviendo al simbolismo, el hecho de que el autor se recree tanto en los sentimientos, deseos y temores de la protagonista y sus relaciones con diversos hombres (del pasado y del presente), y el de que varios de sus relatos se revelen al  final como fantasías o hechos no del todo ciertos o dudosos, hace pensar en que el verdadero tema es cierta visión de la feminidad y su atracción problemática por la Bestia (lo masculino). De este modo se combina la acción, propia de una película de serie B (como El Monstruo de la Laguna Negra, o la mucho más reciente "La forma del agua" de Guillermo del Toro), con indagaciones en la psique femenina profunda, en las relaciones de dependencia, en el sentido del amor, usando el agua y la forma animalesca como metáforas.

Si hubiera sido más corto me habría gustado más, eso está claro. La dispersión y la reiteración  no ayudan a una lectura fluida. Ciertamente, el nivel literario está un poco por encima de otras propuestas, y desde luego, muy por encima de como hubiera sido si el autor llega a decantarse por un desarrollo o trama tipo bestseller, pero a veces se hace un poco pesado ver a la protagonista elucubrando sobre el supuesto hombre pez, los canales, las misteriosas construcciones, la torre secreta, los juegos con las naranjas y demás, una y otra vez.

En resumen, una lectura un tanto extraña, tanto por la temática como por sus simbolismos, con una prosa correcta, una atmósfera misteriosa lograda pero una trama endeble y que no ha terminado de convencerme (y no sé muy bien por qué, qué es lo que más me falla). Con todo, no es un mal libro.


¿Qué te ha parecido la reseña? ¿Te apetece leer este libro? ¿Ya lo has leído? (Los comentarios están moderados con lo cual tardan un poco en salir. El blog no se hace responsable de los spoilers que puedan aparecer en los comentarios, ya que Blogger no permite editarlos. Se ruega que se ponga un aviso si se van a mencionar. Gracias por tu opinión)

lunes, 12 de febrero de 2018

Con el traje de los domingos, de Bernice Rubens

T.O.: Sunday Best, 1971
Editorial: Alba, 2017
Colección: Rara Avis, 35
Traducción: Íñigo F. Lomana
192 páginas
18,50 €

Argumento:

George Verrey Smith, un maestro de cuarenta y dos años, casado durante diecisiete años con Joy, dedica los domingos a vestirse y maquillarse como una mujer.

Comentario:

Aunque la novela trata otros temas de importancia, como son el racismo, la pederastia,  lo malos tratos físicos y psicológicos dentro de la familia, la hipocresía social o el asesinato de un miembro de la comunidad, todos ocupan un lugar secundario, al servicio del retrato de la personalidad del protagonista, George Verrey Smith, dividida en tres partes, dos de ellas, de muy distinta longitud, narradas en primera persona por él mismo.

En su narración, definida por él como novela, y como confesión, George se dirige a un público que no concreta, para contarle los hechos ya sucedidos. Llama la atención este uso del  plural, no tan claro en inglés, así como la decisión de hablar de sí mismo en masculino, dadas las circunstancias, algo que se entiende tras leer la conclusión de la historia. Además, Verrey Smith no duda en mentir, ni en admitirlo, o que hace trampas, hablando de unas cosas para evitar otras. También se propone no mentar temas dolorosos, como la relación con su difunto progenitor, siendo incapaz de cumplirlo casi de una frase a la siguiente, obsesionado con lo ocurrido en su niñez.

La relación de George con ambos progenitores es recurrente a lo largo de la novela, desde los malos tratos físicos y psicológicos por parte de él, tanto al hijo como a la esposa, al fanatismo religioso de la madre, quizá como explicación a la tendencia del chico a vestirse de mujer, si bien el protagonista deja clara la intención de las palizas, sugiriendo que esta preferencia era anterior al «tratamiento»: «Haré de ti un hombre», me gritaba. Durante muchos años pensé que se lo decía a sí mismo. Hasta que me obligó por primera vez a darme esa ducha fría, mientras él iba y venía del jardín con las manos llenas de nieve para restregármela por el cuerpo. Y, cuando temblaba, me pegaba y me decía que parecía una mujer. Fue entonces cuando empecé a odiarlo.

Curiosamente, aun con los dramas familiares y la narración subjetiva, George resulta desagradable, y reconoce serlo, desde el desprecio a Joy, la esposa a quien ni ama ni respeta, hasta su carencia de empatía hacia vecinos y compañeros de trabajo (muchos le odian o desprecian), con situaciones a las que reacciona de formas entre absurdas y surrealistas, dando un toque de humor a la obra.

Especial interés y simbolismo tiene el último capítulo de la primera parte, en el que se celebra el funeral de un vecino y sirve a George para hacer su propia y emotiva ceremonia de reconciliación y entierro y comenzar una nueva vida: «Y, justo en ese instante, Verrey Smith murió dentro de mí y yo salí de la capilla anónimo y desconocido, pero en paz.»

Es en la segunda parte, relatada en tercera persona y protagonizada en su mayor parte por Emily Price, donde consigue cambiar la impresión  causada. Alternando los puntos de vista de Joy, destrozada tras la desaparición de George, al punto de descuidar la casa en su ausencia, el de un policía convencido de que Verrey Smith es el autor del asesinato del señor Parsons, uno de sus compañeros de trabajo, y el de la propia Emily, todo parece confabular para impedir que ella sea libre.

Si bien la trama policial es un aliciente más para continuar la lectura, deseando saber cómo se resolverá el enredo, lo más importante es el nacimiento y primeros pasos de una Emily insegura, tímida, asustada, en lucha con su otro yo, un George cuya ropa conserva e incluso se pone en ocasiones: «De pronto, se sintió doblemente atrapada. George Verrey Smith la había dejado atrapada dentro de Emily Price y esta, a su vez, lo había atrapado a él. No resultaría fácil escapar de ninguno de los dos.»

Emily es encantadora donde George es desagradable, empatiza con Joy donde su marido la desprecia, piensa y siente de modo distinto (femenino), es, de alguna manera, más humana, y hasta consigue que él resulte, al final, menos desagradable, por medio de esa difícil convivencia a la que están obligados.

En resumen, «Con el traje de los domingos» es una novela muy bien escrita y desarrollada, a veces sutil, profunda, intensa, con pasajes de un humor casi surrealista, que propicia la reflexión y a la empatía (¿quién no ha sufrido algún tipo lucha interior, incomprensión o rechazo social o personal?), el estudio psicológico de una persona que se siente confusa y necesitada de pagar por aquello de lo que se sabe culpable.


***T***


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lunes, 29 de enero de 2018

Homo Lubitz, de Ricardo Menéndez Salmón

Homo Lubitz
Ricardo Menéndez Salmón
Seix Barral
239 páginas

Argumento:

Según la contraportada: "Richard O’Hara aguarda en un hotel de Shanghái la firma de un contrato entre el Gobierno de China y las farmacéuticas occidentales que lo convertirá en un hombre rico. Tras su estancia en Asia, recibe un extraño encargo: hallar el paisaje que aparece en una vieja fotografía. Obsesionado por esa imagen, emprenderá entonces un viaje alrededor del planeta en compañía de una mujer llamada Amanda. En este thriller vertiginoso, en el que los accidentes juegan un papel decisivo, los vampiros son coleccionistas de arte y el cineasta David Cronenberg explica cuál es el verdadero espíritu del siglo xxi, Ricardo Menéndez Salmón muestra su confianza en la ficción literaria como instrumento para interpretar nuestro mundo."


Comentario:

En primer lugar, hacer notar lo poco que encaja la descripción del argumento de la contraportada con lo que realmente contiene el libro. Lo del thriller vertiginoso es especialmente sangrante. Porque ni es thriller ni es vertiginoso. Bien, no voy a negar que cuando leí eso no me lo creí ni por un minuto, sabiendo quién era el autor.

 En efecto, la débil trama, por llamarla de algún  modo, es una mera excusa para enhebrar frases y párrafos "bonitos", en teoría artísticos, pero que, en general, no encierran un contenido real si se analizan. Todo eso podría tener un pase si buscamos el arte por el arte, la belleza por la belleza, la metáfora, etc, pero es que hasta en eso me parece que flojea con respecto a obras anteriores.

El título hace alusión a Andreas Lubitz, piloto tristemente famoso por haber estrellado un avión en los Alpes, y por el cual el protagonista parece sentir cierta fascinación. En realidad, se nos dice que le gustan los accidentes. Al final, también hay una película que narra el accidente de los Alpes, dirigida nada menos que por David Cronenberg, que hace una aparición estelar para darnos su visión del arte, la vida, etc.

Los personajes de esta novela tampoco tienen mucho fondo que digamos. El protagonista, O'Hara, tiene como misión poner una especie de vacuna a los chinos para eliminar su intolerancia a la lactosa (sí, tal cual), cosa que luego resulta formar parte del plan de un tal Control, cuyas disquisiciones sobre la vida eterna y la inmortalidad, nos hacen pensar en una especie de vampiro, aunque esto tampoco tiene relación con lo demás. Luego hay un viaje para buscar un paisaje de una fotografía o algo por el estilo, en compañía de una señora mayor llamada Amanda, cuyo sentido se me ha escapado.

Como dije antes, la trama es una excusa. El autor engarza reflexiones, parrafadas, descripciones... que no van a ningún lado. O quizás es que el sentido está tan escondido que no lo he visto. Me gustaría saber qué quiso expresar el autor con este libro. En algunos comentarios he leído que se trata de una "radiografía del hombre contemporáneo", pero de verdad, no lo he captado.

Eso sí, es tan breve que no se hace pesado, si es que uno se olvida del argumento y busca solo deleitarse con alguna frase o pasaje destacables, aunque estos no son tan abundantes como en otras novelas. De hecho, cuando lo comencé a leer pensé que, en verdad, RMS se había pasado al thriller, por el estilo de escritura. Sin embargo, conforme pasan las páginas se vuelve al estilo típico del autor (más diluido, me ha parecido)

En resumen, un libro difícil de valorar y seguramente muy bueno... si uno comprende lo que quiso decir el autor, pero un galimatías de elementos inconexos para todos los demás...


Algunos pasajes
Un sentido siempre complejo de acatar, y que apuntaba a satisfacer la vieja, reiterada, inexpugnable pregunta que también sólo a él correspondía responder: cómo llenar de motivos un tiempo sin pausa, cómo sobrevivir al tedio inenarrable de una vida sin final. En aquella labor de exhumación que no terminaba nunca, remontándose de época en época, hacia atrás en los almanaques como un cangrejo que invirtiera la flecha del tiempo para atrapar con sus pinzas no un omega de la restitución sino el alfa del reconocimiento, aquel pozo profundo aceptaba haberse escudado en alias de todo tipo, en climas tan variados como extremos, tras la máscara de lenguas tan ajenas entre sí como el urdu y el rumano, coetáneo de nombres que hoy eran mármoles imperecederos en los museos del asombro, los Alejandro y Constantino de cada ciclo humano, para regresar al misterio sin solución de cuándo el niño del desierto se convirtió, por obra y gracia de un suceso aberrante, celosamente oculto, de un don no presentido ni anhelado, otorgado sin causa ni disculpa, en el anciano sin edad condenado a no morir, a resistir cada impulso de demolición del tiempo y, con él, a padecer la inmortalidad de los afectos, el agravio más duradero.


El estreno mundial de El cielo se desploma tuvo lugar en el Lido de Venecia el día 1 de septiembre del año 2026. Fue la película escogida para inaugurar la edición número 83 de la Mostra. Vestido de negro, con su cabello plateado sobre la frente poderosa y despejada, su director, el canadiense David Cronenberg, mostraba un aspecto envidiable a sus ochenta y tres años. Pero se le veía irritado. La prensa había abucheado su trabajo. Los críticos de medio mundo habían abandonado la proyección aturdidos y enfadados. En el mejor de los casos, desconcertados.


Cronenberg manipuló el precinto de la botella de agua y al hacerlo salpicó la mesa, los papeles, el micrófono de la intérprete. No fue torpeza. Pareció nerviosismo. Si El cielo se desploma hubiera sido un éxito, la sala habría reído ante aquel acto fallido. Pero nadie se movió con simpatía en su asiento. Nadie se permitió un suspiro de placer ni de alivio. Nadie miró al director con benignidad a pesar de sus ochenta y tres años de edad y de sus magníficas obras, a pesar de lo que su trayectoria representaba para la historia del cine. Como si la rotura del precinto del agua fuera un mal augurio, un silencio incómodo y espeso se derramó entre el público. Mientras, la intérprete sonreía con fijeza de máscara. La risa tiraba de sus labios hasta regalarle una mueca triste, el rictus de una muñeca con la que nadie juega. Más de uno deseó que se pudiera rebobinar la escena. Que Cronenberg volviera a manipular con más tino la botella de plástico. Que el director y la intérprete volvieran a entrar en la sala. Que, piadosa y discretamente, El cielo se desploma nunca hubiera sido filmada.


La voz de Cronenberg expresó su convencimiento de que Andreas Lubitz era un síntoma. Y de que él, Cronenberg, había filmado síntomas durante toda su vida de cineasta. Síntomas del calvario y del éxtasis. Síntomas de la enfermedad y de la violencia. Síntomas de las nuevas parusías. La voz de Cronenberg puntualizó que Andreas Lubitz era el síntoma de una enfermedad que se llevaba gestando hacía muchísimo tiempo en el organismo occidental, largos años de ausencia y deterioro, una época espléndida y a la vez inocua. Ese síntoma, precisó la voz de Cronenberg, era la angustia ante el vacío. Cronenberg dijo que consideraba a Andreas Lubitz un enfermo de nihilismo, pero sin el cariz romántico de los primitivos nihilistas, los jóvenes rusos que se inmolaban en aras de un futuro mejor. No. Andreas Lubitz era un nihilista del narcisismo, un hombre débil y estúpido que quiso jugar a ser dios, cualquier dios, y que al poner en cuarentena los panteones nos hizo percibir la aterradora presencia del vacío. Un vacío tanto más implacable en la medida en que transparentaba un cúmulo de decisiones egoístas: falta de reconocimiento y éxito, deudas de dinero, la puesta en duda de una personalidad. La sala contenía el aliento. Venecia no estaba preparada para la filosofía. No el día 1 de septiembre del año 2026, con aquellas mujeres hermosísimas vistiendo trajes de diez mil dólares, con aquella suave luz enmarcando la Laguna como una joya imperecedera, con aquella procesión de inane esplendor que los actores, las actrices, su fama breve y brutal, la fama de los idiotas y de los muertos, irradiaba en torno suyo como flecos de un cometa que se desintegra. Por eso O’Hara sintió que Cronenberg hablaba sólo para él, que esa conversación había comenzado en una cafetería de Nueva York en marzo del año anterior, cuando en un ejemplar atrasado de Variety la noticia del rodaje de cierta película había llamado su atención.


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lunes, 15 de enero de 2018

Basada en hechos reales, de Delphine de Vigan

D'après une histoire vraie
Delphine de Vigan
Traducción: Javier Albiñana
344 páginas
Editorial Anagrama

 
Argumento:

La escritora Delphine de Vigan, después de su gran éxito con la novela "Nada se opone a la noche", sufre un bloqueo creativo. Es incapaz de escribir una palabra más. Entonces aparece L., una mujer misteriosa que, poco a poco, va ganándose su confianza. Pronto L. se manifiesta como un acicate para retomar la escritura.


Comentario:

Lo cierto es que el argumento prometía: una intriga literaria bajo la premisa, un tanto tópica, del bloqueo de escritor, con dos personajes femeninos en confrontación y ambigua amistad (dependencia, atracción, obsesión, etc), pero pronto la novela muestra sus debilidades.

En primer lugar, se juega con la dicotomía realidad/ficción. Las dos mujeres, una novelista, la otra "negra literaria", de origen e intenciones misteriosas y oscuras, mantienen conversaciones sobre este asunto, que al principio son interesantes, pero luego se hacen repetitivas. Dan vueltas siempre sobre lo mismo, sin aportar ideas realmente rompedoras, quedándose un poco en lo convencional. L. mantiene que el lector busca sobre todo "verdad" en la literatura, y en todo momento trata de que Delphine retome esta vía ya abordada en su exitosa autoficción "Nada se opone a la noche", que narra la vida de su madre, es decir, novela hechos reales. Esta novela, curiosamente, sería lo contrario: hacer pasar por real algo que es ficción, utilizando la propia biografía, familia y entorno de la autora. Incluso se menciona a sus hijos y a su pareja, François (conocido en Francia por sus programas en la TV sobre literatura).

Así pues, la historia se plantea a la vez como una reflexión metaliteraria sobre la creación, la autoficción, la realidad, la ficción, etc., y como una intriga que incluso recuerda a las de las novelas de género (hay citas de libros de Stephen King, con esto ya está todo dicho) que parece que va a revelarnos las inquietantes aproximaciones de L. y su rápida toma de posesión sobre Delphine, a la que llega a sustituir en un evento literario, y su existencia. Las citas del famoso autor americano (de Misery y de La Mitad Oscura) dan pistas acerca del argumento e incluso hasta, en cierto modo, de la resolución de los enigmas, pero incluso no conociendo estas novelas, fácilmente se adivina el final, que resulta, por cierto, al menos para mí, muy insatisfactorio.

Desde la mitad de la novela, más o menos, se empieza a desinflar todo el invento. Las charlas y encuentros de L. y Delphine se repiten, se estanca el ritmo, y cada vez vamos sospechando más lo que se avecina. Ciertamente, el argumento no da para tantas páginas. Y cuando se produce el desenlace, la autora opta por lo más fácil, por la ambigüedad, aunque literariamente puede que sea lo que mejor funcione, sobre todo, en relación con el "mensaje" y el tema. Sin embargo, yo diría que la novela en general se queda a medio camino en todo, como intriga y misterio, más que nada, pues esperas que haya algún giro o algo, y ahí sigues esperando... Como dije antes, funciona mejor como novela literaria sobre la "verdad" de los autores y sus creaciones.

En cuanto a la prosa y aspectos técnicos, me ha parecido bastante sencilla, salvo algunos fragmentos más brillantes, puntuales, generalmente relacionados con las reflexiones. No es difícil de leer. Por lo extravagante de las relaciones entre L. y Delphine me ha recordado un poco a algunas novelas de Amélie Nothomb pero sin ese toque surrealista y humorístico de la belga (habría sido de agradecer un poco de humor, pero bueno, Delphine es más seria). Al parecer, hay una película dirigida por Roman Polanski sobre esta novela, protagonizada por Emmanuelle Seigner y Eva Green (que por cierto, no pega nada para el personaje de L, o al menos, yo no me la imaginaba así en absoluto...).

En resumen, una novela  que pese a hablar de literatura, creación, relaciones entre ficción y realidad, y ese tipo de temas un tanto intelectuales no resulta ni cargante ni ardua, se lee con interés por la intriga de conocer el devenir de la relación entre dos mujeres relacionadas con la literatura, pero al final, es una especie de reflexión sobre la autoficción, los fantasmas del escritor, la verdad, la creatividad... sin que destaque ni como alta literatura ni como novela de género misterioso. Correcta sin más, con algún buen y destacable momento.

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miércoles, 3 de enero de 2018

Mini reseñas: especial librerías: Penelope Fitzgerald, Mónica Gutiérrez y Petra Hartlieb



La librería, de Penelope Fitzgerald
The Bookshop, 1978
Editorial: Impedimenta

Argumento:

La señora Green compra un local para abrir una librería. La señora Gamart trata de impedirlo.

Comentario:

Quizá el principal «problema» de «La librería» sea la forma en que está relatada, contando los hechos externos (la compra de la librería, la descripción del edificio, la diferencia entre el dinero que invierte en material y lo que gana con las ventas), como si fuera una excusa para contar el desacuerdo entre la librera, Florence Green, y Violet Gamart, con el uso que se va a dar al lugar:   «…estamos todos algo alterados por la repentina transformación de nuestra Old House en una tienda; somos tantos los que teníamos la idea de convertirla en algún tipo de centro… Quiero decir, un centro artístico… para Hardborough.».


Apenas se incide en los pensamientos, emociones ni personalidades de los personajes, a quienes no se llega a conocer, aun menos empatizar con sus problemas. Nunca hay un enfrentamiento real entre ambas mujeres (la señora Green tiene una actitud pasiva, no parece enterarse de lo que ocurre a su alrededor), y  personajes como Christine Gipping, la niña que trabaja para ella, o Edmund Brundish, el único apoyo de Florence, quedan desdibujados, sin aprovechar su potencial.

Apenas quedan claros los motivos, que podrían parecer caprichosos, para algunos hechos y que el negocio sea una librería es irrelevante, cualquier otro negocio hubiera resultado igualmente inadecuado para la señora Gamart.  Por supuesto, de literatura apenas se habla.

Isabel Coixet ha dirigido una película basada en la novela, protagonizada por Emily Mortimer (Florence Green), Patricia Clarkson (Violet Gamart), Bill Nighy (Edmund Brundish) y Honor Kneafsey (Christine Gipping) en los principales papeles. Al parecer, hay varios cambios respecto a la novela. La Librería ha ganado tres premios Goya: a mejor guión adaptado, dirección y película.








La librería del señor Livingstone, de Mónica Gutiérrez 
Editorial: Amazon

Argumento:

Agnes Martí, arqueóloga en paro, encuentra trabajo, casi sin querer, en la librería del señor Livingstone.

Comentario:

«La librería del señor Livinstone» podría dividirse en dos 
partes. Mientras la dedicada a la librería resulta fresca, interesante, con personajes excéntricos y peculiares (deja con ganas de saber más del escritor residente, y lo que escribe, y 
sobre la señora Dresden), incluida la propia librería, cuya descripción (romántica e idealizada) logra que den ganas de ir a trabajar allí, o a que el señor Livingstone te recomiende algo para leer.


Sin embargo, cuando la historia sale de la librería y, sobre todo, se centra en la parte romántica, hacia la mitad de la obra, se vuelve más tópica y previsible, con algún romance (hay hasta tres) instantáneo y poco convincente, uno de ellos en especial no aporta nada a la novela.

Más interesantes son los juegos de palabras, bromas y conversaciones sobre obras muy conocidas, aunque llega un momento en el que llegan a abrumar, como también sucede con las descripciones y menciones de algunos lugares, a veces con un ligero tono «wikipedia».

Flojea en los conflictos, con soluciones demasiado fáciles, sin complejidad ni verdaderas complicaciones, quizá como consecuencia de tratarse de una novela «feelgood». El final es un tanto precipitado, con una resolución rápida y, en algunos aspectos, poco satisfactoria.

En conjunto se trata de una lectura amena, entretenida, bien redactada (apenas se detectan erratas. Ese Lawrence en referencia a Laurence Olivier y poco más), que deja con las ganas de tener una librería  como Moonlight Books.



Mi maravillosa librería, de Petra Hartlieb
Meine wundervolle Buchhandlung, 2014
Editorial: Periférica

Argumento:

Petra Hartlieb y su marido se enamoran de una librería y deciden comprarla y hacerse cargo del ngocio.

Comentario:

Resulta difícil creer que la autora lo sea también de novelas de misterio (en colaboración con otro autor), además de librera y lectora habitual, y haya escrito una obra tan inane y carente de interés.

El desarrollo muestra la carencia de una estructura definida, que organice la obra de alguna manera, ya sea por  el orden que suceden los hechos (reales) que relata (ver el local, decidir comprarlo, contratar empleados, etc, que se mencionan en cualquier momento, sin una motivación concreta), o por temas (clientes, lecturas, adquisición de ejemplares…), lo que produce una sensación de caos y confusión y perjudica la lectura al no encontrarle coherencia ni fluidez.

Las (seudo) anécdotas están contadas en un estilo inane, torpe, carente de ingenio. Tampoco son interesantes, o quizá se debe, precisamente, a cómo las relata. Es de lamentar, en especial, cuando habla de presentaciones de libros de autores más o menos conocidos.

Los personajes (muchísimos) no existen, hasta el punto en que la mayoría de ellos son meros nombres y funciones. ¿Se dice en algún momento cómo se llaman los hijos?

La autora/protagonista es quejica y victimista hasta la exageración, sobre todo teniendo en cuenta lo bien que les sale casi todo, con ayudas desinteresadas de personas que casi no conocen, préstamos, empleados que encuentra casi milagrosamente etc...

En resumen: 
«Mi maravillosa» librería es de esas obras que dejan con las ganas de no poner nunca una librería, por mucho que guste la literatura.


***T***


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martes, 19 de diciembre de 2017

La hija del alfarero, de José Luis Perales

Editorial: Plaza & Janés, 2017
288 páginas
19.90 €
Ebook: 9.99 €

Argumento:

La decisión de Francisca de abandonar El Espejuelo, pueblo en el que vive, para irse a la ciudad, es el comienzo de una serie de cambios en su familia.

Comentario:

Aunque la novela se titula «La hija del alfarero», Francisca no es la protagonista absoluta, sino que comparte protagonismo con el resto de su familia: Brígida y Justino, los progenitores, y Carlos, su hermano, todos ellos al servicio de una obra que la publicidad califica como «una emotiva y apasionada historia sobre las consecuencias de nuestros actos y el sacrificio necesario para alcanzar los propios deseos.», entre otros detalles que quizá desvelan, prematuramente, demasiado de la trama.

Sin embargo, una lectura más «creativa», se aleja de generalidades como «consecuencias de nuestros actos» o «sacrificio necesario», que parecen aludir a pasajes tan tópicos como previsibles (lo que le pasa a Francisca en el hotel donde trabaja en Ciudad del Mar, Carlos en El Olvido), para «descubrir» otros temas de mayor interés y complejidad: la vida rural, las diferencias entre vivir en un pueblo diminuto o en una ciudad más grande, el desarraigo, de la implacabilidad del progreso y el paso del tiempo… relatado de manera más o menos simbólica.

Brígida y Justino representarían ese mundo rural cuyo destino es ser vencido por el progreso (la evolución del trabajo de alfarero, el abandono del pueblo en busca de algo mejor hasta quedar casi deshabitado…): 

«En El Espejuelo, la casa de los claveles rojos fue vendida. El alfar, en el que Justino, el padre alfarero de Carlos, se había dejado la vida, fue abandonado. La maleza lo fue cubriendo como lo encontraron años atrás, y la furgoneta con la que hizo el reparto de material a las obras de El Olvido fue vendida, ocupando su lugar un coche de lujo que no desmereciera al lado de los coches de los vecinos.».

Carlos simbolizaría la llegada del progreso, y la riqueza al poner tejas de barro cocido en todas las casas de El Olvido, y los cambios que se producen en cuanto a riqueza, turismo, negocios (cafetería, panadería y bollería, una peluquería donde estaban las cuadras):

«Fueron tantas las ideas de negocios a instalar en el pueblo que hasta don Juan del Oso, el cura, con ánimo de recaudar fondos para las necesidades de la iglesia y evitar obras en donde instalar objetos sacros, pensó en restaurar un viejo confesionario que almacenaba polvo de siglos en la planta baja de la torre del campanario e instalarlo en la puerta de la iglesia, habilitado como quiosco, al que llamaría EL RINCONCITO DE DIOS.».

Francisca contribuye al cambio yéndose a vivir a Ciudad del Mar en un tren cuyo trayecto indica el cambio de un mundo a otro:  

«A través de las ventanillas, el paisaje y la luz iban cambiando, pasando de la aridez de la tierra escasa de vegetación y un tiempo aún fresco a pesar del comienzo de la primavera, a un paisaje más verde tapizado de viñas y cultivos de almendros en flor en donde el aire, al asomarse a las ventanillas, era más cálido y lleno de aromas a flores silvestres que más tarde darían paso al perfume del azahar procedente de los campos interminables de naranjos cruzados por las vías del ferrocarril.».

Lamentablemente, el autor carece de los recursos necesarios para plasmar adecuadamente sus ideas, cayendo en errores de principiante: diálogos explicativos en los que los protagonistas saben lo que cuentan, dedicados solo a transmitir torpemente cierta información; exceso de puntos de vista, entre ellos los de personajes secundarios; recuerda cada poco quién es quién («Brígida estaba sola. Justino, su marido, y Carlos, su hijo, se encontraban en el tejar…»); Y, lo más destacado, el paso del tiempo, que no parece transcurrir a la misma velocidad para Francisca que para Carlos, lo que produce desconcierto y confusión, al no saber siquiera cuanto tiempo transcurre entre el principio y el final de la obra.

En resumen, «La hija del alfarero» es una novela deficiente en lo formal (algo solucionable aprendiendo técnica literaria), en la que destaca alguna imagen poética, en especial en escenas situadas en El Espejuelo, sus paisajes o el trabajo de alfarero, con el mérito de tener algo que contar, un universo propio: la recreación, nostálgica e intensa, del mundo rural, ambientada en la comarca de Vallehondo, ya presente en la anterior, y primera, novela de su autor, «La melodía del tiempo».


***T***



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jueves, 30 de noviembre de 2017

Mil veces hasta siempre, de John Green

T.O.: Turtles All the Way Down, 2017
Editorial: Nube de tinta
Traducción: Noemí Sobregués
300 páginas
16.95 €
Ebook: 8.99 €

Argumento:

Aza Holmes intenta vivir su vida mientras combate una enfermedad mental.   

Comentario:

«Mil veces hasta siempre» es una novela que aborda muchos temas, cada uno con diferente función, interés e importancia en el relato: la enfermedad mental, el primer amor, la amistad, la pérdida de seres queridos o lo sucedido con el millonario Russell Pickett parecen los principales.

Aunque la publicidad de la novela hace hincapié en la «investigación» de lo sucedido a Pickett, dándole gran importancia, su cometido es ser el detonante de la aventura, una subtrama que recorre la  historia casi todo el tiempo en segundo plano, si bien al final se relata, más o menos, qué ha sido de Pickett, dando principio y final a la obra en un intento de cohesionar tramas que no siempre acaban de encontrar su lugar.

Otro de los temas tratados, este sí principal, es la enfermedad mental de Aza (se diría un trastorno obsesivo compulsivo, TOC), a la que se concede mucha importancia, tanto en la reiterada descripción de los síntomas como en la forma que condiciona su vida y sus relaciones con su madre, su mejor amiga, Daisy, o su primer amor, Davis, impidiéndole llevar una existencia «normal» y, en ocasiones, distinguir entre la realidad y sus fantasías autodestructivas, caracterizadas por los pensamientos obsesivos, el miedo a contagiarse enfermedades y la tendencia a menospreciarse y culparse de lo que sucede a su alrededor.

El amor también ocupa bastante espacio, encarnado en su faceta romántica por el romance entre Aza y Davis, poco convencional debido a las obsesiones de ella (el miedo a que millones de microbios la invadan al besarse). También está muy presente en la amistad entre Aza y Daisy, quizá la relación más compleja (dudas, equívocos, lealtad) que mantiene la protagonista, por encima de la que tiene con su madre, viuda, o con su coche, Harold, a quien trata como si fuese un ser vivo.

La obra, narrada en primera persona por Aza, Holmesy para su amiga, hace que destaque el personaje, lleno de matices (inteligente, sensible, con sentido del humor, ingeniosa) además de dotar de cercanía y verosimilitud a lo que cuenta sobre su enfermedad y dar un punto de vista subjetivo que en ocasiones da lugar a equívocos y posteriores aclaraciones (la amistad entre Aza y Daisy especialmente).

El elenco de personajes lo completan los ya mencionados Daisy (autora de fanfics de Star Wars, y quien anima a Aza a hacer cosas), Davis (interés romántico e hijo del millonario desaparecido, sensible y atormentado) y su hermano Noah (necesitado de protección), la madre de la protagonista (siempre preocupada por ella y sin haber superado la viudedad), la doctora Singh (psiquiatra de Holmesy), Mychal Turner (novio de Daisy) y Harold (el coche heredado del difunto progenitor). Todos ellos están dotados de las suficientes características para dotarles de personalidad propia y que cumplan los roles asignados.

Unas breves frases en  las últimas páginas,  indicativas de que Aza narra toda la historia desde un presente bastante lejano de lo que cuenta la novela, sugieren que el tema principal de la historia es la dificultad de crecer, madurar (hay un par de escenas relacionadas con Pickett en las que tanto Aza como Davis y Noah tienen que tomar decisiones trascendentales), con el problema añadido de la enfermedad mental.

En resumen, «Mil veces hasta siempre» está muy bien escrita, con personajes interesantes, momentos intensos, ingenio y humor, aborda temas importantes, no todos igual de bien integrados en la historia, y su lectura resulta tan entretenida como emotiva.


Citas de Mil veces hasta siempre


Comienzo de la novela:


«La primera vez que caí en la cuenta de que yo podría ser un personaje de ficción, asistía de lunes a viernes a un centro público del norte de Indianápolis llamado White River High School, en el que fuerzas muy superiores a mí que no podía siquiera empezar a identificar me exigían comer a una hora concreta: entre las 12:37 y las 13:14. Si esas fuerzas me hubieran asignado un horario de comida diferente, o si los compañeros de mesa que ayudaban a escribir mi destino hubieran elegido otro tema de conversación aquel día de septiembre, yo habría tenido un final diferente, o al menos un nudo narrativo diferente. Pero empezaba a descubrir que tu vida es una historia que cuentan sobre ti, no una historia que cuentas tú.
Crees que eres el autor, por supuesto. Tienes que serlo. Cuando el monótono timbre suena a las 12:37, piensas: «Ahora decido ir a comer». Pero en realidad el que decide es el timbre. Crees que eres el pintor, pero eres el cuadro.»


Capítulo 21 (el porqué del título original de la novela):


«—Un científico está dando una conferencia ante un gran público sobre la historia de la tierra, y explica que la tierra se formó hace miles de millones de años a partir de una nube de polvo cósmico, y durante un tiempo la tierra estaba muy caliente, pero se enfrió lo suficiente para que se formaran océanos. Y en los océanos surgió vida unicelular, y tras miles de millones de años, la vida proliferó y se hizo más compleja, hasta que hace unos doscientos cincuenta mil años la evolución dio lugar a los humanos, y empezamos a utilizar herramientas más avanzadas, y al final construimos naves espaciales y todo lo demás.
»En fin, que el científico da su explicación sobre la historia de la tierra y de la vida, y cuando termina pregunta si alguien tiene alguna pregunta. Una anciana de las últimas filas levanta la mano y dice: «Todo esto está muy bien, señor científico, pero la verdad es que la tierra es plana y se apoya en el lomo de una tortuga gigante».
»El científico decide divertirse un rato con la mujer y le dice: «Bueno, si es así, ¿dónde se apoya esa tortuga gigante?».
 »Y la mujer le contesta: «Se apoya en el caparazón de otra tortuga gigante».
 »Ahora el científico se queda decepcionado y le dice: «Bueno, ¿y dónde se apoya esa segunda tortuga?».
»Y la anciana le contesta: «Señor, no lo entiende. Hay tortugas hasta el infinito».
Me reí.
—Tortugas hasta el infinito.
—Tortugas hasta el puto infinito, Holmesy. Tú intentas encontrar la última tortuga, pero no funciona así.
—Porque hay tortugas hasta el infinito —repetí.
Y sentí algo parecido a una revelación espiritual.»


***T***


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jueves, 16 de noviembre de 2017

Niebla en Tánger, de Cristina López Barrio

Editorial: Planeta, 2017
320 páginas
20.90 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

Tras un breve encuentro con un hombre que se identifica como Paul Dingle, Flora Gascón, insatisfecha con su vida, viaja a Tánger en su busca, guiada por una novela en la que él aparece como protagonista.

Comentario:

«Niebla en Tánger» es una de esas novelas que intentan aunar varios géneros (misterio, romance, metaliteratura, viaje iniciático y hasta un intento de fantástico) con resultados más o menos satisfactorios.

Una de las primeras cosas que se notan es que se trata de una obra bien redactada, con imágenes personales (nada de «Ojos como platos» y coletillas/frases hechas similares), creativas, en ocasiones poéticas y una estructura que, alternando puntos de vista (Flora en tercera persona y presente, la novela que lee, «Niebla en Tánger» en primera persona y pasado), avanza con seguridad hasta su conclusión.

Quizá se podría objetar que los capítulos de la novela que lee la protagonista (cinco, y un epílogo) están algo abarrotados, con mucha información en poco espacio, partiendo de una narración despaciosa y detallista que se precipita según llega la necesidad de concluir la historia, algo que hubiera quedado más disimulado de haber puesto estos pasajes a modo de fragmentos escogidos en lugar de simular la obra completa.

Entre los personajes destacan ambas narradoras, en especial Flora, quien, buscando a Paul Dingle (el actual, el del pasado, ambos, ¿el mismo?), se busca a sí misma, sumida en una situación insatisfactoria (un matrimonio en busca de descendencia, un trabajo anodino, una madre a quien teme decepcionar) en la que su amante de una noche es una excusa para el cambio.

Marina Ivannova, alter ego de su autora, Bella Nur, contribuye tanto a la trama de crimen y misterio como a la metaliteraria, jugando a la autobiografía, a las identidades (también Flora Gascón utiliza el apellido de su abuela, Linardi, y simula tener un blog literario), a la sutil línea que hay entre la realidad y  la ficción, con repetidas referencias a la obra de Oscar Wilde («El retrato de Dorian Grey», «La decadencia de la mentir») a modo de apoyo a su opinión:

«—Usted conoce a Paul.
Los ojos de Bella Nur se iluminan. 
—Le conocí igual que tú —dice. 
 ¿Bella Nur también fue amante de Paul?, se pregunta Flora. 
—¿Cuándo sucedió?
—Hace muchos años, ya soy una anciana. Además, yo conozco muy bien a mis personajes. 
—Paul también es un hombre de carne y hueso.
—Y un personaje de mi novela. Oscar Wilde tiene un maravilloso libro que se titula La decadencia de la mentira.  ¿Lo conoces?
—He oído hablar de él, pero no lo he leído.
—Bien, pues Wilde afirma, y yo estoy de acuerdo, que el arte, la escritura en este caso, no debe imitar a la vida, sino la vida al arte la mayoría de las veces. Wilde decía que en su época se escribía mal porque los escritores mentían muy poco. La mentira en el arte había caído en el oprobio. Escritores como Zola se aferraban demasiado a la realidad, hacían realismo sin imaginación y no realidad imaginativa. Sin embargo, los personajes de Balzac poseían el vivo colorido de los sueños. El arte, si es verdadero, toma la vida como materia bruta, la recrea, la inventa, la imagina, la sueña, dice Wilde. El artista ha de crear la vida, no copiarla.
—¿Mintió usted entonces en Niebla en Tánger?
—No entiendes nada, querida Flora, yo no mentí, creé vida. Espero que puedas comprenderlo.»

Otros personajes (el marido y la madre quedan pronto desdibujados, una molestia, algo que rechazar, de lo que huir), son Deidé Spinelli, la psicoanalista, por Skipe, de la protagonista, excéntrica, divertida, consejera. Y Armand Cohen, quien acompaña a Flora en su recorrido por Tánger (otro personaje destacado), por el presente y por el pasado, colaborador en la «investigación» que lleva a cabo.

La trama de misterio está bien llevada, aunque la conclusión sea un tanto previsible (en el sentido de lógica, no como algo negativo), si bien puede extrañar que a Flora no se le ocurra hasta bien avanzada la obra la explicación de algo que, por momentos, adquiere tintes fantásticos.

En resumen, «Niebla en Tánger» es una novela bien escrita, que mantiene el interés, y logra conjugar las diversas tramas (misterio, metaliteratura, romance) y su resolución manteniéndose dentro de la lógica y el realismo, sin caer en sorpresas o giros espectaculares que le hubieran restado credibilidad.


Nota: Niebla en Tánger es la novela Finalista del Premio Planeta 2017.


***T***


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lunes, 6 de noviembre de 2017

En estado salvaje, de Charlotte Wood

En estado salvaje
Wild
Charlotte Wood
Traductor: Miguel Temprano García
Editorial Lumen
256 páginas

 
Argumento:

Una joven despierta en unos barracones al que la han conducido junto con otras chicas, ninguna de las cuales sabe por qué está allí. Eso será el inicio de un calvario indescriptible e incomprensible, en el que serán tratadas como esclavas y hasta como animales..

Comentario:

Lo primero que hay que decir es que esta novela no relata una historia realista, sino más bien está contada en clave de fábula, relato simbólico, metafórico o como se le quiera llamar, derivado de la falta de un contexto que permita situar cronológica o geográficamente la acción (bueno, se dice que están en Australia, pero no hay detalles que la vinculen con el país real). Tampoco es que sea una distopía, o más bien, no hay datos suficientes para sacar esa conclusión.

Teniendo en cuenta el carácter simbólico de la historia, queda en segundo plano la verosimilitud de lo que se narra en ella. Es decir, no es nada creíble lo que ocurre, pero porque tampoco creo que sea la intención de la autora. De lo que se trata es de transmitir un mensaje a través del simbolismo.

Obviamente, dicho mensaje es feminista, o en contra de los paradigmas patriarcales, o ese es el propósito. Primero, las protagonistas femeninas, las chicas retenidas contra su voluntad en una especie de campo de concentración en medio del desierto, están sometidas a la autoridad de tres personas, dos de las cuales son hombres, que las tratan como esclavas. Al principio, antes de darme cuenta de que se trataba de metáforas pensaba que todo eso tendría un sentido, y que llegaría algún punto en la novela donde se explicaría qué estaba ocurriendo. Ese momento nunca llega, así que quien lea el libro pensando en desenlaces sorprendentes o revelaciones o intrigas resueltas, más vale que se vaya preparando para la decepción. No solo no se explica nada, sino que además, el final es abierto y ambiguo, interpretable.

Cuando te das cuenta de que todo tiene un simbolismo comienzas a entender que cada chica representa una forma de feminidad oprimida, y que cada uno de los carceleros es una forma masculina de oprimir. También la mujer que colabora con los carceleros, que sería la versión colaboracionista con el "enemigo".

Naturalmente, todo está expuesto con crudeza, con escenas de violencia y sangre, más abundantes conforme avanza la obra y se va degradando la situación inicial en el campo de concentración. Al final, la autora hace variadas reflexiones sobre la feminidad, incluso en su vertiente salvaje, de vinculación con la naturaleza, su esencia casi mitológica de dadora y arrebatadora de vida.

Pero resultan mucho más inquietantes las escenas iniciales, cuando observas que dos hombres armados solo con una porra someten a una decena de jóvenes sin problema alguno, y ellas se dejan, sin plantearse siquiera rebelarse contra ellos, lo cual también puede ser metafórico de la historia de la mujer. De hecho, me da la impresión de que la autora ha querido plasmar precisamente eso, una historia resumida de la opresión de la mujer a lo largo de los siglos, comenzando con la aceptación sumisa de todo, y siguiendo con una cierta rebeldía que el final frustra, pues de nuevo caen las jóvenes de la novela en la sumisión, salvo una que retorna a su esencia "salvaje".

La novela está bien escrita, narrada en presente y algunas partes en pasado (no se sabe por qué este cambio); tiene partes líricas y poca acción a decir verdad; es más un cuento que una novela en sí; hay pocos diálogos, pero como es breve no se hace pesada. Sin embargo, si bien comienza con la intriga de saber qué ocurre, pronto se detecta que la intriga no lleva a ningún lugar concreto. Sobre la mitad, el ritmo se estanca y la novela se hace repetitiva. Los personajes tampoco me parecen en exceso trabajados. Hay muchas chicas pero pocas con personalidad propia detallada.

En resumen, una historia con  una prosa aceptable, incluso poética en algunas partes, escenas desagradables para los amantes de los animales (los conejos, en concreto), con cierta ambición literaria y de mensaje pero que podría no satisfacer a quienes busquen una intriga o una historia realista. A mí, personalmente, no me ha llenado.

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lunes, 30 de octubre de 2017

Parece mentira, de Juan del Val

Editorial: Espasa, 2017
Colección: Espasa narrativa
270 páginas
19.90 €
Ebook: 12.99 €

Argumento:

El escritor Claudio Valcárcel relata diversos pasajes de su vida a modo de novela.

Comentario:

Si bien en algunas entrevistas el autor ha comentado que (en la vida real) mantiene un matrimonio abierto con su esposa (Nuria Roca, coautora de varias obras anteriores y a quien dedica esta), en la novela, o autobiografía (el autor no aclara qué partes son reales, o no), no se aborda el tema, aunque sí se habla mucho de mujeres, casi siempre de cuestiones externas como belleza, ropa y cómo se relaciona el protagonista con ellas en términos de sexo e infidelidad (no es capaz de ser fiel a ninguna).

Además de su matrimonio con la exitosa pintora Julia Ferrer (supuesto alter ego de Nuria Roca), cuya relación no es tan morbosa como parecen sugerir las declaraciones de ambos, también se mencionan relaciones con otras mujeres, desde la primera novia hasta la mujer más mayor con la que ha estado, las recurrentes visitas a Elisa, una prostituta, o la sesión de tantra con Elena, aquejada de anorgasmia, en presencia de Irene, su «profesora».

Sin embargo, más interesantes que estos pasajes (supuestamente) morbosos, son relatos como la estancia de Claudio en el manicomio («A los manicomios ya no se los llama así, sino hospitales psiquiátricos o unidades de internamiento. No es importante el nombre, pero yo prefiero llamarlo manicomio porque suena peor.»), las conversaciones con Cosme, el psicólogo al que acude, o la compleja relación con sus progenitores y demás familiares (hermano, hermana y cuñado).

Hay también momentos emotivos, duros, profundos, que en ocasiones pueden resultar crueles por su sinceridad (la mencionada estancia en el manicomio, la pérdida del padre) alternados con anécdotas de la vida laboral de Claudio y su desparpajo para medrar desde llevar una carretilla llena de hormigón en una obra a trabajar en el diario El Independiente como periodista taurino, escribir novelas con seudónimo femenino o, más tarde, sus propias obras.

En lo formal, la historia está bien redactada, en una primera persona cercana y convincente, con capítulos cortos, la mayoría de ellos acabados con el resumen de la conclusión a la que llega el protagonista a partir de la anécdota que cuenta. Mantiene el interés y la «intriga» al aparcar un tema y no recuperarlo hasta varios capítulos después, «resolviendo» las situaciones en varias entregas.

Sin embargo, le falta cohesión, sentido, a lo que se cuenta, y acaba sin una sensación de final, de conclusión, como si no hubiera un motivo para reunir todos esos relatos autobiográficos del protagonista, lo que deja la narración coja, a falta de algo que el autor no ha sabido, o querido, incluir, quizá por cómo admite escribir sus obras:

«Yo escribiendo jamás he sabido dónde quería ir. Es algo que, por lo visto, no es muy frecuente en los autores de novelas, que saben cómo empieza y cómo va a terminar su libro. Yo no sé ni siquiera lo que voy a escribir cada día que me levanto. Empiezo a escribir y, a medida que aprieto teclas, la escritura me va llevando hasta el punto de que yo mismo me sorprendo cuando se me ocurre algún giro argumental.»

En resumen, «Parece mentira» es una novela de lectura fácil y amena, beneficiada por la brevedad de sus capítulos, la ligereza de la narración, un protagonista que, con sus luces y sombras, consigue que se empatice con muchas de las situaciones que narra, aunque no responda del todo a o cómo se la publicita (¿morbo?): «Una novela que  encantará a las lectoras, en la que la sinceridad es ¿absoluta?, y el morbo, incuestionable.»


Citas:

«No tengo el hábito de leer, ni siquiera demasiado interés. No estoy orgulloso de ello, simplemente es la verdad. Cuando me «colé» como un intruso en el periodismo hice el esfuerzo de leerme algunos libros, casi todos de toros, y desde entonces no he llegado a la media de un libro al año y creo que estoy exagerando. Me lo he pensado mucho a la hora de desvelar que soy un escritor que no lee, porque soy consciente de que esto puede molestar a otros colegas y que alguno lo utilizará en mi contra. Y quizás tampoco le guste a buena parte de los lectores, sobre todo a esos que creen que cuanto más se lee, mejor se piensa. A la gente le acompleja no leer, a mí me ha pasado durante mucho tiempo. Pero el caso es que conozco lectores empedernidos que como personas carecen de interés. Es más, las que continuamente explican el mundo a través de referencias literarias me provocan cierto rechazo. Es una manía que reconozco. La lectura es una afición más, una forma de entretenerse como otra cualquiera. Yo veo la tele, escucho mucho la radio y veo películas y series con frecuencia. He visto mucho cine y de todo tipo, salvo de ciencia ficción y de miedo. Ninguno de esos dos géneros me interesa lo más mínimo. Las de ciencia ficción porque me dan igual los meteoritos, que se acabe el mundo, las naves espaciales, que en el futuro vayamos a otros planetas o que seamos capaces de teletransportarnos. Me aburre. Y las de miedo no me gustan por el simple motivo de que me dan miedo… La lectura está sobrevalorada, iba diciendo. Y los escritores, os confieso, son en general gente bastante aburrida. Es una obviedad decir que no todos, pero muchos de los que conozco viven siempre demasiado pendientes de su ego como para tomarse en broma. También están los escritores que interpretan todo el rato el papel de escritores, tan tópicos y previsibles. Impostando una falsa profundidad, representando el papel de seres sensibles, aunque no sean más que unos cursis. Se inspiran bajo la lluvia de París y son tan pedantes que les gusta más Brooklyn que Manhattan. Se los reconoce porque suelen hacerse fotos apoyando su barbilla en dos dedos de su mano engañando a la cámara con una falsa mirada penetrante. Me hacen muchísima gracia.»

***T***



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